dimarts, 11 de juny del 2013

La orgía.

Ninfa.
En otro tiempo el “soma” o cuerpo humano tenía una consideración diferente a la actual. Se veneraba la belleza de sus proporciones y no existía ningún pudor en mostrarlo desnudo, especialmente, los órganos sexuales en su esplendor. Así, en los juegos olímpicos griegos, los atletas se mostraban tal cual, siendo objeto de admiración. El cuerpo humano se entendía como penetrado por la forma de la belleza.

¿Cómo entendemos nosotros el cuerpo? Desde Descartes, la esencia de los cuerpos es la extensión. Es lo que ocupa el espacio exterior. Para Spinoza, es el objeto de la idea que constituye la mente humana. El cuerpo existe como lo experimentamos. Con Leibniz, se adquiere la conciencia de que tiene una fuerza propia, una energía; ya es algo más que extensión y puro cambio, o magnitud. 

En la modernidad, pues, el cuerpo formaba parte de uno de los dos polos del dualismo entre espacio exterior e interioridad (representada por el alma). Ha sido en la contemporaneidad, con Bergson, cuando este dualismo se unió, y el cuerpo acabó siendo el puente entre la materia y el espíritu. Para Gabriel Marcel, el mundo existe para mí en el mismo tipo de relación que mantengo con mi cuerpo. Y Sartre nos llega a decir que “yo existo mi cuerpo”, y mi cuerpo es para el otro. Lo utiliza y lo conoce otro. El otro es el sujeto para el cual yo soy objeto. Yo existo para mí como conocido por otro en forma de cuerpo.

Y he aquí la clave del mecanismo sexual: la sexualidad se abre cuando la persona pasa a ser “de facto” objeto para otra persona, y, viceversa. Nos utilizamos mutuamente y nos conocemos. Apresamos fragmentos del cuerpo del otro y nos excitamos. Nos sabemos así reconocidos en el otro, existentes.

En las orgías, cada persona es existente y reconocida por los demás. De una relación dual se pasa a una relación múltiple, en la que el cuerpo humano gana una extensión infinita. Fragmentos de cuerpo humano se van sobreponiendo uno a otro en un crescendo de excitación sin límite. Se gana espacio y se gana tiempo. A modo de collage la persona vislumbra el conjunto hecho de pedacitos. El placer es total.

Este éxtasis era ya buscado en Grecia e idealizado bajo forma divina. Dionisios era su representante. En Roma, era ejecutado en las bacanales, y adquirió un carácter más violento, propio de una sociedad corrompida en su opulencia. Grecia y Roma fueron las únicas sociedades que admitieron a nivel estatal las orgías. Posteriormente, fueron símbolo de rebeldía frente a las represiones, precisamente estatales y de otros estamentos. Así en la época medieval, los aquelarres orgiásticos eran la respuesta de la situación de la mujer, reducida al estatus de bruja, por la institución eclesiástica. O en la época victoriana, con una moral sexual de represión a niveles insospechados, la orgía se presentaba como una descarga a la tensión acumulada, que practicaban las clases bienestantes.

Actualmente, es una forma más de conquistar y experimentar el terreno sexual. A nivel público va ganando posiciones, pero aún estamos lejos de conseguir una aprobación estatal como en Grecia o Roma. ¿Qué diría, sino, la opinión pública, o el gobierno mismo, si se enterase de que en el Congreso de los Diputados, por ejemplo, se organizan bacanales? No quiero ni pensar.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada