| El cordero. |
Es el dolor visceral de todo esfuerzo titánico de lo humano: un dolor que no haya consuelo. La única respuesta que obtiene es escuchar la risa de los dioses. La vida de los hombres es trágica y Zeus responde con la risa. Así también cuando hay disputas entre los dioses mismos. La risa es un bálsamo que evita que se produzca el derramamiento de sangre, y un indicio de que se conoce la naturaleza humana y de que se prevee sus consecuencias. Son dos ideas contrapuestas en el pensamiento griego: a la idea de la risa le corresponde la idea de la contradictoria existencia humana.
El hombre se recrea en la propia ruina y ama la desgracia desatada, lo que provoca la hilaridad divina. Epimeteo, hermano de Prometeo recoge como regalo a Pandora, la última fuente inagotable de miseria para la humanidad. Zeus, viendo que los seres humanos se deleitan en la mujer y aman su propia desgracia, suelta una carcajada. La risa de Zeus es aniquiladora pero nadie muere por ella. Nada se modifica en la contradictoria existencia humana. Lo trágico y lo cómico se unen. Las figuras humanas y divinas perfilan sus límites. Cuando se violan los límites de la propia forma, se suscita entonces la risa. Se disuelve así todo rasgo titánico que pueda acabar mal.
La sonrisa de Zeus apacigua el dolor y la discordia. Es la relajación de una tensión social. Es la señal del ser pleno que todo lo abarca, lo humano y lo titánico. Por suerte, hoy en día, no nos hemos quedado con la risa de los dioses griegos. El hombre ha perdido su impotencia y su ser trágico. ¿Cómo? Con un escándalo tan mayúsculo que muchos todavía lo consideran inaceptable. El escándalo es que un dios, Dios, se haya infiltrado entre los humanos, y haya padecido sus miserias para salvarlos. Este hecho es inadmisible para una concepción separatista entre el mundo divino y el humano, donde no cabe intercesión posible. También para aquellas religiones donde Dios es innombrable y donde nada se puede decir de Él, ni tan siquiera representarlo.
¿Nos consideramos salvados o aún padecemos la risa divina?
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