![]() |
| El Barroco. |
El Renacimiento aparece como un retorno a la sabiduría de los antiguos. La cultura intelectual estará formada ahora por los humanistas, los reformadores religiosos y los hombres de la nueva ciencia. Se reivindica lo individual y sensible, lo terrenal y concreto. Después de la Edad Media, la caída de Bizancio supuso la apertura a la cultura helénica, por los eruditos huidos de Constantinopla. Luego, el invento de la impresora de Gutenberg, una nueva técnica que multiplicó la impresión de libros. Y, finalmente, el ensanchamiento de mundo con el descubrimiento de América y el Pacífico, dieron lugar a una expansión vital sin precedentes. La Historia dio un giro de página.
En filosofía se abandona el aristotelismo tomista, y aparece el neoplatonismo de la mano de Nicolás de Cusa. Pero la concepción cusana y su continuación no serán lo definitivo para el nacimiento de la filosofía moderna. Habrá que esperar al Barroco y al señor Descartes. La filosofía no quiere ya controversias interminables, sino seguir el camino seguro de la ciencia. El manifiesto al caso será el “Discurso del método” de Descartes. Se trata de buscar un método que garantice el éxito del pensamiento.
Los preceptos del método para regir el pensamiento con criterio de verdad son: 1) la evidencia o claridad y distinción, 2) la división de las dificultades en partes, 3) el orden de los pensamientos desde el más sencillo al más complejo, 4) la enumeración y revisión para no omitir nada. Siguiendo Descartes estas pautas es consciente de que todo lo pensado puede ser falso: engaño de los sentidos o equívoco de la razón. Puede que las ideas sean producto de un genio maligno que nos confunda.
El punto de partida cartesiano será la suspensión de todo aquello de lo que se pueda dudar. ¿Qué queda entonces? El “cogito” o yo pensante. De todo puedo dudar menos de que yo pienso. Es indudable que pienso, pero puedo engañarme acerca de aquello que pienso. Y para pensar, es preciso ser. Así instituye el primer principio de la filosofía que buscaba: “yo pienso, luego yo existo”. En el cogito descansa toda la certeza de la construcción de su sistema. A partir de aquí desarrollará la metafísica con la existencia de Dios como garantía de la objetividad del conocimiento, y el dualismo entre la extensión y el pensamiento.
Después de atender al yo como pensante, pasa a considerar lo pensado. La cuestión de Dios aquí le servirá de puente para pasar del yo al mundo exterior. Dios es la substancia en mayúscula, que no necesita de ninguna otra realidad para existir. Es un ser perfecto, veraz, del cual el pensar es atributo. El yo pensante depende pues de Dios y no de un genio maligno. Así se obtiene la certeza sobre el mundo. Descartes, de esta forma, establece el dualismo entre el pensamiento y la extensión.
Las notas de la extensión son la divisibilidad, la figurabilidad y la movilidad. Todo cuerpo llena un espacio de modo que otro cuerpo queda excluido de allí. La esencia del cuerpo es la extensión. Así como la esencia del yo o alma es el pensar. Res cogitans, res extensa.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada