dilluns, 29 de juliol del 2013

Mujer intelectual.


El libro y lo femenino.
La mujer intelectual es la descubridora de fragmentos pensantes en el espacio y tiempo de los textos, y la que, posteriormente, los abocará al abismo existencial de la escritura. Tiene una manera de religar los textos diferente. Bucea en las profundidades y extrae pequeños tesoros, sin olvidar el mundo cotidiano que la rodea. En la mujer, se hace simultáneo lo cotidiano y lo foráneo, lo sublime y lo abyecto. La mirada es de pequeña diosa que lo abarca todo y que, finalmente, se queda con el detalle de lo sutil.

Esta sutileza o destello le abrirá la puerta a una nueva idea, de la que buscará anclajes en lo viejo, e irá avanzando pausadamente. El avance será su forja, humana, demasiado humana. Ha de ser humana porque, primero, con la lectura, debe situarse bajo el punto de vista del otro. Sólo, después, podrá arrojar sobre los demás la propia mirada.

La mujer intelectual ensancha el horizonte vital con la lectura y la escritura. Situada en lo cotidiano y bajo constantes interrupciones, siente la necesidad de escribir una y otra vez aquello que comienza en vano. Su acción siempre se ve impulsada por lo imprevisible y anecdótico. Una anécdota, un comentario, es suficiente para desencadenar una tormenta de pensamientos, que ella va hilvanando en un texto gratificante.

Se rodea de relaciones de seres humanos, con la conciencia desgarrada, porque busca la autenticidad. Lo auténtico que sólo puede darle la experiencia vivida y reflexionada. Para ello ha de ser observadora y prestarse a la exposición. Sentirse frágil y vulnerable, con el fin de hallar la mirada adecuada de la existencia humana. Una percepción lúcida sobre la misma.

Su creación es intersubjetiva, porque tiene en cuenta a los demás y erosiona toda autoridad establecida. Conquista la libertad y la intensidad de sentimientos y reflexiones. Explora el origen de la actividad creadora, estimulando y desarrollando facultades de intuición y empatía. Elabora conceptos, no quedándose sólo con la figura, sino abstrayendo para descansar en lo esencial.

Filósofa, halladora de esencias. Arqueóloga de los principios. Amiga de la sabiduría, del preguntar sobre el ser de las cosas. Viajera del tiempo y del espacio para abarcarlo todo. Antropóloga del sentido de lo experienciado. Expendedora de lo valioso en última instancia. Del límite y del cambio, es su poetisa.

Es la poetisa que trasciende en un acto filosófico el orden gradual de los mundos. Tiene como bandera el asombro enraizado en el misterio. Y posee la alegría de no poder entender lo que surge de una profunda conmoción existencial. Es un espíritu que tiene mundo, que tiene la extrema capacidad de habitar en sí mismo y extraer de sí la fuerza relacional dirigida al todo. Puede abarcar la totalidad, porque alcanza la esencia de las cosas.

Es una mujer generadora de contenidos y no meramente receptora. Con identidad propia y definida que no quiere diluir, sino afirmar en cada paso que da. En un tiempo y lugar, donde lo habitual es la huida de la identidad y la adopción de falsas personalidades, la mujer intelectual se muestra públicamente tal cual es.

dissabte, 27 de juliol del 2013

El reino de los muertos.


El reino de los muertos.
Las tumbas de los cementerios se prestan a la memoria y al olvido. El silencio de los muertos es un decir prolongado. Han dicho todo y sus palabras son envolventes. Dialogamos frente a sus tumbas, sabemos de antemano sus respuestas. Las escuchamos en el silencio de la muerte y a pesar de la muerte. A través de las inscripciones funerarias, comprendemos que al otro lado del muro del tiempo, hay alguien que nos habla. Esta lápida que está ante mí, me hace llegar el difunto con toda su vida.

Antes del duelo y del culto al muerto, ha tenido lugar el desgarramiento del ser. La ausencia mortal se convierte, entonces, en una sutil presencia que nos acompaña siempre. Cuando visitamos el cementerio, cuidamos las tumbas, y hacemos acto de presencia, nos llevamos el espíritu del difunto que vela por nosotros. Ubicamos un lugar, el cementerio, que simboliza el reposo y la sepultura. A partir del s.III la sepultura se considera lugar sagrado, y aparecen los ritos de bendición de los cementerios.

Se da una bendición solemne en el acto de inauguración del cementerio. Luego, a cada difunto, se le presta la oración y el rito de las exequias. El rito consta de tres partes: acompañamiento del difunto con oraciones al templo, celebración del oficio y traslado del cadáver a la tumba. En la primera parte, tiene lugar la procesión hasta el templo con cirios encendidos. Se eleva una oración ante el espectáculo de la muerte, que recuerda nuestra caducidad. Nos ponemos en lugar del difunto y prestamos nuestra voz para rogar por su buena suerte.

En la segunda parte, entramos en el templo material, símbolo del espiritual, donde se ruega el acompañamiento del alma al cielo. Se reza el oficio de Difuntos. Se declara que el difunto salió de este mundo en paz y con derecho a sepultura sagrada. En la tercera parte, frente a la tumba, tiene lugar la oración fúnebre, justo antes de la inhumación. El difunto, con su muerte, pasa a ser un profeta. Designa, en lo invisible, el comienzo de un universo sin exterioridad.

La música que acompaña la marcha fúnebre, el Réquiem, siempre es un “tempo lento”. Expresa una dialéctica del horror. Con pasos vacilantes, nos dirigimos en línea a lo desconocido. Hay conciencia de la muerte, del abismo de las profundidades, pero también conciencia de la contra-muerte. No tenemos aquí un lugar definitivo, pero estamos buscando el futuro. El despertar. Esperamos la metamorfosis. Se da una analogía con el nacimiento. Por eso, en muchas culturas se entierra en posición fetal.

Pero los ritos funerarios, en general, están destinados a poner una barrera al retorno del muerto. Porque el difunto se ha desplazado a una oscuridad fantasmal, de la que sólo puede venir el mal. Se ofrecen dones (alimentos, motivos varios y sacrificios en las tumbas), para que el alma no vague desconsiderada, y que la sepultura realmente retenga al cadáver. Siempre que se le rindiera al muerto el honor del entierro o cremación, su alma, su último aliento, seguirá viviendo serenamente en otro lugar.

dimecres, 24 de juliol del 2013

La tormenta perfecta.


Lo sublime aterrador.
En un cuadro de Friedrich, un hombre contempla, desde las rocas, el mar embravecido. La fuerza de la naturaleza del mar supera todo límite. El hombre se halla ante lo ilimitado. Sobrecogido ante lo inmenso de esta fuerza natural, se siente impotente, atemorizado. Pero, a pesar de su temor, sabe extraer la belleza y la poesía de lo que le supera. Esta acción humana es lo sublime.

Mientras lo bello produce deleite, lo sublime genera terror. El alma humana se entrega al mismo sin poder evitarlo. Queda tan saturada ante lo sublime, que ya no le cabe ninguna otra emoción. Queda embargada. Todo lo sublime es vasto, inmenso; mientras que lo bello es leve y delicado.

Se dice que no se puede medir antropomórficamente. Somos conscientes de la impotencia de la medida. Es una fuerza dinámica, de poder inconmensurable. Sublime es la soledad profunda, una gran altura, una gran profundidad, una larga duración. Es cantidad, mientras que lo bello es cualidad.

En lo bello coincide la forma y el contenido, en lo sublime, diverge. Aparece una fisura entre la imaginación y el entendimiento. El hombre se eleva por encima del reino de los sentidos. Su actitud sólo puede ser contemplativa, de suspensión de ánimo. El espíritu romántico se acoge a ello. Señala el infinito como desordenado y exaltado. Rompe barreras y límites.

El fondo se eleva por encima de la superficie. Lo misterioso aflora, lo trágico, lo oculto, lo implícito, lo sublime. Aflora el infinito que ya desde los presocráticos viene apareciendo. Es lo indeterminado, de lo que sale lo determinado. Anaximandro expresó la idea de que existe un número infinito de universos que existen simultáneamente. Demócrito, que infinito es el número de átomos y el vacío en el que se hallan.

Para Heráclito, será el eterno retorno. Y el cristianismo lo religará con la eternidad. Según Pascal, el hombre contempla la majestad del universo y queda sobrecogido. Contempla el prodigio de lo que está escondido en lo que parece más ínfimo (una infinidad de universos en cada universo). Se pierde en estas maravillas y se espanta de sí mismo entre esos dos abismos del infinito y de la nada.

Somos algo y no somos nada, grandeza y miseria del hombre. El eterno silencio de los espacios infinitos es aterrador. Se concibe la naturaleza viva como inquietante. Se contempla el vaivén de las cosas en el torrente del tiempo. Fue el viaje que emprendió Herder y que se plasmó luego en el movimiento de “Tormenta e Ímpetu”. El panegírico romántico que buscaba el componente creativo del ser humano, la figura del genio ya apuntada por Kant. ¿Cómo se puede crear sin concepto, sin que haya nada antes?

El poder creativo se asemeja a la creación de la Naturaleza, a su fuerza brutal que sobrecoge. Es la escena de la película “La tormenta perfecta”, en la que el mar sobredimensionado engulle al barco de los pescadores. El pescador que queda flotando, está ya suspendido de todo ánimo. Sobrecogido y reducido a la nada, espera sólo la muerte.

diumenge, 21 de juliol del 2013

Perversiones.


Fetiche.
Pervertir es jugar con el límite de lo permitido. Es una labor creativa que cambia el supuesto orden convencional del ser humano. Lo que sirve para cubrirse, puede servir para el goce. Lo que se ingiere, para untarse. Lo que se expulsa, para dar placer a otros. Es transgresión; o, traducción de las tendencias que reprimimos por el bien social. Aquello que ocultamos lo transformamos en perversión.

La historia de la perversión comenzó con la aniquilación del cuerpo humano. Ya desde Platón se consideraba al cuerpo como cárcel del alma. Obstaculizaba el acceso a las ideas y a un conocimiento superior. Posteriormente, el cristianismo recogía esta noción, pero aplicándola a la exaltación mística. El reducirse a la nada, mediante el sufrimiento y la degradación, conduce a la santidad, a la suprema sabiduría del alma.

Se hizo, entonces, de la destrucción del cuerpo carnal un arte de vivir. El cuerpo se mortificaba, se flagelaba, se le sometía a ayunos y a todo tipo de tormentos. Esta impulsividad autodestructiva, con el tiempo, fue considerada acto de desenfreno. En la Ilustración, se planteó si este acto de desenfreno formaba parte del lado oscuro de la naturaleza humana, o, si era fruto de una educación cultural heredada.

