| Eros. |
Una vez un amigo me contó que había establecido una relación muy especial con una chica, y que, ahora, se hallaba en una encrucijada de difícil salida. Se veían cada cierto tiempo, y durante los encuentros, ella le solicitaba siempre anudar sus cuerpos desnudos mediante cintas o correas. Así restaban anudados toda la noche, deslizándose en el sudor de ambos, y contemplándose embriagados. Como no hacían otra cosa, ahora mi amigo se cuestionaba qué clase de relación era aquella y cómo la podía ubicar en su vida, sin que saltara por los aires.
Se me ocurrió darle una explicación, hablándole de “eros”. Le dije que antiguamente el amor se consideraba como una locura o un dios poderoso. Locura en tanto que el amante aspira al amado, pero sin poder poseerlo. El amante se halla en un estado de carencia y de sobreabundancia a la vez. Está extasiado, pero al mismo tiempo anhelante. Platón expresa muy bien este estado diciendo que el amor es hijo de la Pobreza y de la Riqueza.
Cuenta el mismo autor en un diálogo bellísimo que la naturaleza del hombre era antes diferente. Pertenecía a la de un ser completo que reunía en sí lo masculino y lo femenino. Zeus, al ver su perfección, y ver que el hombre así combatiera a los dioses, decidió disminuir su fuerza, separándolo en dos. Hecha la división, cada mitad hacía esfuerzos para encontrar la otra mitad de la que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían. Era tal su ardor, que abrazadas perecían de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Es el deseo de estar unido y confundido con el objeto amado, hasta no formar más que un solo ser con él.
Mi amigo cuando oyó el relato quedó completamente descolocado, pues entendió entonces la actitud de su amada. Pero seguía sin entender el razonamiento del amor, al que no hallaba lógica por ningún lugar. El amor, le expliqué, posee sus leyes propias, que no se pueden definir, pero sí intuir. Así decía Pascal que el amor tiene razones que la razón no comprende.
En el amor se dan unas notas inconfundibles que impelen a la persona en un proceso intencional a trascenderse para alcanzar al amado. Estas notas son la vida interior y la valoración de la persona, la ilusión o entusiasmo que se le pone, la transfiguración de la persona amada, la reciprocidad del sentimiento y la fusión final. Estas notas originan el amor, que ilumina, vivifica y transfigura el objeto amado. Cuando el amado se transfigura ante el amante, le revela los valores que antes quedaban encubiertos. Sólo el amor hace brillar las relaciones humanas.
Mi amigo siguió con su relación, ahora con un conocimiento mayor de causa. No se sujetó a razón alguna y dejó que su vida saltara por los aires. El orden del corazón le hizo cometer todo tipo de extravagancias por su amada. Pero ella era feliz, y él en su felicidad, retozaba también. Cuando los visité, hace poco, no me sorprendió ver cintas y correas esparcidas por doquier.
Cuando abres tu mente y aceptas que no existe lo "normal", la vida adquiere una dimensión mucho más animada y divertida (y no digamos ya el sexo!). El mundo es diversidad pese a que nuestra cultura se empeñe en convencernos de lo contrario. Nuevamente tocas temas que merecerían ser tratados durante horas!
ResponElimina¡Felicidades por tu graduación, Miky!Y gracias por escribir un comentario, porque nadie lo hace. Claro que el mundo es diversidad, y gracias a ella, la humanidad avanza como tal. Si todos fuéramos iguales, estaríamos extinguidos como especie, pues nadie abriría puertas nuevas.El universo es cambiante, y si no nos adaptamos a los nuevos cambios, pereceríamos. De ahí la necesidad de la diversidad, para conquistar nuevos caminos,que nos permitan la adaptación continua.
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