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| Isla del Amor. |
El jardín del amor es un espacio cerrado donde las ninfas honran a Cupido su amo. Se trata de un retiro de solaz y de delicias bienaventuradas hecho con vergeles y florestas, todos ellos ordenados por la mano del placer.
El clima no está sujeto a la inconstancia y cambios del tiempo, es plácido y saludable, y produce todos los bienes que la naturaleza puede hacer crecer.
El lugar se encuentra en medio del mar y está rodeado con aguas claras, sin rocas, ni fango o piedras. Alrededor de la isla se levanta una valla espesa de mirtos, pero es tan densa en follaje que no se puede ver a través de sus ramas.
Esta isla paradisíaca está fuera del tiempo y del espacio. Es una paganización del Paraíso terrenal. Tiene carácter secreto, como un refugio enrejado, para albergar la erotización del amor cortés. En el centro se halla la fuente dedicada a Venus.
Manantiales y grutas llenas de corales y piedras preciosas. Fluye la miel y los arroyos de vinos. Los árboles paradisíacos pueblan todo el paisaje. Vergel de flores multicolores y la leyenda de la fuente de la juventud. Los caballeros errantes la buscaron a lo ancho y largo del mundo. Leones y grifos la cuidan y en el estanque que alimenta, algunas personas vuelven a encontrar la juventud y la salud. El agua es un modo simbólico de regeneración espiritual. También fuente de felicidad y erotismo: los jóvenes y muchachas se enlazan, y por encima de ellos Amor vela y lanza sus flechas. La atmósfera es de encantamiento.
“Los sueños de los hombres constituyen una parte de su historia y explican muchos de sus actos”. El sueño de la felicidad del hombre empezó con el Paraíso y ha marcado toda la ruta de la humanidad: búsqueda de paraísos terrenales, de islas perdidas, de edenes soñados, de tierras prometidas. La armonía con la naturaleza, la paz, sin enfermedades que afecten a los hombres, los árboles mágicos como el de la vida, la fertilidad; la perfección, la libertad, la abundancia, el entendimiento mutuo y la comunicación con el mundo divino.
En la conciencia humana resta como aquello que se perdió, pero que hay que volver a encontrar. Es la Edad de Oro, los Campos Elíseos, las Islas Afortunadas, la Arcadia feliz. La poesía pastoril canta esta unión de paisaje y amor en un empíreo lírico.
Con el tiempo el Paraíso se convierte en un “no lugar”: flota en el corazón y en la esperanza de los hombres.

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