Sade consideró que sería la expresión pervertida del goce del cuerpo, negada durante tanto tiempo. Los libertinos, en aquella época, reivindicaron los placeres del cuerpo, a riesgo de perder el alma. La pasión prevalecerá sobre la razón y se creará un universo de pura transparencia sexual. La degradación ya no será puesta por orden divino, como camino hacia la santidad, sino que formará parte de la propia humanidad del hombre.

Sade será el escritor de la sociedad perversa, del desbordamiento de los sentidos. El mundo vivo será invertido: hay que buscar el último grado de lujuria en los seres. Con los actos sexuales más extravagantes, se borran las fronteras de la diferencia de sexos y se va a la sociedad más igualitaria posible.

La reacción a esta concepción de vida no se hizo esperar: se demonizó todo lo considerado perverso o que contravenía al orden natural. Homosexualidad, onanismo, felación, cunnilingus… todo se estigmatizó. Quién abrió una brecha en esta estigmatización, fue el paradigma darwiniano de la animalidad. El perverso ya no será quién desafía el orden natural del mundo, sino el que pone al hombre frente a su bestialidad original.

Se abren las barreras de las especies: al provenir el hombre del mono, surgen fenómenos como Drácula (el hombre mitad vampiro), o el hombre elefante (enfermedades que degradan al hombre a la condición de bestia). Freud también puso su granito de arena al definir la pulsión de muerte. Dijo que era la condición primordial de toda sublimación. Es el paso de la naturaleza a la cultura. Todo sujeto lleva en sí la perversión, y está en su mano sublimarla en forma de cultura.

Hoy en día, pensadores como Georges Bataille, dicen que el erotismo humano difiere de la sexualidad animal, que es puro instinto. En el hombre, en cambio, la sexualidad moviliza su vida interior. Ninguna subjetividad animal es susceptible de reconocer al otro como portador de una subjetividad idéntica a la suya. Nuestra sexualidad transgresora, como todo lo humano, tiene como fin hacer avanzar a la civilización.

dimecres, 17 de juliol del 2013

El olvido.


El mar quita y da memoria.
Hölderlin dice que el mar quita y da memoria. En el romanticismo temprano alemán, la noción de viaje, de partida, arrancaba al ser humano de la memoria de lo cotidiano, y lo llevaba al olvido de cuanto le rodeaba. Este olvido, producido por la distancia del viaje, era formativo; pues le permitía enriquecer su noción de mundo con la experiencia de mundos ajenos. El mar era el símbolo del viaje. El hecho de coger un barco en aquella época representaba, poco más o menos, que irse al fin del mundo.

Este es el sentido amable del olvido. Por eso, cuando estamos cerca de una persona con pérdida de memoria, la sentimos lejana, como si estuviera de viaje. Ha perdido el sentido de lo cotidiano, está allende los mares.

Pero el olvido también tiene otra función, y es, paradójicamente, la de la conservación del recuerdo. Porque no podemos retener todo lo que reclama nuestra atención, sino sólo lo útil, lo que es necesario para nuestra supervivencia. Se conserva sólo el recuerdo útil. Por eso, Bergson dice que la materialidad coloca en nosotros el olvido. Es el olvido de reserva o recurso. Se sustrae a la vigilancia de la conciencia.

Se denomina también la técnica de lo finito, por ir erosionando la amplitud de la memoria, y reduciéndola a la expresión de lo útil. Volviendo a la teoría de la reminiscencia platónica, el olvido sería aquello que el nacimiento no pudo borrar, y del que se nutre la reminiscencia. Así es posible aprender lo que nunca se dejó de saber. Es el olvido que preserva, que hace posible la memoria.

Heidegger insiste en que el recuerdo sólo es posible sobre la base de olvidar. El olvido abre el horizonte de posibilidad del recuerdo. Se enfrenta a la noción de olvido como destructor. El olvido destructor es el pasado que ha sido. En cambio, el que fue, preserva. En el primero, ya no podemos actuar sobre él. Es la ausencia del pasado. En el segundo, sí; el olvido se puede retomar o repetir.

En este olvido positivo se acopla el “adelantarse” con el “venir hacia atrás”. Según Koselleck, el olvido se sitúa entre el horizonte de espera y el espacio de experiencia. Es la reanudación. Y el origen común tanto al destruir como al construir. El olvido es un trabajo de erosión y de mantenimiento. Así se estabilizan los niveles de vigilancia de atención a la vida.

Finalmente, otra función más del olvido revelaría el lado astuto del inconsciente. Al borrar las impresiones y los proyectos del ser humano, lo convierte en funcional para su relación de convivencia con los demás. Es la dimensión ética de la represión. El olvido de aquello que puede obstaculizar la integración.

Y he aquí cómo nos narramos o relatamos nuestra identidad. Olvidamos aquello que no nos gusta para configurarnos en nuestra personalidad. Las estrategias del olvido se injertan en este trabajo de configuración. Es la dimensión selectiva que necesitamos para constituirnos. Suprimimos, desplazamos, refiguramos nuevos contornos de nuestra acción diaria.

dimarts, 16 de juliol del 2013

Recuerda.


Gregory Peck.
Parto de una escena: el rostro de Gregory Peck en “Recuerda” de Hitchcock, cuando observa asombrado cómo la leche del vaso cubre toda la pantalla y le conduce a un pasado olvidado. Bergson dice que no tenemos asidero sobre el porvenir sin una perspectiva igual sobre el pasado. Nuestra actividad de la vida hacia adelante produce tras ella un vacío en el que los recuerdos se precipitan. La memoria hace que nuestras imágenes pasadas completen la experiencia presente enriqueciéndola. El recuerdo de intuiciones anteriores es más útil que la intuición misma.

