dimarts, 18 de juny del 2013

"Angelus".


Angeles.
La transmisión de la información en internet se produce a una velocidad de vértigo. Cada usuario puede comunicarse con cualquier otro o con multitud de ellos, en milésimas de segundo, y cruzando espacios siderales. La presencia física del cuerpo es innecesaria, sólo el pensamiento es lo que cuenta. ¿No os recuerda esto al mundo angelical?

En la tradición judeo-cristiana, los ángeles nos aparecen como seres espirituales, puras inteligencias y mensajeros que mueven el entendimiento iluminándolo. En el mismo instante en que quieren manifestar el conocimiento, éste ya es conocido. Su operación intelectual es independiente del lugar y del tiempo. Pueden hallarse en muchos espacios a la vez, y mantienen una comunicación ininterrumpida. Su movimiento es instantáneo y el conocimiento simultáneo.

¿Cómo es posible el conocimiento en sí? El fenómeno del conocimiento tiene lugar cuando un sujeto aprehende un objeto. Presupone la copresencia de los dos elementos. El objeto debe ser trascendente al sujeto. Estar más allá, pero al aprehenderlo, el objeto se sitúa de alguna manera en el sujeto. No está ni física ni metafísicamente, sino “representativamente”. Cuando el sujeto aprehende el objeto, lo representa. Y al representarlo tal cual es, el sujeto tiene un conocimiento verdadero del objeto. Si no lo representa bien, el conocimiento es falso.

Hay diversos modos de capturar objetos, y la finalidad de su aprehensión es para decir algo de ellos; para proporcionar enunciados. Los enunciados son unidades significativas, que significan. Y estas significaciones que se dan en la conciencia intencional cuando procedemos a describir lo dado, fenomenológicamente, son las “esencias”. Así tenemos que el predicado de los enunciados puede designar la esencia, la naturaleza o la forma de aquello que conocemos. Proporciona una definición esencial, necesaria y suficiente.

Cuando aprehendemos una tonalidad de color rojo, por ejemplo, se nos da en la conciencia intencional, que aprehende, la esencia rojo. Así, en el flujo de lo vivido por la conciencia intencional se hallan expresiones y significaciones varias, que al rellenarse se adoptan como esencias. Si hay adecuación entre la expresión y la esencia se da entonces la intuición esencial. Aquí ya nos acercamos bastante al conocimiento angelical.

La esencia se dice de aquello por lo cual y en lo cual la cosa tiene ser. Mientras las cosas, los hechos, son temporales y se dan con posterioridad; las esencias son intemporales y aprióricas. Se les llama también universales concretos y pueden ser formales o materiales, según el ratio de su aplicación. Pero lo más importante de la esencia es que estructura la realidad, al ser aquello por lo cual la realidad es tal cual.

Si poseemos intuición esencial y sabemos que la esencia es la base de la realidad, ya hemos hecho el trabajo de los ángeles. Dice Santo Tomás que los ángeles conocen por esencias. De ahí su conocimiento instantáneo y simultáneo. Como los dígitos infinitos del mundo de la información, los ángeles son miríadas comunicantes que nos acompañan en nuestro pensamiento. ¡Que sea para bien!

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