| Películas. |
Seguimos con la imagen móvil que es el tiempo y lo conduciremos a la cinematografía. Bergson nos dice que el movimiento es indivisible. Los instantes son cortes inmóviles tomados del movimiento. Y el movimiento transcurre en el intervalo entre estos cortes. No se deja confrontar con otros movimientos y, por eso, no puede desplegarse sobre la misma línea de un tiempo homogéneo. Cada movimiento está articulado de cierta manera.
El cine aporta una nueva percepción, comprensión y manifestación del movimiento. La percepción que nos da es la de una síntesis de movimiento. No es la percepción natural, que percibe mixtos de espacio y tiempo, de inmóviles y movimientos. El cine nos propone la percepción de un movimiento puro. Inventa las condiciones artificiales que van a hacer posible este tipo de movimiento.
Estas condiciones en la proyección son la equidistancia de las imágenes que hace posible la uniformidad del tiempo en la película. La proyección trabaja con el tiempo abstracto homogéneo. Pero lo presentado por el cine es una imagen-movimiento. Se trata de una síntesis perceptiva inmediata que capta en uno la imagen y el movimiento.
La humanidad siempre ha querido reconstruir el movimiento con lo inmóvil, con posiciones en el espacio, cortes inmóviles. Así, los antiguos lo hacían con instantes privilegiados. Los griegos empleaban la palabra “tesis”, posición. Es el tiempo fuerte por oposición al débil. Estos momentos privilegiados son cuando el movimiento se detiene porque el cuerpo se ha reunido con su lugar natural, o porque se ha llegado al punto extremo o cima del movimiento.
El arte griego se estableció en función de estos momentos. La tragedia griega es el extremum de un movimiento. Lo que reproducirá el movimiento será el diálogo o relación entre estas posiciones privilegiadas. En la danza, por ejemplo, el cuerpo del bailarín pasa de una posición privilegiada a otra, siendo las formas aprehendidas en el máximum del punto de su actualización.
La ciencia moderna reconstituirá el movimiento de una manera diferente. Partirá de un instante o momento cualquiera, y no el privilegiado. Esto será el cine, y previamente, la novela. Ya no hay ningún privilegio, es la muerte de la tragedia. Si en la Antigüedad una figura era definida por sus puntos privilegiados, ahora la figura remite a un trayecto, que se determina en cualquier instante de la trayectoria. El instante cualquiera quiere decir instantes equidistantes.
El tiempo se ha liberado, al considerar el movimiento relacionado con el instante cualquiera. La continuación de un instante a otro es la duración. El instante siguiente no es la repetición del precedente. Podemos hablar de la duración de la vida como una película. ¿Sentimos así nuestra vida?
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