diumenge, 31 d’agost del 2014

La demarcación y el brujo que corre veloz.


Hechicero.
La intuición de la vida es unitaria, pero descansa sobre la paradoja: dos límites que la circundan, el más y el menos. El límite hacia arriba y hacia abajo nos orientan en el espacio infinito de nuestros mundos. Es la estructura de la existencia que se va llenando de contenidos.

El contenido de la vida posee una intensidad y un color determinado, una cantidad y un lugar. El hecho de que participemos de los límites nos da las coordenadas de nuestra vida. Pero toda fijación puede ser desplazada. Podemos correr los límites.

Los límites son necesarios porque somos incapaces de sumirnos en el ritmo de la naturaleza. Necesitamos demarcaciones, constituidas por nuestro representar y conocer primario, sobre la base de la plenitud de lo real. Pero eso implica que ya las podemos rebasar.

¿Cómo? El concepto y el cálculo, la construcción y la especulación nos llevan más allá del mundo que poseemos. Gracias a la intelectualización vemos el límite desde dentro y desde fuera. Las consecuencias de nuestros actos, pero jamás abarcar el destino completo.

El hombre es un ser demasiado poliédrico para mantenerse en el mundo de un modo rectilíneo como las plantas. La pluralidad de sus impresiones y de sus superficies de contacto es tal que requiere una preparación para su reacción: formas intelectuales que hagan posible la unión entre los contenidos del mundo y nosotros, pero siempre hasta cierto punto.

El brujo indio de Castaneda relata así la preparación: “No harás nada de provecho si no llegas a detener el mundo”. Detener el mundo es extraer el fotograma de la imagen-movimiento y quemarlo: liberar sus moléculas en un juego de colores, hacer que la percepción se vuelva gaseosa.

Se accede entonces a otro tipo de percepción que no es el hacer. La imagen se agranda y se agujerea. Se captan los agujeros, los intervalos. El mundo parpadea, se ve la vibración de la materia. Por esos agujeros se hacen pasar las líneas de fuerza, donde se producirán los movimientos acelerados. Es en ese instante cuando el brujo salta de la montaña al árbol, del río a la casa, del valle al frondoso bosque, y el iniciado ya no le sigue.

Brujo molecular que trabaja con las percepciones ínfimas. La percepción es la forma de conocimiento genuina de la humanidad. A lo largo de la historia del pensamiento se la pretendió escindir del razonamiento formando dos entidades separadas. Actualmente, las nuevas visiones de la realidad las mezclan: se piensa con los sentidos y el razonamiento verdaderamente productivo tiene lugar en el reino de la imaginería. El pensamiento es perceptual, factores visuales y de todo tipo son los que forman el concepto. El hombre se ha vuelto a reencontrar uniendo sensación y pensamiento.



Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada