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| Biblia. |
La Biblia del revés es una historia de traición. El hombre traiciona a Dios y se cumple así el designio divino. El mundo se hace mundo gracias a una fuga continua. Adán y Eva traicionan a Dios y comienza la historia humana. Los profetas huyen del mandato divino haciéndolo cumplir más que nunca. El rey David asesina, San Pedro niega tres veces a Jesús; San Pablo persiguió acérrimamente a los cristianos.
Es la historia del devenir humano desbordado que haciendo uso de su libertad responde a Dios. Y Dios escucha y va moldeando una obra de arte en la que todos los materiales se desparraman y el caos parece no tener fin. Crea un cosmos bellísimo repleto de imperfecciones, porque en la imperfección reside alétheia (la verdad). No es la Idea suprema, sino todas las pequeñas cosas diferentes que toman relevo a lo largo de la vida.
Y lo que toma relevo surge del nomadismo: manadas que recorren las estepas, pueblos enteros que emigran de aquí para allá y van dejando surcos que constituyen la historia. Historia y geografía: nuevos lugares y nuevos caminos. Esto es el hombre y Dios le crea su cuna.
Deja que crezca y sólo le acompaña, en lo bueno y en lo malo, porque quiere que aprenda él solito. Y el hombre aprende a palos, en guerras cruentas que lo merman y en erosionar la naturaleza, que le devuelve su propia erosión. Dios le ofrece su pañuelo pero deja que siga el camino humano. Cuando el hombre se queja le replica: haces uso de tu libertad, como el niño pequeño que se cae hace uso de sus piernas. El padre no puede caminar por él, pero sí aconsejarle que camine por la acera.
Ese caminar acerado son los mandamientos de amor. Jesús los expresa en su vida nómada y muere por ellos. Ese Dios que se anonada a sí mismo para hacer flotar al hombre. Quiere que el hombre levite por encima de su propia muerte, anulándola. Le enseña a hacerlo en la transfiguración; lo escenifica en su resurrección.
La pasión, camino necesario para la levitación final. Paul Auster en un libro suyo narra las vicisitudes y padecimientos de un niño para conseguir volar. Elevar su cuerpo centímetro a centímetro hasta alcanzar la escalera con peldaños imaginarios ascendentes. Y se eleva y ya no es él, es su transfiguración y puede mirar los rostros de la gente y sentir sus radiaciones que lo empujan cada vez más arriba.
Así es Jesús con su amor infinito a los hombres: las radiaciones de las personas son el empuje que le hace franquear la barrera de la muerte. Sabe que ha llevado a Dios la salvación humana.

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