| Prohibido prohibir. |
Al mencionar este término, uno parece remontarse a la época franquista, donde tanto las publicaciones, como la cinematografía, los espectáculos y la vida en general, estaban sujetos a los dictados del censor. Era una figura que decía: hasta aquí sí; esto ya no. De manera literal, cogía las tijeras y cortaba los fotogramas considerados sobrantes, las publicaciones políticamente incorrectas, y los modos de vida “erróneos”, según la dictadura. Hoy en día se debate sobre la protección de la intimidad en internet. Si invaden o no nuestra privacidad. Pero no se habla sobre el ámbito público. ¿Qué se considera público?
Censurar, hoy en día, es estigmatizar una voz, en principio pública, y relegarla al ámbito privado. Los nacionalismos se estigmatizan y reducen a lo folklórico o privado, por no considerarse de ámbito universal. Las calles se limpian de maleantes y demás, para encadenarlos en recintos privados. El movimiento gay se critica, porque ha salido al espacio público. La violencia de género que agrede, porque la mujer está en la calle, y no en el ámbito privado. Las voces diferentes, porque desentonan de la uniformidad de la mayoría, también hay que derivarlas a lo privado. La locura, los viejos, los niños, los animales, todo lo que molesta, hay que conducirlo al espacio íntimo.
El psicoanálisis nos habla de que lo inexplicable, lo extraño, expresado en sueños, en despistes del lenguaje o conductas extravagantes o inhibitorias, llenas de angustia, es el inconsciente. Es el cajón desastre de la psique humana donde va a parar todo aquello que la parte consciente no quiere que se vea. Son los contenidos censurados. Cuando la represión para que no salgan es muy fuerte, aparece la neurosis. Esta represión la ejerce el “super-yo”, que es la parte consciente que domina al “yo”. El yo intenta crear un puente con el “ello” o subconsciente. Quiere relacionarlo con el mundo, pero el super-yo no le deja. Es el censor que impone sus normas. Argumenta que son racionales y se opone a los impulsos del ello. Estos impulsos del inconsciente se les denomina también “la líbido”, que bien canalizada da lugar a la creación artística, cultural o poética.
Para que el super-yo deje de presionar, hay que hacer terapia. Consiste en un análisis en el que el paciente ha de poner al descubierto todo aquello que le angustia y estar resuelto a afrontarlo. Uno de los medios para ello es el “psicodrama”. Varios individuos se reúnen en un supuesto escenario y dejan fluir sus impulsos mediante “actuaciones”. Se trata de una representación del “teatro del mundo”. Hoy en día las redes sociales proporcionan el escenario para este teatro del mundo. Lo curioso es que unos quieran actuar y otros no les dejen.
Se habla de una regulación de la interpretación: actúas de tal manera o, sino, sales fuera de mi escenario. La apropiación de publicaciones cuestiona, entonces, el sentido de lo público. Si el espacio público es de todos, ¿tienes derecho a restringir la libertad de expresión? Kant diría que no, a no ser que hubiese confrontación de libertades. Por tanto, si un usuario publica libremente, otro usuario debería poder comentar también libremente.
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