| Hoguera. |
Las fiestas del fuego son hechizos solares que se celebran en diversos lugares de Europa. Son ceremonias mágicas para asegurar la provisión de luz solar. Se realizan encendiendo fuegos (como el de San Juan) que imitan en la tierra al gran manantial de luz y calor en el cielo. Sus efectos son benefactores y purificadores. Promueven el desarrollo de los cultivos, favorecen la salud y la felicidad, y purifica de los elementos nocivos.
Siempre se ha identificado la luz con la vida. Existe una tradición mítica que ha tenido la luz como un principio superior, purificador, que conduce el movimiento del mundo. Con la luz, las plantas crecen y los seres vivos perciben. Esta percepción o visión Platón la identifica con el conocimiento. De tal manera que lo que no es conocimiento verdadero se convierte en ceguera. La luz sensible es así la imagen del mundo inteligible.
Lo sensible en Platón es la multiplicidad de las cosas en cuanto son materia de opinión. Lo inteligible son las cosas en cuanto son verdaderas. Para Aristóteles las cosas sensibles son el objeto de los sentidos. En cambio, las cosas inteligibles son objeto del pensamiento. Así como en Platón, lo sensible y lo inteligible están separados, siendo lo inteligible el modelo de lo sensible; para Aristóteles no hay separación, hallándose de algún modo lo inteligible en lo sensible. Muchos filósofos han hablado de un mundo inteligible como el mundo de las ideas platónico, o de lo inteligible como lo cognoscible mediante el intelecto. Sería el aspecto racional de la realidad, hallándose en lo real. En el racionalismo se ha admitido el mundo de lo inteligible y su cognoscibilidad. El empirismo, en cambio, lo ha rechazado. Kant lo ha declarado incognoscible, pues lo identifica con el mundo de la cosa en sí. Lo cognoscible es el mundo accesible al sujeto cognoscente mediante formas y conceptos a priori. Lo apriori es lo que hace posible el conocimiento.
Podemos pues decir que la luz nos hace inteligible la realidad. La vemos en su ser. Nos abre el espacio (como una de las formas a priori) y las cosas que hallamos en él. Para Kant la experiencia externa sólo es posible por la representación del espacio. Por eso el espacio es una forma a priori de la sensibilidad. Es una representación necesaria que se da antes que todo y que sirve de fundamento a las intuiciones externas. El espacio es la condición de posibilidad de los fenómennos. No es una propiedad de las cosas, sino la única condición subjetiva de la sensibilidad. Es como un esquema que surge para la coordinación de todos los sentidos externos. ¿No os sentís hechizados por la luz?
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