| Leo, pienso, y abro lo oculto. |
¿Alguna vez se os ha ocurrido abrir una puerta que dé lugar a algo oculto? ¿Alguna vez habéis relacionado conceptos y ha surgido una idea nueva? El único ser que lo ha conseguido ha sido el hombre gracias a aquello que lo define en su unicidad: el pensamiento. No sólo lo utiliza para estructurar la existencia, sino, además, para buscar el sentido de la vida. ¿Cómo hallo el camino y dónde encuentro mi lugar en el mundo? El sherpa es el pensar.
La cuna del pensamiento fue Grecia. Allí surgió la filosofía, una nueva manera de mirar fuera del mito. El mito es una narración que explica los orígenes históricos de una civilización, haciendo uso de las figuras de la psique humana, como Edipo, Ícaro, o Prometeo. La filosofía dio una vuelta de tuerca a esta narrativa, afirmando que hay otro decir sobre la verdad. Se consideraba la verdad como permanente, y lo ilusorio como cambiante. Para alcanzar lo permanente era necesario el pensamiento. Lo ilusorio se dejaba a los sentidos. Así surgió el pensar como visión inteligible de la realidad. Pensar es buscar la esencia de las cosas, lo que hay de permanente en ellas. Se trata de hallar lo oculto bajo el velo de la apariencia.
¿Para qué nos sirve pensar sobre lo oculto? Primero, para quedar situado frente a las cosas que lo velan. Segundo, para tener una visión mental que nos haga comprender el sentido de la realidad. Tercero, para hacer uso de nuestra voz significativa. Dotar de significado a todo lo que nos circunda. Nombramos las cosas y ellas nos invocan.
En la modernidad, después de ver la relación del pensamiento con el lenguaje, se estudió la relación de la razón con la experiencia. El empirismo, basado en el conocimiento que aportan los datos de los sentidos, se enfrentará al racionalismo, el estudio de los fundamentos de dicho conocimiento. Ambas corrientes las unificó Kant en una sola: el conocimiento aportado por los datos sensibles se ordena en categorías, las cuales a su vez se unifican en las ideas o principios. El pensamiento quedó definido como la facultad que busca los principios del conocimiento, antes de que se dé el conocimiento mismo.
En la contemporaneidad, se llegó a una nueva concepción de la relación entre el pensamiento y la realidad. Se descubre la historicidad y la vitalidad de la razón. El pensamiento tiene que estar sujeto a la historia y a la vida. No tiene que olvidar la evolución histórica del hombre y la conciencia de su vida, de la que tiene que rendir cuentas. El pensamiento, pues, observa y actualiza su conciencia al desarrollar su propia actividad.
Actualmente, nos sucede lo mismo cuando estamos inmersos en internet. También desarrollamos nuestro pensamiento, lo observamos en las redes, y lo sincronizamos continuamente. Hemos adquirido conciencia del mismo en su uso. Al ir tejiendo nuestro perfil, construimos historia y vida, confrontamos la experiencia con nuestra racionalidad, dotamos de significado lo que nos acontece. Y, ¿por qué no? Quizás abramos una nueva puerta a lo oculto.
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