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| Bola de cristal. |
Cuando vamos a la pitonisa nos miramos a través del cristal del tiempo. En el cristal la imagen se desdobla en dos: una es la imagen de un presente, la que permanece fuera; y otra, cuando nos abocamos dentro del cristal, la de mi pasado recorriendo todos los presentes posibles. La pitonisa extrae un presente posible y lo lanza al futuro.
Salimos de allí conmocionados, y vamos encaminando nuestros pasos hacia ese futuro ilusionado. Que se cumpla o no dependerá de nosotros mismos y de las circunstancias.
En el desdoblamiento del cristal del tiempo somos dos yos: el yo que mira impasible como espectador de mí mismo, y el yo que actúa, que resta en situación de desdoblamiento.
El doble se forja en la imagen-recuerdo: ese recuerdo que guardamos por considerar su importancia, una singularidad nueva que puede ayudarnos en el futuro. Y si intuimos que nos puede ayudar es porque ya es un presente recorrido, convertido en pasado que el presente no deja de captar.
El recuerdo guiará nuestra acción. Impele la acción porque todos los presentes pasarán por él. Es el dejà-vu, la sensación de que aquello ya lo has vivido antes. Pasas por una calle nueva y recuerdas todos los detalles de la misma sin haberla visto previamente. El pasado se te adelanta antes de haberlo formado.
Hay una escena en la película “Mátrix” en la que el protagonista tiene un dejà-vu con un gato negro. Lo interpretan como un fallo en el código que hará que se cuele el enemigo en su mundo. Un fallo, una brecha que hace posible que se inmovilice una parte de la imagen, para que la otra adquiera una velocidad de vértigo y actúe. ¿Qué se gana con la brecha? Tiempo, un tiempo precioso para poder calibrar la situación y actuar de la mejor manera posible.
Se ha roto ya la cadena de acción-reacción que domina a las moléculas, y lagunas de no-ser se han instalado en el plano para formar una inteligencia. Es un intervalo, una imagen privilegiada sobre la que todas las demás se curvarán, girarán sus rostros hacia ella. Y ella será un centro privilegiado e indeterminado que percibe.
La percepción se realizará en medio del movimiento de todas las imágenes que varían sobre el ens originarium que las origina. Se forman mundos coextensivos que habitan rozándose. La inteligencia que se ha formado gracias a la inmovilización establecerá una conducta adaptada al medio. Y entre la percepción y la acción se colará la afección. El hombre sentirá que aquello percibido le afecta. Todo lo que le afecte le hará humano, demasiado humano.

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