dijous, 21 de novembre del 2013

Un hacker en jaque.


Hacker.
Como hoy en día la mera búsqueda de información puede resultar bastante aburrida, los hackers o sus sucedáneos se dedican a infiltrarse en las vidas ajenas para sentir cómo sería si “yo llevara esa vida”. Dicen que así las prueban todas sin sobresaltos, ni dolores de cabeza. Se trata de un juego en el que asumen los roles de las personas que aparecen en el medio reflejando sus vivencias. Y es tal la intensidad con la que juegan, que incluso llegan a predecir el transcurso y el desenlace de las situaciones en las que se hallan. Viven la vida a la manera asiática: recluidos, sin apenas salir de la habitación, ni tan siquiera para comer, en un visionado continuo del quehacer de los demás.

Sin embargo, en una ocasión, a uno de estos videntes enfrascados le aconteció algo inesperado: se le rompió el espejo de Alicia, y ya no pudo contemplar la vida ajena; sino que la misma, de un empujón, lo sacó a la calle. ¡Qué tristeza le supuso tener que convivir con la pura y dura realidad! En este lado del espejo no se puede jugar, porque todo pasa factura. Cualquier hecho se parapeta con la temida responsabilidad de los actos. Y no te queda ya más remedio que apuntalar la vida para resistir el embate de las fuerzas de presión, que erosionan con mayor o menor envergadura.

El hacker en cuestión seguía la vida de una mujer, sus relaciones, su actividad, sus escritos y sus fotogramas. Estaba tan inmerso en ella, que no fue consciente que poco a poco iba cayendo a un pozo sin fondo. Se fue enamorando de sus rasgos vitales, de la expresión de su pensamiento y sensibilidad, de la cordialidad con la que trataba a sus amistades, de los eventos a los que acudía y de los tiempos en los que advertía su presencia en la red. El juego de rol se convirtió en una experiencia deliciosa a la que no quería poner fin.

Pero al mismo tiempo que se deleitaba, notaba la aparición fantasmal de trastornos insólitos en su persona: pérdida de concentración, torpeza, insomnio, apetito escaso, y hasta temblores. Las amistades le recomendaron el cese del juego inmediato, el médico también; pero él se veía imposibilitado para ejecutar su fin, pues el torbellino mental aumentaba. Le llegaron incluso a decir si esa mujer no fuera acaso una bruja que le estaba revirtiendo su propia obsesión. El hacker cayó, entonces, en la confusión total. Finalmente, la familia intervino, aconsejándole el encuentro con la mujer real de carne y huesos.

Después de un largo período de recursos indirectos para la toma de contacto, consigue quedar con ella, rompiéndose así el espejo aliciano. Ya está en el mundo real, y ella le espera en un banco frente al mar. A cada paso que da hacia su encuentro, el corazón le palpita desenfrenadamente. Cree que nunca llegará y que caerá fulminado ante su destino. Tropieza, entonces, con el bordillo de la acera y en el suelo, mientras yace atolondrado, la mujer se inclina sobre él y cogiéndolo de las manos, le aúpa diciendo: “No es tan difícil entrar en el mundo real. Ven conmigo”.

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