dissabte, 8 de juny del 2013

El oráculo.

Símil de ónfalo.
Una de las características que más me han llamado la atención del marketing on-line, la panacea del funcionamiento del mercado actual, ha sido el “pronóstico”. Mediante la búsqueda personalizada de la que hace uso internet, basándose en la información que el usuario aporta sobre sí mismo, se puede ya pronosticar. Es decir, adelantarse incluso al cambio del uso que harán los consumidores de la Red. Así, las empresas se posicionan mejor para recomendar sus productos a los consumidores. Teniendo en cuenta las compras anteriores que han realizado, y las de otros clientes que han adquirido productos similares, recomiendan lo que sus clientes podrían adquirir a continuación. Sorprendentemente, dictaminan el futuro.

Este hallazgo curioso, hace que rememore las funciones de los antiguos oráculos, que daban a conocer a los hombres las cosas futuras. ¿Para qué deseaba el hombre poseer tal conocimiento? Primero, como función catártica: para aplacar la ira de los dioses ante las desventuras acaecidas (enfermedades, fracasos, muertes). Segundo, para mediar en situaciones políticas difíciles (apoyar ciertas opciones). Tercero, como función de culto: preservar las costumbres existentes, salvar algún derecho a punto de perderse… Y, por último, como función carismática, para destacar a ciertos individuos: revelar que les está reservado un destino más importante.

Así sucedió en el oráculo de Delfos durante la Antigüedad. Delfos era una ciudad griega situada en el monte Parnaso, en un lugar idílico donde baja gran cantidad de agua de las montañas, y donde brota también un manantial. Es la fuente de Castalia, inspiradora de los poetas, y dónde se bañaban las profetisas para recibir los dones proféticos. Allí también, entre escalinatas de mármol labradas en las rocas y nichos para albergar estatuas, se halla la gruta de las ninfas. Y, para mayor maravilla, en el corazón de Delfos, el templo de Apolo, en cuyo interior se alberga el oráculo. En la antesala, el visitante se encuentra con la sentencia esculpida “conócete a ti mismo”, ya como preludio de la profecía que va a recibir.

Las profetisas o pitias eran médiums que manifestaban la voluntad de los dioses. Para ello, echaban mano de tres objetos preciosos: el trípode, donde se sentaban para no caerse una vez perdida la conciencia al entrar en trance (sus tres apoyos simbolizaban el presente, el pasado y el futuro). El laurel, don de la profecía, y el ónfalo, que era una piedra marmórea que simbolizaba el ombligo del mundo, de donde le llegaban a las pitias las fuerzas ocultas de la tierra. Al hablar, la Pitia reproducía lo inspirado por Apolo (utilizaban el pronombre “yo”). Para pronunciar los vaticinios, tenía que renunciar a su voluntad, y hacer uso de la telepatía y de la precognición. Suprimían cualquier pensamiento propio para despojar a su cuerpo de todo lo mortal y transmitir la palabra profética, el conducto entre el mundo de los dioses y de los hombres.

Así se predecía el futuro, como una manifestación de la realidad divina, y en forma de enigma, porque es el objeto de una lucha humana por la sabiduría. Cabe preguntarse ahora, si internet también nos depara lo mismo. Al ser la comunidad internauta también forjadora de sabiduría, nos ofrece el don de la profecía, dictaminando el futuro de cada usuario (lo que va a comprar, los viajes que va a hacer, donde va a ir a cenar, etc.)¡Hasta incluso revela a qué internauta le está reservado un destino más importante! ¡Bien curioso!

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