divendres, 29 de novembre del 2013

Decálogo de la mujer libre.


Mujer.
En conmemoración de la semana dedicada a la lucha contra la violencia de género, se me ha ocurrido escribir un decálogo sobre las características que debería reunir una mujer para hallarse en la libertad absoluta de su ser. Si alguien consigue reunirlas, por favor que levante la mano, porque yo aún no he conocido a nadie así. Quizá en otro eón.


1) La mujer debería tener libertad plena de pensamiento y expresión, sin censuras, ni límites de espacio o tiempo, o de medios materiales que la coarten.


2) La mujer debería tener libertad plena sexual, para experimentar caminos sensoriales nuevos, sin ser reducida a ser irracional o irresponsable al que se tiene que controlar.


3) La mujer debería poder desarrollar un ámbito laboral gratificante y constituyente de su proyecto personal.


4) La mujer debería poder desarrollar su instinto maternal con el apoyo de una red afectiva que la sostenga.


5) La mujer debería tener acceso a todo tipo de conocimiento y acción abarcable en este mundo y en el de más allá.


6) La mujer debería poder llegar a todas las esferas de la sociedad, desarrollando así su potencialidad y capacidad de relación.


7) La mujer debería tener acceso a todo tipo de ocio, como derecho a su ser en el mundo atareado y organizativo.


8) La mujer debería tener derecho al diálogo comunicativo con todos los seres de su especie y demás, sin prejuicios, ni tabúes.


9) La mujer tiene derecho a amar y a ser amada, a desear y a ser deseada.


10) La mujer tiene derecho a abrirse y a cerrarse como toda persona que quiera descubrirse u ocultarse.


Evidentemente, no me refiero sólo a la mujer del primer mundo, sino a la del segundo, el tercero, y, sobre todo, a la del cuarto mundo. Los derechos más básicos como son el tener acceso a la sanidad, la alimentación, y la vivienda, constituyen la lucha diaria de la mayoría de las mujeres del mundo, sin tener apenas tiempo, ni motivación, para cuestionarse nada más.

Los estados y la política en general deberían ocuparse de canalizar esta lucha, facilitando el acceso de los recursos básicos a todos, sin exclusiones. No se tendrían que ocupar, como hacen, en cambio, de restringir las libertades con afán recaudatorio.

Menos estado y más conciencia individual: este sería el eslogan del futuro, para empezar a ponerlo en práctica en el presente. Tenemos medios, recursos tecnológicos y culturales suficientes, como para extender esta concienciación a todas las capas sociales. ¡Que así sea!

dimarts, 26 de novembre del 2013

La duración.


Duración.
Seguimos con la onda vitalista nietzscheana, y nos vamos a Bergson, mentor del cine, mentor de Proust, mentor de Deleuze, y un largo etc… Luchó contra el positivismo de su época y quiso captar la vida con una nueva forma de saber: la intuición. Es la experiencia inmediata de la propia conciencia, y de aquí surge la idea de la duración real. Bergson la trata como una melodía que continua indivisiblemente, en la que el pasado entra en el presente, formando un todo, al que se le va añadiendo, gota a gota, cada instante de la vida.

Es una concepción romántica del tiempo, a pesar de que Bergson no se considere tal. La intuición es la única que capta la duración real, la realidad originaria que atraviesa generaciones de individuos, la fluidez de lo real. Intuición se opone a inteligencia o entendimiento, entendidos ambos como medios esquemáticos que paralizan la realidad. La inteligencia opera sobre esquemas, que convierten el movimiento de lo real en una sucesión de inmovilidades. Separa, espacializa el tiempo, lo mide. Y el tiempo es, precisamente, lo que impide que todo haya sido dado de una vez.

Bergson entiende así el positivismo y la ciencia como un engaño de la realidad. La falsean para convertirla en funcional, para que el hombre pueda hacer un uso práctico de la misma. La realidad es espacializada y mecanizada para que el hombre pueda vivirla. Pero es la intuición la que revela el impulso vital, la fuente de la vida que luego se diversifica.

Bergson extrae unas notas de este impulso vital, que le conducirán a la idea de evolución creadora, como culmen de su metafísica: 1) la ciencia no puede explicar la vida, 2) lo azaroso puro no explica el hecho de la vida, pues la evolución se realiza en direcciones determinadas, 3) lo que lleva la vida a una dirección no es una acción mecánica de causas externas, sino un empuje interno, 4) la adaptación no es una imposición de formas a la vida, sino que la vida adopta formas para solucionar el problema que le plantea la constitución de lo externo; 5) la coordinación es un conjunto de obstáculos vencidos, 6) la materia es instrumento y obstáculo a la vida, 7) la materia divide y opone resistencia, surgiendo de ella las diversas líneas de evolución, 8) instinto e inteligencia son una realidad simple antes de su desdoblamiento, 9) la vida es imprevisible, no está regida ni por la finalidad, ni por el mecanicismo.

La intuición será así la descubridora de la evolución del mundo como evolución de la vida en sus infinitas posibilidades. La duración real es el acceso más íntimo posible a este origen de la vida. Es producto de nuestra conciencia, es poder de comprensión. Lo que dura intuido, no resbala por el tiempo como una cosa exterior; lleva en sí el tiempo y, conservándose, es siempre algo nuevo, único e irrepetible. Es inexpresable en el lenguaje, sólo se puede vislumbrar en el arte.

dijous, 21 de novembre del 2013

Un hacker en jaque.


Hacker.
Como hoy en día la mera búsqueda de información puede resultar bastante aburrida, los hackers o sus sucedáneos se dedican a infiltrarse en las vidas ajenas para sentir cómo sería si “yo llevara esa vida”. Dicen que así las prueban todas sin sobresaltos, ni dolores de cabeza. Se trata de un juego en el que asumen los roles de las personas que aparecen en el medio reflejando sus vivencias. Y es tal la intensidad con la que juegan, que incluso llegan a predecir el transcurso y el desenlace de las situaciones en las que se hallan. Viven la vida a la manera asiática: recluidos, sin apenas salir de la habitación, ni tan siquiera para comer, en un visionado continuo del quehacer de los demás.

Sin embargo, en una ocasión, a uno de estos videntes enfrascados le aconteció algo inesperado: se le rompió el espejo de Alicia, y ya no pudo contemplar la vida ajena; sino que la misma, de un empujón, lo sacó a la calle. ¡Qué tristeza le supuso tener que convivir con la pura y dura realidad! En este lado del espejo no se puede jugar, porque todo pasa factura. Cualquier hecho se parapeta con la temida responsabilidad de los actos. Y no te queda ya más remedio que apuntalar la vida para resistir el embate de las fuerzas de presión, que erosionan con mayor o menor envergadura.

El hacker en cuestión seguía la vida de una mujer, sus relaciones, su actividad, sus escritos y sus fotogramas. Estaba tan inmerso en ella, que no fue consciente que poco a poco iba cayendo a un pozo sin fondo. Se fue enamorando de sus rasgos vitales, de la expresión de su pensamiento y sensibilidad, de la cordialidad con la que trataba a sus amistades, de los eventos a los que acudía y de los tiempos en los que advertía su presencia en la red. El juego de rol se convirtió en una experiencia deliciosa a la que no quería poner fin.

Pero al mismo tiempo que se deleitaba, notaba la aparición fantasmal de trastornos insólitos en su persona: pérdida de concentración, torpeza, insomnio, apetito escaso, y hasta temblores. Las amistades le recomendaron el cese del juego inmediato, el médico también; pero él se veía imposibilitado para ejecutar su fin, pues el torbellino mental aumentaba. Le llegaron incluso a decir si esa mujer no fuera acaso una bruja que le estaba revirtiendo su propia obsesión. El hacker cayó, entonces, en la confusión total. Finalmente, la familia intervino, aconsejándole el encuentro con la mujer real de carne y huesos.

Después de un largo período de recursos indirectos para la toma de contacto, consigue quedar con ella, rompiéndose así el espejo aliciano. Ya está en el mundo real, y ella le espera en un banco frente al mar. A cada paso que da hacia su encuentro, el corazón le palpita desenfrenadamente. Cree que nunca llegará y que caerá fulminado ante su destino. Tropieza, entonces, con el bordillo de la acera y en el suelo, mientras yace atolondrado, la mujer se inclina sobre él y cogiéndolo de las manos, le aúpa diciendo: “No es tan difícil entrar en el mundo real. Ven conmigo”.

diumenge, 17 de novembre del 2013

Filosofar a martillazos.


Dinamita.
¡Yo no soy un hombre! ¡Yo soy dinamita! Es la exclamación de un profeta maldito. El grito eufórico de Nietzsche: el filósofo del martillo y de la “muerte de Dios”. El que acaba con la metafísica, el que arranca a la filosofía del seguro camino de la ciencia, de la búsqueda de la certeza; para conducirla al camino del arte, de la creatividad, de la pasión, y de la vida. El amor delirante que sintió por Cósima Listz, mujer de Wagner, fue la escenificación de un sí rotundo a la vida.

Nietzsche empezó hurgando en Grecia, como buen filólogo clásico, y descubre que la realidad griega es múltiple y no sólo racional como nos hizo creer la Ilustración. Grecia es apolínea y dionisíaca. Lo apolíneo desgarra con formas y definiciones racionales la voluntad de vivir originaria. Lo dionisíaco, en cambio, potencia dicha voluntad, haciendo al individuo profundamente feliz, aun en sus auténticas explosiones de dolor. Defiende lo ilógico como necesario para los hombres: la vuelta a la naturaleza para reaprender el goce de la vida y aceptar su dolor. Devolver al hombre el sentido de la tierra, la pasión vitalista.

Nietzsche quiere transmutar los valores, desenmascarar los conceptos a martillazos. Sus ideas son pura dinamita y las quiere llevar a cabo con la fuerza renovadora de un profeta. El trabajo del genio creativo es el que transmutará los conceptos racionales y lógicos. Será el intérprete del interior de la realidad y el que ofrecerá las diferentes perspectivas. Nietzsche, indagador como nadie, descubre que el elemento en que reposa la cultura, es la creación de valor. Y los valores tienen que ser opuestos a la “moralina” imperante de la época burguesa decimonónica en la que vive.

Hay que superar esta moralina y situarse en un punto de vista más allá del bien y del mal. De aquí su puesta a punto del concepto de la “muerte de Dios”: hay que acabar con esa religión cobarde y de reprimidos, que odian esta vida para ir a buscar sólo la del más allá. El valor supremo será, entonces, la vitalidad, la voluntad de vivir y de poder. Desde aquí erige el ideal de superhombre basado en la personalidad creadora, trágica; que vive en constante peligro y hace que su vida sea un esfuerzo y una lucha. También, siguiendo esta línea, desligará la doctrina del eterno retorno, en la que da a cada uno de los momentos de la existencia un valor infinito; tanto es así, que lo repite eternamente.

La existencia es un devenir que no conoce satisfacción, aburrimiento, ni fatiga. Por eso la voluntad de vida es un impulso que va más allá, que no se detiene nunca. Es activa y vital, superando la mera adaptación a las condiciones externas. Es la manifestación y la expansión a todas. Es la esencia íntima del ser: el “pathos”, el afecto, el sentimiento, el amor.

dimecres, 13 de novembre del 2013

El fin de una relación.


La ruptura.
Al final de una batalla, cuando ya te ha caído el obús encima, y yaces destrozado en el fondo de la cuneta; contemplas, entonces, el cielo con la poca conciencia que te queda, para repasar, a continuación, el fondo de la cuestión: la unión de dos personas, el desencuentro, el ahogo, y la soledad. Todas las relaciones se reducen a estas cuatro fases. La primera es la idealista, es la elevación a las nubes, las afinidades, los encuentros, las ilusiones, la pasión. La segunda, el choque de galaxias, donde surgen las diferencias, las confusiones, el abismo insalvable, la desilusión. Después, viene el ahogo de no soportar la situación, la presión del otro, la confianza rota, el abuso, la exaltación melodramática. Y en el último momento, la soledad: tanto esfuerzo invertido para acabar en nada, o quizá en “pax”. Una paz forzada, no querida, impuesta por las circunstancias.