Percibir es una ocasión para recordar. La memoria contrae en una intuición única múltiples momentos de la duración. Platón, en su teoría de la reminiscencia, nos explica cómo la memoria aprehende las ideas a través de las sombras de los sentidos. La memoria sería el principio activo del alma, aquello que hace que el alma despierte del sueño, de estar entregada a las cosas y a la acción, y volver a la contemplación del ser verdadero que tenía olvidada.

El recuerdo para Platón es un acto espiritual, el acto por medio del cual el alma ve en lo sensible lo inteligible. Recuerda los arquetipos contemplados cuando el alma estaba desprendida del sepulcro del cuerpo, y los ve reflejados, cual imagen, en las cosas sensibles. Para San Agustín, el alma recuerda en la medida que es. Identifica alma con memoria. Desde la Antigüedad, se planteó el problema de la sede de la memoria y hasta qué punto interviene la voluntad en ella.

La memoria, ¿es la huella dejada por las impresiones en el cerebro, o bien es un puro fluir psíquico? Descartes distingue entre memoria corporal, que consiste en vestigios y pliegues dejados en el cerebro, y la memoria intelectual. También entre la memoria como conservación del pasado y la memoria como reconocimiento (reminiscencia). Bergson distingue entre memoria-repetición o de hábito, y la representativa. La primera es psicofisiológica y la segunda compete a la esencia de la conciencia. Esta última representa la continuidad de la persona, la realidad fundamental, la conciencia de la duración pura.

Por eso, la memoria es el ser esencial del hombre en cuanto entidad espiritual. Así se diferencia de los demás seres, como el ser que tiene memoria, que conserva su pasado y lo actualiza en todo lo presente. Por tanto, que tiene tradición e historia. Memoria es la vivencia actual que lleva en su seno el pasado. Para William James, es la conciencia de un estado de ánimo pasado que por un tiempo había desaparecido de la conciencia. Lo recuperamos mediante un proceso emotivo. Según Ryle, sería una creencia verdadera acerca de una experiencia pasada.

Pero, volvamos a Gregory Peck, el color blanco de la leche, por asociación de colores, le lleva a una montaña nevada, donde intuye un suceso terrible. La intuición de ese suceso pasado, marca todas las intuiciones de su vida presente, y no sólo eso, sino que la transforma. Se convierte en otra persona. La película será la respuesta de quién es él y por qué. ¿Quieren verla?

dilluns, 15 de juliol del 2013

Encuadre, plano y montaje.


Cine de autor.
Seguimos con las tesis de Bergson, que nos dice que hay cine cuando la reproducción del movimiento resulta de un análisis del movimiento. Es decir, en función del instante cualquiera. El movimiento es un corte móvil de la duración. La duración es lo que cambia, y el cambio es una afección del todo. El cambio es traslación y ésta implica, finalmente, una transformación.

El todo al que se va transformando continuamente, es la duración, lo abierto, que no es dable, como sí los objetos. Frente al todo abierto, puedo aislar un cierto número de cosas, cerrar un sistema. Es lo que hace la ciencia para cuantificar. Es arrancar algo al todo. Esto es el encuadre. El encuadre es constituir un sistema artificialmente cerrado. Es elegir y determinar los objetos y seres que van a entrar en el plano. Van a estar determinados por el encuadre.

El plano es la determinación del movimiento relativo que se establece entre los movimientos de los objetos que han sido determinados por el encuadre. Sería el guión técnico. El montaje es ver como un plano se relaciona a través del movimiento al todo. Implica y pasa por la relación de ese plano con otros. Es la síntesis de planos.

Así, partimos de un sistema cerrado, el encuadre, que de alguna manera se va a abrir sobre algo que va a funcionar como totalidad. El plano es la realidad moviente, que suscita al todo que no está dado. El todo se puede suscitar por un juego de oposiciones. Cada plano y los planos en sus relaciones juegan un máximo de movimientos opuestos. Es el montaje dialéctico ruso. Véase “El acorazado Potemkin”.

También se puede suscitar el todo por una precipitación del movimiento: poner la máxima cantidad de movimiento en un espacio encuadrado. El movimiento se va acrecentando desde el punto de vista cuantitativo. Es el montaje cuantitativo francés. Véase las escenas de danza o de feriantes de L’Herbier o Epstein.

Y nos queda el montaje intensivo alemán de movimiento de caída o descomposición, que juega con la intensidad lumínica (luz y tinieblas). Es el expresionismo alemán de, por ejemplo, “Nosferatu”.

Hay que señalar que la percepción del cine es diferente de la natural. En la percepción natural hay un anclaje (estoy anclado viendo un paisaje), y entre dos anclajes se da un movimiento cualificado. En cambio el cine nos ofrece continuidad y heterogeneidad en un único y mismo movimiento. Rompe el anclaje. La percepción natural va de una perspectiva espacial a otra; en la imagen cinematográfica se elabora una perspectiva temporal. El movimiento en el espacio está ahora en condiciones tales que expresa la duración, un cambio en el todo. Sólo la música alcanza eso, las demás artes se quedan en perspectivas espaciales. Qué, ¿rodamos una “movie”?

dijous, 11 de juliol del 2013

Proyección cinematográfica.


