dilluns, 29 de juliol del 2013

Mujer intelectual.


El libro y lo femenino.
La mujer intelectual es la descubridora de fragmentos pensantes en el espacio y tiempo de los textos, y la que, posteriormente, los abocará al abismo existencial de la escritura. Tiene una manera de religar los textos diferente. Bucea en las profundidades y extrae pequeños tesoros, sin olvidar el mundo cotidiano que la rodea. En la mujer, se hace simultáneo lo cotidiano y lo foráneo, lo sublime y lo abyecto. La mirada es de pequeña diosa que lo abarca todo y que, finalmente, se queda con el detalle de lo sutil.

Esta sutileza o destello le abrirá la puerta a una nueva idea, de la que buscará anclajes en lo viejo, e irá avanzando pausadamente. El avance será su forja, humana, demasiado humana. Ha de ser humana porque, primero, con la lectura, debe situarse bajo el punto de vista del otro. Sólo, después, podrá arrojar sobre los demás la propia mirada.

La mujer intelectual ensancha el horizonte vital con la lectura y la escritura. Situada en lo cotidiano y bajo constantes interrupciones, siente la necesidad de escribir una y otra vez aquello que comienza en vano. Su acción siempre se ve impulsada por lo imprevisible y anecdótico. Una anécdota, un comentario, es suficiente para desencadenar una tormenta de pensamientos, que ella va hilvanando en un texto gratificante.

Se rodea de relaciones de seres humanos, con la conciencia desgarrada, porque busca la autenticidad. Lo auténtico que sólo puede darle la experiencia vivida y reflexionada. Para ello ha de ser observadora y prestarse a la exposición. Sentirse frágil y vulnerable, con el fin de hallar la mirada adecuada de la existencia humana. Una percepción lúcida sobre la misma.

Su creación es intersubjetiva, porque tiene en cuenta a los demás y erosiona toda autoridad establecida. Conquista la libertad y la intensidad de sentimientos y reflexiones. Explora el origen de la actividad creadora, estimulando y desarrollando facultades de intuición y empatía. Elabora conceptos, no quedándose sólo con la figura, sino abstrayendo para descansar en lo esencial.

Filósofa, halladora de esencias. Arqueóloga de los principios. Amiga de la sabiduría, del preguntar sobre el ser de las cosas. Viajera del tiempo y del espacio para abarcarlo todo. Antropóloga del sentido de lo experienciado. Expendedora de lo valioso en última instancia. Del límite y del cambio, es su poetisa.

Es la poetisa que trasciende en un acto filosófico el orden gradual de los mundos. Tiene como bandera el asombro enraizado en el misterio. Y posee la alegría de no poder entender lo que surge de una profunda conmoción existencial. Es un espíritu que tiene mundo, que tiene la extrema capacidad de habitar en sí mismo y extraer de sí la fuerza relacional dirigida al todo. Puede abarcar la totalidad, porque alcanza la esencia de las cosas.

Es una mujer generadora de contenidos y no meramente receptora. Con identidad propia y definida que no quiere diluir, sino afirmar en cada paso que da. En un tiempo y lugar, donde lo habitual es la huida de la identidad y la adopción de falsas personalidades, la mujer intelectual se muestra públicamente tal cual es.

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