En la ilusión de una relación, uno da por hecho que el otro está atento a lo que piensas y sientes; a los deseos. Pero la sorpresa del desencuentro te revela que no es así; en el fondo, nadie sabe del otro ni quiere saber. Un buen día te despiertas, y lo que dabas por sentado y consolidado, se desmorona sin quererlo ni beberlo. A veces, porque ha habido un pequeño cambio que no se ha sabido asumir: el nacimiento de un hijo, una enfermedad, o el simple hecho de librarse de una carga. Esto último, en vez de ser una alegría, se convierte en el detonante de la disolución: estábamos juntos luchando, y ahora que no hay lucha, nos separamos.

Los cambios no se asumen por comodidad, por hábito, por autoengaño, o por miedo a una pérdida de equilibrio en la pareja. El hecho de que uno se eleve por encima del otro, o desarrolle potencialidades que antes estaban latentes, descoloca. Esta puesta en acto puede connotar para el otro la aparición del fantasma de un tercero. Como has cambiado, estarías mejor con otra persona; no sé qué haces conmigo si somos tan diferentes. O has cambiado porque hay un tercero, pierdo la confianza en ti y vulnero tu intimidad para pillarte “in fraganti”.

También una crisis personal de valores, hace que te vuelvas más exigente con el otro y le pidas lo que no pueda darte. De aquí viene el ahogo, el no resistir más la presión del otro. Los comentarios hirientes, el poner el dedo en la llaga de los defectos, la humillación, y la denigración de la pareja. Cuando se llega a este punto, la conclusión es “mejor estar solo que mal acompañado”. Te pasas el día oyendo que lo has utilizado, que en el fondo querías otra cosa. Empiezan las recriminaciones y las críticas despiadadas, las malas caras, el paso de ti, que te den. Finalmente, esperas la oportunidad, el suceso que haga que todo acabe de una vez. La liberación de cadenas y engranajes, la elevación de ancla, para que el barco pueda navegar otra vez. ¡Sea para bien!



dilluns, 11 de novembre del 2013

El novio cósmico.


Novio monster high.
Hace pocos días le regalé a mi hija un novio “monster high”. Es un muñeco azulado, con gafas psicodélicas y cabello alborotado. Mi hija juega a vestirlo, a desvestirlo, y a emparejarlo con su novia, una exclusiva “monster high”. Al verla jugar, recuerdo mi niñez, durante la cual lo que se estilaba, en cambio, eran unos simples muñecos que componían “la familia feliz”. Consistían en el papá Juan, la mamá Ana, y el bebé Dulce. Iban en una caravana preciosa, de veraneo; y, vivían en un chalet de cuatro compartimentos abiertos al exterior.

Me pasaba el día viajando con los tres por el pasillo de casa, mientras observaba a mi hermano cómo organizaba batallas con los “clippers” y los “argamboys”. Cuando comparo épocas, aparte de la evidente conclusión de que antes se jugaba más y ahora ni por esas, me doy cuenta de que hoy todo se reduce a novios y novias, a cortar y a salir. Ya no hay viviendas, ni viajes familiares, ni mucho menos bebés. Cuando le pregunto a mi hija si le gustan los bebés, la respuesta es obvia: “ni por asomo, eso de cambiar pañales es una asquerosidad”.

¿Vamos hacia una sociedad de “singles”? Porque ya no se trata de debatir sobre los diferentes tipos de familia que existen, o sobre si es más legítima una que otra. El problema es que en un futuro no muy lejano el concepto de familia dejará de existir. La mente humana está preparada para ser un baile de átomos o dígitos. Hoy estaré en Singapur con Blas, mañana en New Jersey con Edwin, pasado mañana en Marte con Boris. Mantendremos una relación cordial con todos, pero no me hables ni de profundidades, ni de compromisos. Eso quedará para el tercer mundo. Y los que pretendan hacer uso de algún tipo de religación, los llamarán degenerados: terroristas que atentan contra la propia especie evolucionada.

