dimarts, 2 de juliol del 2013

La caricia.

La caricia
Cuando te adentras en la arena caliente de la playa y bordeas la orilla del mar, enseguida notas la brisa marina que como una caricia, te cubre el rostro. La caricia es lo que anhelas de la proximidad de la persona querida, pues implica su aceptación y comprensión. Sólo en las relaciones humanas hallamos ese sentido íntimo que nos impele y conduce nuestras vidas.
La proximidad es la realidad que se hace patente del otro en el llamado encuentro. En el encuentro la conciencia de la otra persona se hace accesible a la propia. El reconocimiento mútuo es primariamente emocional.
La experiencia de la corriente de la conciencia del otro es vivida simultáneamente con la propia corriente de conciencia. Podemos aprehender el pensamiento del otro en su presencia vivida. El hablar del otro y nuestro escucharlo son experimentados como algo vivido a la vez.
Así se constituye el ser yo, que no sólo incluye el que estemos en el mundo, sino también ese análisis del otro que nos fundamenta. Sería el "todos para uno y uno para todos" de D'Artagnan. Nos hacemos en los demás y los demás se hacen en nosotros. Gabriel Marcel dice que si los demás no existieran, yo no existiría tampoco.
En el encuentro recíproco con el otro se da el diálogo, la comunicación y la comprensión. Y, sobre todo, la empatía. Se da una proyección afectiva y sentimental empática. La empatía es una participación afectiva y emotiva de un sujeto humano en otro. Sólo así se alcanza la comprensión de ciertos fenómenos o procesos extrasubjetivos. Se consigue proyectando y apropiándose.
La participación requiere de la proyección del sujeto, que extiende su propio ser a una realidad, y se apropia en cierta manera de ella. No sólo sucede con el prójimo, sino también con el arte, por ejemplo. Nos apropiamos y comprendemos las emociones del otro, a la vez que comunicamos las propias. Para comprender hay que situarse continuamente dentro y fuera. Proyectarse e introyectarse, como otra forma de proyección también. Una forma especial de apropiación de las características que pertenecen a otro sujeto. Se toma al otro como lo que se va a proyectar.
Y con ello el sujeto llega a la simpatía, que es el sentimiento vital que expresa la unidad con la realidad entera. Es el conocimiento de las pasiones del otro gracias a la participación. Y no sólo conocimiento, sino también el suscitar una emoción en el otro. Con la simpatía,los hombres comparten sus emociones.
Así, pues, cuando acariciamos al prójimo, cuando rozamos piel con piel, no estamos en contacto con una mera huella o máscara de una persona, de la que desconocemos su profundidad o vacío. Estamos empatizando, compartiendo emociones, comprendiendo al otro, sin más.

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