| El cofre de los piratas. |
Cual piratas, a mar abierto, que van a la caza de tesoros y los obtienen; nosotros también cazamos tesoros, y cuando los conseguimos decimos “mi tesoro”. Los tesoros son aquello que consideramos valioso. El valor no reside en la cosa misma, sino que es independiente. La cosa puede participar de este valor. No es un ideal tampoco, es existente. Depende del agrado o desagrado que siente la persona. La conciencia es la que aprueba o no algo de la existencia, dotándolo así de valor. Pero los valores son también objetivos, son autónomos de toda estimación subjetiva y arbitraria.
Dada la complejidad del valor, nos cuestionamos cómo evaluamos. Vemos que existen relaciones de realidad y relaciones de valoración. No fue hasta Kant que consideró el valor como algo separado de la realidad. En el s.XIX, aparecen ya teorías sobre los valores, a raíz de encontrarse el hombre frente a un mundo sin valor. Se perdió la mirada profunda de las cosas (con el desarrollo científico y la muerte de Dios).
Delante del valor se ha de tener una actitud de deseo. Es el sentimiento de la aspiración a lo completo. Es, entonces, cuando la conciencia descubre el valor. Valoramos según las condiciones intelectuales, afectivas y relativas a la voluntad. En el origen de la experiencia del valor reside la emoción y el juicio. Intervienen la inteligencia y la voluntad, pero es el interés y la libertad de la persona lo que arranca el valor. Los valores son producto de la elección y voluntad del hombre, pero a la vez son anteriores a nosotros. Se origina en el individuo y lo rebasa.
El valor procede de la emoción vinculante a la vida, como fuente de la expresión y de la libertad. El individuo juzga el valor y luego se deja juzgar por él, con un criterio que afecta también a los demás. Tiene el sentimiento de que los valores le son revelados, de algo más profundo que sí mismo. Intuye un orden diferente y le da nacimiento por la visión activa que posee. ¿Cómo va surgiendo este orden?
Reaccionamos ante la realidad, formando modelos y anti-modelos. Cuando rechazamos algo, tomamos conciencia de su opuesto, que es el valor. Así el valor se nos revela con evidencia y trascendencia. Si no lo seguimos una vez descubierto, nos sentimos infieles al ideal trazado de describir la experiencia humana. Hay valores permanentes que corresponden con las características generales de la naturaleza humana. La estructura y forma del valor también es permanente.
Finalmente, señalar que el valor se aplica cuando rompemos la igualdad de las cosas. Cuando decimos “preferimos” en la acción y en el juicio. Es la disposición interior por la cual nos comprometemos. Por tanto, es vivido, no contemplado.
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