¿Evolución o involución? El salto cualitativo de nuestra especie nos invalida y nos torna vulnerables frente a los cambios continuos de la naturaleza. Poseemos un cuerpo indefenso y un estado psíquico frágil, alterable ante cualquier circunstancia. Lo único que nos salva de perecer como especie es la cultura. Y la cultura se forja sobre la religación. Si no te anclas, si no te religas con el otro fuera de ti mismo, se pierden las redes de conexión. Eres un barco a la deriva. Todo lo que se hace, al instante se deshace. Las piezas del puzzle, al final, restan deslabazadas y olvidadas en un triste cajón de armario.

divendres, 8 de novembre del 2013

Kant for ever.


Kant y la Crítica de la Razón Pura.
Hace poco sorprendió la noticia de un tiroteo en Rusia de dos jóvenes que decían adorar a Kant. Uno recriminaba al otro que su admiración por Kant era mayor, mientras que el otro le replicaba que la suya lo superaba. La pasión desbordada de ambos acabó a tiros. Pero, ¿qué tiene Kant para destapar la caja de Pandora siglos después? Kant es la revolución de la filosofía. La vuelta de tuerca definitiva, el Copérnico filósofo. Hijo de la Ilustración y ferviente seguidor de Newton, sin apenas salir de su Könisberg natal, consigue ser una de las mentes más universales de la historia.

Al igual que Descartes y los filósofos de la época, buscaba el seguro camino de la ciencia. Y lo halló en el criticismo y la filosofía trascendental. Escribió tres tratados que han sido clave para la filosofía de la humanidad: La “Crítica de la Razón Pura”, la “Crítica de la Razón Práctica”, y la “Crítica del Juicio”. Responden a las tres grandes preguntas del hombre: ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, y ¿qué hay que esperar?

Para Kant el conocimiento no resulta sólo de lo que es dado por la experiencia. Se necesitan unas condiciones para que eso dado sea pensable. La crítica del conocimiento pondrá de manifiesto esas condiciones que dan forma a lo dado. Así es cómo ordenamos el mundo y lo hacemos comprensible para nosotros. Estas formas ordenadoras, universales y válidas para todo conocimiento estructurado, constituyen el objeto de estudio de la filosofía. Son a priori, es decir, que están antes de que se dé la experiencia misma. Y el método para descubrirlas es la “filosofía trascendental”, el fruto de la revolución copernicana de Kant.

El sistema de ordenación pasa por la estructuración de los datos sensibles en juicios, y éstos a su vez en sistemas más complejos que son las ciencias. Estos juicios reducen o sintetizan a unidad las intuiciones sensibles. Existen diversos tipos de juicio: los analíticos que son a priori y tautológicos (la información ya está en el sujeto y no necesitan confirmación por parte de la experiencia). Los juicios sintéticos son los que unen un sujeto a un predicado no incluido en el sujeto. Amplían nuestro saber y son gracias a la experiencia. Pero también están los juicios sintéticos a priori, que se descubren con la experiencia, aunque les está sometida. Dan forma a la experiencia pero sin estar en la misma. Son trascendentales, ideas innatas.

El conocimiento científico es a posteriori, surge de la experiencia; pero se funda en principios universales, a priori. La “Crítica de la Razón Pura” será la investigación de la posibilidad de los juicios sintéticos a priori. Éstos se dividen en principios a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo), y principios a priori del entendimiento (categorías). De los primeros se ocupa la “Estética trascendental”, de los segundos, la “Lógica o Analítica trascendental”. El hilo conductor será la tabla de los juicios, después habrá la de las categorías y la de los esquemas.

dijous, 7 de novembre del 2013

Cogito ergo sum.


