dimecres, 10 de juliol del 2013

El reloj de mi vida.


La medida del tiempo.
Einstein nos descubrió que el tiempo es relativo. Mi mirada del devenir será diferente de la mirada del devenir de otra persona. Y no habrá ya un observador cósmico que unifique todas las miradas como se consideraba antaño. El acontecer de mi vida también se relacionará con la velocidad que tome. Si actúo rápido, el tiempo disminuirá. Si la lentitud invade mi ser, el tiempo se dilatará infinitamente. El movimiento con que lo realice transcurrirá en el intervalo entre parada y parada, porque ya no será un espacio recorrido, ni se podrá comparar al movimiento de nadie más. Será mi movimiento, mi tiempo.

Einstein fusionó el tiempo con el espacio, en un universo ya de cuatro dimensiones. Dicen, entonces, que el tiempo se ha espacializado, y, de que el espacio se ha temporalizado. El tiempo se ha vuelto discontinuo y granulado, con el descubrimiento de las micropartículas. Nos hemos adentrado en diversas dimensiones temporales. Somos el centro de multitud de direcciones del tiempo.

Pero, no siempre ha sido así. Desde los inicios de la historia existía otra concepción del tiempo. Los hebreos fueron los primeros en ilustrar una vivencia interna del tiempo. Para los griegos, fue la forma de la presencia, que deviene. Así, en Platón, el tiempo será la imagen móvil de la presencia o eternidad. La eternidad es el original del tiempo. Es el perpetuo movimiento circular de las esferas celestes.

Para Aristóteles el tiempo es movimiento y se mide numéricamente. Estamos hablando de la forja de una concepción absolutista del tiempo, como realidad completa en sí misma. Según Plotino, el alma puede abandonar esta realidad cuando se recoge en lo inteligible. San Agustín nos dice que cuando vamos a apresar el tiempo, se desvanece. El alma es la medida del tiempo. Con ella hay espera, memoria y atención. El tiempo es una realidad vivida y escurridiza.

Lo material del tiempo se halla en el exterior. Pero lo formal del tiempo, la medida del movimiento viene del alma. El tiempo para todos tiene una sola dirección y una sola dimensión. Es homogéneo y fluye del mismo modo. Los cambios que se dan en las cosas siempre son en relación con el tiempo uniforme que les sirve de marco vacío. Se trata de una concepción analógica a como se suponía que los cuerpos se hallan en el espacio.

Ningún instante del tiempo difiere cualitativamente de cualquier otro instante del tiempo. Es la concepción definida formalmente por Newton, de que toda medición temporal es con respecto a un tiempo absoluto que fluye uniformemente sin relación con nada externo. Y llegó el dios Einstein, en el siglo XX, y rompió con todo. ¡Bendito jaleo nos trajo!



Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada