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| Lo sublime aterrador. |
Mientras lo bello produce deleite, lo sublime genera terror. El alma humana se entrega al mismo sin poder evitarlo. Queda tan saturada ante lo sublime, que ya no le cabe ninguna otra emoción. Queda embargada. Todo lo sublime es vasto, inmenso; mientras que lo bello es leve y delicado.
Se dice que no se puede medir antropomórficamente. Somos conscientes de la impotencia de la medida. Es una fuerza dinámica, de poder inconmensurable. Sublime es la soledad profunda, una gran altura, una gran profundidad, una larga duración. Es cantidad, mientras que lo bello es cualidad.
En lo bello coincide la forma y el contenido, en lo sublime, diverge. Aparece una fisura entre la imaginación y el entendimiento. El hombre se eleva por encima del reino de los sentidos. Su actitud sólo puede ser contemplativa, de suspensión de ánimo. El espíritu romántico se acoge a ello. Señala el infinito como desordenado y exaltado. Rompe barreras y límites.
El fondo se eleva por encima de la superficie. Lo misterioso aflora, lo trágico, lo oculto, lo implícito, lo sublime. Aflora el infinito que ya desde los presocráticos viene apareciendo. Es lo indeterminado, de lo que sale lo determinado. Anaximandro expresó la idea de que existe un número infinito de universos que existen simultáneamente. Demócrito, que infinito es el número de átomos y el vacío en el que se hallan.
Para Heráclito, será el eterno retorno. Y el cristianismo lo religará con la eternidad. Según Pascal, el hombre contempla la majestad del universo y queda sobrecogido. Contempla el prodigio de lo que está escondido en lo que parece más ínfimo (una infinidad de universos en cada universo). Se pierde en estas maravillas y se espanta de sí mismo entre esos dos abismos del infinito y de la nada.
Somos algo y no somos nada, grandeza y miseria del hombre. El eterno silencio de los espacios infinitos es aterrador. Se concibe la naturaleza viva como inquietante. Se contempla el vaivén de las cosas en el torrente del tiempo. Fue el viaje que emprendió Herder y que se plasmó luego en el movimiento de “Tormenta e Ímpetu”. El panegírico romántico que buscaba el componente creativo del ser humano, la figura del genio ya apuntada por Kant. ¿Cómo se puede crear sin concepto, sin que haya nada antes?
El poder creativo se asemeja a la creación de la Naturaleza, a su fuerza brutal que sobrecoge. Es la escena de la película “La tormenta perfecta”, en la que el mar sobredimensionado engulle al barco de los pescadores. El pescador que queda flotando, está ya suspendido de todo ánimo. Sobrecogido y reducido a la nada, espera sólo la muerte.

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