El Barroco.
El Renacimiento aparece como un retorno a la sabiduría de los antiguos. La cultura intelectual estará formada ahora por los humanistas, los reformadores religiosos y los hombres de la nueva ciencia. Se reivindica lo individual y sensible, lo terrenal y concreto. Después de la Edad Media, la caída de Bizancio supuso la apertura a la cultura helénica, por los eruditos huidos de Constantinopla. Luego, el invento de la impresora de Gutenberg, una nueva técnica que multiplicó la impresión de libros. Y, finalmente, el ensanchamiento de mundo con el descubrimiento de América y el Pacífico, dieron lugar a una expansión vital sin precedentes. La Historia dio un giro de página.

En filosofía se abandona el aristotelismo tomista, y aparece el neoplatonismo de la mano de Nicolás de Cusa. Pero la concepción cusana y su continuación no serán lo definitivo para el nacimiento de la filosofía moderna. Habrá que esperar al Barroco y al señor Descartes. La filosofía no quiere ya controversias interminables, sino seguir el camino seguro de la ciencia. El manifiesto al caso será el “Discurso del método” de Descartes. Se trata de buscar un método que garantice el éxito del pensamiento.

Los preceptos del método para regir el pensamiento con criterio de verdad son: 1) la evidencia o claridad y distinción, 2) la división de las dificultades en partes, 3) el orden de los pensamientos desde el más sencillo al más complejo, 4) la enumeración y revisión para no omitir nada. Siguiendo Descartes estas pautas es consciente de que todo lo pensado puede ser falso: engaño de los sentidos o equívoco de la razón. Puede que las ideas sean producto de un genio maligno que nos confunda.

El punto de partida cartesiano será la suspensión de todo aquello de lo que se pueda dudar. ¿Qué queda entonces? El “cogito” o yo pensante. De todo puedo dudar menos de que yo pienso. Es indudable que pienso, pero puedo engañarme acerca de aquello que pienso. Y para pensar, es preciso ser. Así instituye el primer principio de la filosofía que buscaba: “yo pienso, luego yo existo”. En el cogito descansa toda la certeza de la construcción de su sistema. A partir de aquí desarrollará la metafísica con la existencia de Dios como garantía de la objetividad del conocimiento, y el dualismo entre la extensión y el pensamiento.

Después de atender al yo como pensante, pasa a considerar lo pensado. La cuestión de Dios aquí le servirá de puente para pasar del yo al mundo exterior. Dios es la substancia en mayúscula, que no necesita de ninguna otra realidad para existir. Es un ser perfecto, veraz, del cual el pensar es atributo. El yo pensante depende pues de Dios y no de un genio maligno. Así se obtiene la certeza sobre el mundo. Descartes, de esta forma, establece el dualismo entre el pensamiento y la extensión.

Las notas de la extensión son la divisibilidad, la figurabilidad y la movilidad. Todo cuerpo llena un espacio de modo que otro cuerpo queda excluido de allí. La esencia del cuerpo es la extensión. Así como la esencia del yo o alma es el pensar. Res cogitans, res extensa.

dilluns, 4 de novembre del 2013

Doctor Angélico.


Santo Tomás de Aquino.
El s.XIII es el gran siglo de las universidades. Hasta ahora el saber dominante se concentraba en los monasterios. Pero con el surgimiento de las ciudades y del mundo urbano, las nuevas órdenes mendicantes (los frailes franciscanos y dominicos), se instalaron en las universidades. “Universitas” era el conjunto de personas que participaban en la actividad escolar de una ciudad, en establecimientos no privados. Era una institución autónoma en las jurisdicciones y abierta a las distintas nacionalidades. Al “Studium generale” podían acudir estudiantes de todas partes.

La primera Universidad diversificada fue la de Bolonia, y la de París fue el centro indiscutible de la teología del XIII. Se fundó en el siglo anterior cuando Robert Soborn estableció su pensionado (la Sorbonne) para estudiantes y maestros de teología faltos de recursos económicos. Los textos del s.XIII son las “Summae”. Significaban el punto principal de un asunto. Y la Suma teológica de Santo Tomás de Aquino fue la principal de todas ellas. El tema a debate en la época eran las relaciones entre la razón y la fe.

Santo Tomás apostó por la concordancia entre razón y fe, y por el aristotelismo. Según Tomás hay diferentes universos en la realidad: el físico, el de las verdades metafísicas, y el sobrenatural. En los dos primeros el entendimiento se apodera de las cosas según su propio modo. Para el tercero se requiere de la Revelación. Razón y fe se han de armonizar: la razón ha de poder desarrollar sus posibilidades con toda libertad, pero puesta al servicio de la fe. Hará uso de la filosofía para exponer los supuestos necesarios de la fe, para hacer más accesibles los misterios, y para argumentar su defensa.

La vida temporal está subordinada a la eterna. Estamos en el medioevo y la preocupación máxima reside en alcanzar a Dios. Santo Tomás establecerá cinco vías: 1) la del movimiento que requiere el primer motor aristotélico, 2) la serie de causas eficientes que reclaman también la Primera, 3) lo contingente y lo necesario, 4) la existencia de grados de perfección hasta llegar a lo Óptimo, 5) y que la finalidad de la naturaleza exige un Ordenador.

Este Ordenador, y según el grado de perfección, ordena descendentemente el mundo creado. Las primeras criaturas que nos aparecen son los ángeles. Son seres inmateriales, simples, porque su existencia no se identifica con su esencia (como sí acontece con Dios), esencia que es pura forma no necesitada de materia. Les falta así el principio de individuación: cada ángel constituye una especie.

El más elevado de los seres compuestos de materia es el hombre. Su alma pertenece a los seres inmateriales, pero ya no es pura inteligencia. Está unido a un cuerpo hilemórficamente. No posee la aprehensión directa del inteligible, pero es capaz de iluminar las especies inteligibles. Puede formar los primeros principios, que preexisten en él en estado virtual. El conocimiento de lo inteligible consiste en separar de las cosas el elemento universal que las contiene, su forma (aristotelismo puro). La forma es activa; la actividad se dirige hacia el mundo de los objetos, y eso la conduce a los dominios del hacer.

diumenge, 3 de novembre del 2013

La profecía.


Daniel en el foso de los leones.
La profecía se sitúa en un papel socrático de crítica del sistema cuando éste se aleja de lo considerado verdadero. Aparece cuando las instituciones se corrompen y se reclama lo auténtico. Entonces, pasado y futuro se integran en el presente, dejando de existir tiempos o espacios faltos de sentido. Lo auténtico reclama su trono, a modo de voces inspiradas en la palabra. Es una palabra dotadora de acción, eficaz en sí misma, que transforma lo que acontece.

Sólo los profetas conocen las fronteras del ser. Son los descubridores del significado de las cosas y quienes lo sitúan delante de los pueblos. Utilizan la palabra no sólo para ordenar los pensamientos, sino para ejercer una influencia sobre la realidad y sobre los otros, en forma de maldición y de bendición. Si una palabra es buena lleva a la prosperidad, si es mala, a la infelicidad. Si es portadora de sentido, es eficaz y verdadera. La revelación profética plasma y dirige la historia.

La existencia del profeta arranca en el momento de la irrupción de la palabra, y toda su vida la ha de poner al servicio de la misma, para ser comunicada. El profeta está atrapado por la palabra. Se apodera de él y lo secuestra. Hablamos, principalmente, de los videntes bíblicos, cuyo modo de ser forma parte de su misión. La participación que realizan en el acontecimiento revelador, es existencial. En ellos se abre el espacio entre tiempo y eternidad. En este espacio, además, aparece el individuo con su propio destino.

Es el caso de Daniel, el profeta, que forma parte de la tradición de sabiduría judaica. La sabiduría en Israel era el conocimiento que los hombres tenían del mundo que los rodeaba; de la constitución y disposición del espacio vital; de la interpretación de los secretos del mundo. Era un carisma divino el preguntar y responder del hombre por el sentido de las cosas. El hallar la postura justa en el mundo. Los sabios tienen un papel de guía: ayudar a ver claro cómo los reinos del mundo salen de la dimensión de lo caótico; cómo su esencia y comportamiento aparecen con extraños contornos.