Películas.
Seguimos con la imagen móvil que es el tiempo y lo conduciremos a la cinematografía. Bergson nos dice que el movimiento es indivisible. Los instantes son cortes inmóviles tomados del movimiento. Y el movimiento transcurre en el intervalo entre estos cortes. No se deja confrontar con otros movimientos y, por eso, no puede desplegarse sobre la misma línea de un tiempo homogéneo. Cada movimiento está articulado de cierta manera.

El cine aporta una nueva percepción, comprensión y manifestación del movimiento. La percepción que nos da es la de una síntesis de movimiento. No es la percepción natural, que percibe mixtos de espacio y tiempo, de inmóviles y movimientos. El cine nos propone la percepción de un movimiento puro. Inventa las condiciones artificiales que van a hacer posible este tipo de movimiento.

Estas condiciones en la proyección son la equidistancia de las imágenes que hace posible la uniformidad del tiempo en la película. La proyección trabaja con el tiempo abstracto homogéneo. Pero lo presentado por el cine es una imagen-movimiento. Se trata de una síntesis perceptiva inmediata que capta en uno la imagen y el movimiento.

La humanidad siempre ha querido reconstruir el movimiento con lo inmóvil, con posiciones en el espacio, cortes inmóviles. Así, los antiguos lo hacían con instantes privilegiados. Los griegos empleaban la palabra “tesis”, posición. Es el tiempo fuerte por oposición al débil. Estos momentos privilegiados son cuando el movimiento se detiene porque el cuerpo se ha reunido con su lugar natural, o porque se ha llegado al punto extremo o cima del movimiento.

El arte griego se estableció en función de estos momentos. La tragedia griega es el extremum de un movimiento. Lo que reproducirá el movimiento será el diálogo o relación entre estas posiciones privilegiadas. En la danza, por ejemplo, el cuerpo del bailarín pasa de una posición privilegiada a otra, siendo las formas aprehendidas en el máximum del punto de su actualización.

La ciencia moderna reconstituirá el movimiento de una manera diferente. Partirá de un instante o momento cualquiera, y no el privilegiado. Esto será el cine, y previamente, la novela. Ya no hay ningún privilegio, es la muerte de la tragedia. Si en la Antigüedad una figura era definida por sus puntos privilegiados, ahora la figura remite a un trayecto, que se determina en cualquier instante de la trayectoria. El instante cualquiera quiere decir instantes equidistantes.

El tiempo se ha liberado, al considerar el movimiento relacionado con el instante cualquiera. La continuación de un instante a otro es la duración. El instante siguiente no es la repetición del precedente. Podemos hablar de la duración de la vida como una película. ¿Sentimos así nuestra vida?

dimecres, 10 de juliol del 2013

El reloj de mi vida.


La medida del tiempo.
Einstein nos descubrió que el tiempo es relativo. Mi mirada del devenir será diferente de la mirada del devenir de otra persona. Y no habrá ya un observador cósmico que unifique todas las miradas como se consideraba antaño. El acontecer de mi vida también se relacionará con la velocidad que tome. Si actúo rápido, el tiempo disminuirá. Si la lentitud invade mi ser, el tiempo se dilatará infinitamente. El movimiento con que lo realice transcurrirá en el intervalo entre parada y parada, porque ya no será un espacio recorrido, ni se podrá comparar al movimiento de nadie más. Será mi movimiento, mi tiempo.

Einstein fusionó el tiempo con el espacio, en un universo ya de cuatro dimensiones. Dicen, entonces, que el tiempo se ha espacializado, y, de que el espacio se ha temporalizado. El tiempo se ha vuelto discontinuo y granulado, con el descubrimiento de las micropartículas. Nos hemos adentrado en diversas dimensiones temporales. Somos el centro de multitud de direcciones del tiempo.

Pero, no siempre ha sido así. Desde los inicios de la historia existía otra concepción del tiempo. Los hebreos fueron los primeros en ilustrar una vivencia interna del tiempo. Para los griegos, fue la forma de la presencia, que deviene. Así, en Platón, el tiempo será la imagen móvil de la presencia o eternidad. La eternidad es el original del tiempo. Es el perpetuo movimiento circular de las esferas celestes.

Para Aristóteles el tiempo es movimiento y se mide numéricamente. Estamos hablando de la forja de una concepción absolutista del tiempo, como realidad completa en sí misma. Según Plotino, el alma puede abandonar esta realidad cuando se recoge en lo inteligible. San Agustín nos dice que cuando vamos a apresar el tiempo, se desvanece. El alma es la medida del tiempo. Con ella hay espera, memoria y atención. El tiempo es una realidad vivida y escurridiza.

Lo material del tiempo se halla en el exterior. Pero lo formal del tiempo, la medida del movimiento viene del alma. El tiempo para todos tiene una sola dirección y una sola dimensión. Es homogéneo y fluye del mismo modo. Los cambios que se dan en las cosas siempre son en relación con el tiempo uniforme que les sirve de marco vacío. Se trata de una concepción analógica a como se suponía que los cuerpos se hallan en el espacio.

Ningún instante del tiempo difiere cualitativamente de cualquier otro instante del tiempo. Es la concepción definida formalmente por Newton, de que toda medición temporal es con respecto a un tiempo absoluto que fluye uniformemente sin relación con nada externo. Y llegó el dios Einstein, en el siglo XX, y rompió con todo. ¡Bendito jaleo nos trajo!



dimarts, 9 de juliol del 2013

Mi tesoro.

El cofre de los piratas.
Cual piratas, a mar abierto, que van a la caza de tesoros y los obtienen; nosotros también cazamos tesoros, y cuando los conseguimos decimos “mi tesoro”. Los tesoros son aquello que consideramos valioso. El valor no reside en la cosa misma, sino que es independiente. La cosa puede participar de este valor. No es un ideal tampoco, es existente. Depende del agrado o desagrado que siente la persona. La conciencia es la que aprueba o no algo de la existencia, dotándolo así de valor. Pero los valores son también objetivos, son autónomos de toda estimación subjetiva y arbitraria.

Dada la complejidad del valor, nos cuestionamos cómo evaluamos. Vemos que existen relaciones de realidad y relaciones de valoración. No fue hasta Kant que consideró el valor como algo separado de la realidad. En el s.XIX, aparecen ya teorías sobre los valores, a raíz de encontrarse el hombre frente a un mundo sin valor. Se perdió la mirada profunda de las cosas (con el desarrollo científico y la muerte de Dios).

Delante del valor se ha de tener una actitud de deseo. Es el sentimiento de la aspiración a lo completo. Es, entonces, cuando la conciencia descubre el valor. Valoramos según las condiciones intelectuales, afectivas y relativas a la voluntad. En el origen de la experiencia del valor reside la emoción y el juicio. Intervienen la inteligencia y la voluntad, pero es el interés y la libertad de la persona lo que arranca el valor. Los valores son producto de la elección y voluntad del hombre, pero a la vez son anteriores a nosotros. Se origina en el individuo y lo rebasa.

El valor procede de la emoción vinculante a la vida, como fuente de la expresión y de la libertad. El individuo juzga el valor y luego se deja juzgar por él, con un criterio que afecta también a los demás. Tiene el sentimiento de que los valores le son revelados, de algo más profundo que sí mismo. Intuye un orden diferente y le da nacimiento por la visión activa que posee. ¿Cómo va surgiendo este orden?

Reaccionamos ante la realidad, formando modelos y anti-modelos. Cuando rechazamos algo, tomamos conciencia de su opuesto, que es el valor. Así el valor se nos revela con evidencia y trascendencia. Si no lo seguimos una vez descubierto, nos sentimos infieles al ideal trazado de describir la experiencia humana. Hay valores permanentes que corresponden con las características generales de la naturaleza humana. La estructura y forma del valor también es permanente.

Finalmente, señalar que el valor se aplica cuando rompemos la igualdad de las cosas. Cuando decimos “preferimos” en la acción y en el juicio. Es la disposición interior por la cual nos comprometemos. Por tanto, es vivido, no contemplado.

dissabte, 6 de juliol del 2013

La censura.

Prohibido prohibir.
Al mencionar este término, uno parece remontarse a la época franquista, donde tanto las publicaciones, como la cinematografía, los espectáculos y la vida en general, estaban sujetos a los dictados del censor. Era una figura que decía: hasta aquí sí; esto ya no. De manera literal, cogía las tijeras y cortaba los fotogramas considerados sobrantes, las publicaciones políticamente incorrectas, y los modos de vida “erróneos”, según la dictadura. Hoy en día se debate sobre la protección de la intimidad en internet. Si invaden o no nuestra privacidad. Pero no se habla sobre el ámbito público. ¿Qué se considera público?


Censurar, hoy en día, es estigmatizar una voz, en principio pública, y relegarla al ámbito privado. Los nacionalismos se estigmatizan y reducen a lo folklórico o privado, por no considerarse de ámbito universal. Las calles se limpian de maleantes y demás, para encadenarlos en recintos privados. El movimiento gay se critica, porque ha salido al espacio público. La violencia de género que agrede, porque la mujer está en la calle, y no en el ámbito privado. Las voces diferentes, porque desentonan de la uniformidad de la mayoría, también hay que derivarlas a lo privado. La locura, los viejos, los niños, los animales, todo lo que molesta, hay que conducirlo al espacio íntimo.

El psicoanálisis nos habla de que lo inexplicable, lo extraño, expresado en sueños, en despistes del lenguaje o conductas extravagantes o inhibitorias, llenas de angustia, es el inconsciente. Es el cajón desastre de la psique humana donde va a parar todo aquello que la parte consciente no quiere que se vea. Son los contenidos censurados. Cuando la represión para que no salgan es muy fuerte, aparece la neurosis. Esta represión la ejerce el “super-yo”, que es la parte consciente que domina al “yo”. El yo intenta crear un puente con el “ello” o subconsciente. Quiere relacionarlo con el mundo, pero el super-yo no le deja. Es el censor que impone sus normas. Argumenta que son racionales y se opone a los impulsos del ello. Estos impulsos del inconsciente se les denomina también “la líbido”, que bien canalizada da lugar a la creación artística, cultural o poética.

Para que el super-yo deje de presionar, hay que hacer terapia. Consiste en un análisis en el que el paciente ha de poner al descubierto todo aquello que le angustia y estar resuelto a afrontarlo. Uno de los medios para ello es el “psicodrama”. Varios individuos se reúnen en un supuesto escenario y dejan fluir sus impulsos mediante “actuaciones”. Se trata de una representación del “teatro del mundo”. Hoy en día las redes sociales proporcionan el escenario para este teatro del mundo. Lo curioso es que unos quieran actuar y otros no les dejen.

