dilluns, 1 de juliol del 2013

El espíritu del árbol.

El espíritu del árbol.
En la aurora de la historia, Europa estaba cubierta de inmensas selvas de árboles. Era tal su amplitud que impresionaba la soledad, la oscuridad y el silencio en el que se hallaba el hombre al penetrar en ellas. Cuentan que los más viejos santuarios fueron los propios bosques naturales. La palabra "nemus" referida a santuario significaba boscaje abierto. Así los bosques eran sagrados y existía el culto al árbol. Los druidas, por ejemplo, veneraban al roble. Creían que los árboles eran divinos y que recibían respuestas de los oráculos. A los pies de los troncos se sacrificaban víctimas, y las ramas servían de púlpito.
 
Estamos ante la concepción antigua de que el mundo estaba animado. El hombre pensaba que todo ser vivo tenía una alma semejante a la suya. Y, en concreto, los árboles estaban poblados por sombras. Cuando el viento rozaba las hojas, las sombras susurraban. Siendo éstas, las almas de los difuntos que moraban los árboles. Se creía que las almas tenían una existencia continuada después de la muerte, y de que en el universo todo está entrelazado.
 
El principio que lo domina todo es la vida. Es el principio vital que determina la forma y comportamiento de los organismos. Es la Bíos. En la medida en que la Naturaleza está animada, es viviente. La vida abarca desde el modo más práctico hasta el más teorético. La teoría sería el saber acerca de lo que es forma y principio de realidad en los seres vivientes. Las características de la vida son su asociación con el movimiento de los organismos, y con la salvación de éstos de la aniquilación y la muerte.
 
Según Schopenhauer, el universo entero es la corriente de la vida, junto al dolor inherente que conduce al deseo de aniquilación. Y según Bergson, la vida es la libertad que se inserta en la necesidad y la atrae a su provecho. El desenvolvimiento de la vida en todas sus posibilidades es la evolución.
 
Finalmente, para Ortega y Gasset, vivir es encontrarse en el mundo, hallarse envuelto y aprisionado por las cosas en cuanto circunstancias, y saberse viviendo. El pensamiento será resultado de la experiencia de la vida.
 
La vida es actividad pura. Tiene que hacerse constantemente a sí misma. Es elección, quehacer, proyección de futuro. Marcha hacia la realización de su programa, su misma mismidad. Así que cuando abracemos a un árbol, hemos de pensar que estamos abrazando a la vida misma. Y, ¿quién sabe? A lo mejor, hasta a una sombra también.

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