Daniel se formó con los sabios de la corte, y más tarde fue considerado él mismo sabio. Fue un sabio de carácter especial. Exiliado y enfrentado a dos reyes poderosos, tenía un don extraordinario, un saber y una inteligencia capaces de interpretar sueños, como el de la estatua y el del árbol de Nabucodonosor; y de descifrar enigmas y resolver problemas. Poseía el arte de la hermenéutica.

En el muro del palacio real de Baltasar, de repente aparecieron unos dedos de mano humana que se pusieron a escribir frente al candelabro, y el rey vio el trozo de mano que escribía. Daniel interpretó el significado de las palabras escritas: Mené, Téquel y Perés. Era el fin de su reino y aquella misma noche murió asesinado Baltasar.

divendres, 1 de novembre del 2013

La madurez de la filosofía.


La escuela de Atenas.
La madurez de la filosofía acontece con Platón y Aristóteles. Platón tuvo de maestro a Sócrates y de discípulo a Aristóteles. El pupilo de Aristóteles fue nada menos que Alejandro Magno.

La filosofía de Platón es la dialéctica. Platón considera que el pensamiento es superior a la percepción sensible. Mediante el intercambio de razones o dialéctica se alcanza la verdad. Acabará siendo la ciencia de las relaciones entre las ideas. Su ordenación en un sistema. Conocer es conocer lo que es, no lo que parece. Del devenir fugaz de las cosas, se opina; pero para saber de las mismas, hay que ver de qué participan. Y lo hacen de las ideas (una cosa recta lo es porque participa de la idea de lo recto).

La caverna de Platón es una alegoría de la participación: las sombras participan de los objetos, los cuales, a su vez, son imágenes del ser de las cosas reales. Por eso hay que salir de la caverna para contemplar lo que es tal como es en sí. Y se contempla gracias a la luz del sol o la idea del Bien, que para Platón es la suprema. Se trata de pasar de las cosas a las ideas. Resultará de ello dos tipos de saber: el sensible y el inteligible. El primero sería el mundo de la opinión y el segundo el de la verdad o ciencia.

Para Aristóteles, en cambio, el conocimiento de la realidad sensible hace posible los conocimientos superiores. Por un proceso de abstracción o inducción, se obtienen las formas o principios explicativos de los hechos observados. Después, por deducción, se desciende a la explicación de la experiencia. Aristóteles siempre tendió hacia el mundo natural, en cambio Platón, a salirse fuera de él. Las ideas en Platón están separadas, pero en Aristóteles están en los objetos sensibles, en la materia.

Los objetos sensibles están sujetos a cambio, pero no por ello son menos reales. Están poseídos de forma y materia. El fin del devenir se produce cuando la materia ha asumido una forma. Entonces se hace en acto, lo que antes estaba en potencia. Materia y forma hacen posible el movimiento de los seres cambiantes, que además necesitan del “motor”, o lo que hace que en la materia se sustituyan unas formas por otras. La materia tiene un deseo o empeño hacia su cumplimiento en una forma. Esto es la actualización que presupone una privación: si eres algo dejas de ser otros posibles.

El movimiento en su totalidad, o la naturaleza en movimiento, requiere de un acto puro o “motor inmóvil”. Mueve sin moverse, sin ninguna potencia por actualizar, es la “Causa Final” de toda realidad, la perfección suma a lo cual todo aspira. Aquí Aristóteles liga la idea de Bien de Platón. Las clases de movimiento o cambio en Aristóteles son cuatro: el cambio sustancial (que algo empiece o deje de ser), la transformación o cambio cualitativo, el cambio cuantitativo (aumento o disminución), y el cambio de lugar.

Platón y Aristóteles son los grandes magos del saber, de los cuales la humanidad ha obtenido el conocimiento durante siglos y siglos. Véase, sino, el neoplatonismo y el tomismo que han imperado hasta la contemporaneidad.