Se habla de una regulación de la interpretación: actúas de tal manera o, sino, sales fuera de mi escenario. La apropiación de publicaciones cuestiona, entonces, el sentido de lo público. Si el espacio público es de todos, ¿tienes derecho a restringir la libertad de expresión? Kant diría que no, a no ser que hubiese confrontación de libertades. Por tanto, si un usuario publica libremente, otro usuario debería poder comentar también libremente.

dijous, 4 de juliol del 2013

Música mágica.


Pentagramas musicales.
El ser humano escuchaba antaño los sonidos de la naturaleza y creaba música. ¿Los escuchamos hoy? Difícilmente. El espíritu musical era, entonces, mágico. El hombre recreaba el sonido de los animales para poseer su alma. Imitando al halcón, al león, los hacía suyos para luego cazarlos. Cuando aprendió a imitar y a ordenar los sonidos de la naturaleza, el hombre fue capaz de inventar sonidos nuevos. Variaba la altura de los mismos, según pautas más melódicas o rítmicas.

Posteriormente, el hombre intentó comunicarse con los dioses mediante el canto. Apareció la función religiosa de la música, por ser el sonido la parte más inmaterial de cada ser, que se asociaba con su inmortalidad. En Grecia, la música aparecía ligada con el teatro. La “antífona” establecía un diálogo entre el solista, que expresaba sentimientos poéticos, y el coro, que relataba la gesta de los héroes. Esta forma antifonal será recogida por la liturgia cristiana.

El mito musical griego, por excelencia, es Orfeo: su canto amansaba las fieras y abría las puertas del Infierno, donde se hallaba su amada Eurídice. En la Edad Media surgió el canto gregoriano, cantado en los monasterios, y la polifonía derivada, con simultaneidad de melodías, ganó flexibilidad con el contrapunto. Las melodías se acercaban y alejaban, nota a nota. El contrapunto en el Quattrocento fue cada vez más libre.

En el Renacimiento, la naturalidad y racionalidad de la composición dominó la escena. Se equilibraron las voces y surgieron las conocidas: soprano, contralto, tenor y bajo. En el Barroco, la música se alejó de la naturaleza y buscó expresar los sentimientos humanos. Se desató la doctrina de los afectos: la alegría se expresaba en el “allegro”, la tristeza en el “mesto”. También el contraste: aparecía la calma en la agitación, el instante y el infinito, el claro-oscuro. Los instrumentos musicales, para ello, fueron cogiendo protagonismo.

En el clasicismo llegan la sonata, la sinfonía, el cuarteto y el concierto. La música ya adquiere unas leyes independientes de la palabra. Pero no será hasta el romanticismo, donde la música misma será su propia finalidad. Será considerada la más romántica de las artes, por estar entre el sueño y la realidad. El piano reinará.

En el impresionismo se inventarán procedimientos nuevos. Se describen atmósferas de todos los ámbitos sensoriales. Los instrumentos de percusión destacarán en el s.XX. Aparecen cambios importantes en el tiempo, la altura y la intensidad. Se elimina la jerarquía de las notas: cualquiera puede ser buena en cualquier momento. El sintetizador descompone la esencia del sonido. Creará sonidos no existentes a través de combinaciones antinaturales. Hemos empezado el estudio de la música con la naturaleza, y acabamos con lo antinatural. ¿Qué época os gusta más?

dimecres, 3 de juliol del 2013

Mujer cibernética.

Estadística sexual.
En la época medieval, los caballeros acostumbraban, al irse de cruzadas, a imponer a sus mujeres el uso del cinturón de castidad. Así se aseguraban la fidelidad, y el no hallarse, a su regreso, con el encuentro de hijos postizos. El control sexual de la mujer siempre ha sido una premisa en todo tiempo y lugar. Los tiempos actuales dan la apariencia de liberación, pero sigue habiendo un sustrato mayúsculo en donde el cinturón de castidad sigue existiendo, aún de diferentes modos.
 
Fue el caso de una mujer, que se casó muy enamorada de un hombre, y que con el tiempo descubrió que era un controlador obsesivo. Amante de la cibernética, trasladó el control de la información, al control sexual de su mujer. Controlaba los orgasmos y los apuntaba en una agenda. Luego, confeccionaba gráficos en los que medía también la intensidad del placer.
 
Llegó a un punto de obsesión en el que convenció a la mujer de instalarle en la vagina una cámara y unos detectores que, programados, emitían señales de frecuencia. El único destinatario era su dominio on-line, a través del cual, visualizaba los orgasmos en el smartphone.
 
Así, estuviera donde estuviese, un pequeño pitido le avisaba de que su mujer iba a correrse, y la cámara le mostraba si estaba sola o acompañada. La mujer participaba del morbo, y el marido entusiasmado, decidió él mismo provocarle los orgasmos, activando los microchips de la vagina a modo de vibradores. Cuando se hallaba en las situaciones más inesperadas, en el trabajo de recepcionista, hablando con clientes;o, en la compra, pagando en la caja, él le activaba los sensores, y, ella, bajo un sudor frío, tenía que balbucear una excusa y encaminarse hacia el lavabo.
 
La situación se tornó insufrible. El marido cada vez más ciego activando los sensores; la mujer, consumida, sólo lloraba de desesperación. Hasta que una amiga le mostró la solución. Le dijo que convenciera a su marido de incrustarse en el pene un anillo-sensor para que él sintiera también un placer inmenso que sobrepasara al suyo. El marido aceptó y se lo incrustó, y ahora era ella la que activaba sin parar los sensores.
 
El marido le pedía más y más. Dejó el trabajo, el círculo social, los hobbies, y hasta dejó de dormir. Se convirtió en un zombie. Actualmente, ella lo lleva a pasear cada mañana por el parque. Y cuando se sienta en un banco para contemplar el paisaje, junto a él, activa desde el smartphone los sensores; pero no los del pene, sino los de su vagina.

dimarts, 2 de juliol del 2013

La caricia.

La caricia
Cuando te adentras en la arena caliente de la playa y bordeas la orilla del mar, enseguida notas la brisa marina que como una caricia, te cubre el rostro. La caricia es lo que anhelas de la proximidad de la persona querida, pues implica su aceptación y comprensión. Sólo en las relaciones humanas hallamos ese sentido íntimo que nos impele y conduce nuestras vidas.
La proximidad es la realidad que se hace patente del otro en el llamado encuentro. En el encuentro la conciencia de la otra persona se hace accesible a la propia. El reconocimiento mútuo es primariamente emocional.
La experiencia de la corriente de la conciencia del otro es vivida simultáneamente con la propia corriente de conciencia. Podemos aprehender el pensamiento del otro en su presencia vivida. El hablar del otro y nuestro escucharlo son experimentados como algo vivido a la vez.
Así se constituye el ser yo, que no sólo incluye el que estemos en el mundo, sino también ese análisis del otro que nos fundamenta. Sería el "todos para uno y uno para todos" de D'Artagnan. Nos hacemos en los demás y los demás se hacen en nosotros. Gabriel Marcel dice que si los demás no existieran, yo no existiría tampoco.
En el encuentro recíproco con el otro se da el diálogo, la comunicación y la comprensión. Y, sobre todo, la empatía. Se da una proyección afectiva y sentimental empática. La empatía es una participación afectiva y emotiva de un sujeto humano en otro. Sólo así se alcanza la comprensión de ciertos fenómenos o procesos extrasubjetivos. Se consigue proyectando y apropiándose.
La participación requiere de la proyección del sujeto, que extiende su propio ser a una realidad, y se apropia en cierta manera de ella. No sólo sucede con el prójimo, sino también con el arte, por ejemplo. Nos apropiamos y comprendemos las emociones del otro, a la vez que comunicamos las propias. Para comprender hay que situarse continuamente dentro y fuera. Proyectarse e introyectarse, como otra forma de proyección también. Una forma especial de apropiación de las características que pertenecen a otro sujeto. Se toma al otro como lo que se va a proyectar.
Y con ello el sujeto llega a la simpatía, que es el sentimiento vital que expresa la unidad con la realidad entera. Es el conocimiento de las pasiones del otro gracias a la participación. Y no sólo conocimiento, sino también el suscitar una emoción en el otro. Con la simpatía,los hombres comparten sus emociones.
Así, pues, cuando acariciamos al prójimo, cuando rozamos piel con piel, no estamos en contacto con una mera huella o máscara de una persona, de la que desconocemos su profundidad o vacío. Estamos empatizando, compartiendo emociones, comprendiendo al otro, sin más.

dilluns, 1 de juliol del 2013

El espíritu del árbol.

El espíritu del árbol.
En la aurora de la historia, Europa estaba cubierta de inmensas selvas de árboles. Era tal su amplitud que impresionaba la soledad, la oscuridad y el silencio en el que se hallaba el hombre al penetrar en ellas. Cuentan que los más viejos santuarios fueron los propios bosques naturales. La palabra "nemus" referida a santuario significaba boscaje abierto. Así los bosques eran sagrados y existía el culto al árbol. Los druidas, por ejemplo, veneraban al roble. Creían que los árboles eran divinos y que recibían respuestas de los oráculos. A los pies de los troncos se sacrificaban víctimas, y las ramas servían de púlpito.
 
Estamos ante la concepción antigua de que el mundo estaba animado. El hombre pensaba que todo ser vivo tenía una alma semejante a la suya. Y, en concreto, los árboles estaban poblados por sombras. Cuando el viento rozaba las hojas, las sombras susurraban. Siendo éstas, las almas de los difuntos que moraban los árboles. Se creía que las almas tenían una existencia continuada después de la muerte, y de que en el universo todo está entrelazado.
 
El principio que lo domina todo es la vida. Es el principio vital que determina la forma y comportamiento de los organismos. Es la Bíos. En la medida en que la Naturaleza está animada, es viviente. La vida abarca desde el modo más práctico hasta el más teorético. La teoría sería el saber acerca de lo que es forma y principio de realidad en los seres vivientes. Las características de la vida son su asociación con el movimiento de los organismos, y con la salvación de éstos de la aniquilación y la muerte.
 
Según Schopenhauer, el universo entero es la corriente de la vida, junto al dolor inherente que conduce al deseo de aniquilación. Y según Bergson, la vida es la libertad que se inserta en la necesidad y la atrae a su provecho. El desenvolvimiento de la vida en todas sus posibilidades es la evolución.
 
Finalmente, para Ortega y Gasset, vivir es encontrarse en el mundo, hallarse envuelto y aprisionado por las cosas en cuanto circunstancias, y saberse viviendo. El pensamiento será resultado de la experiencia de la vida.
 
La vida es actividad pura. Tiene que hacerse constantemente a sí misma. Es elección, quehacer, proyección de futuro. Marcha hacia la realización de su programa, su misma mismidad. Así que cuando abracemos a un árbol, hemos de pensar que estamos abrazando a la vida misma. Y, ¿quién sabe? A lo mejor, hasta a una sombra también.