| Hera o el Árbol del Mundo. |
La fecundidad de la mujer se une a la fertilidad de la tierra. Las mujeres se convierten en responsables de las cosechas, pues ellas son las que conocen el misterio de la creación. Misterio que rige la vida, la alimentación y la muerte. La mujer se asimila al suelo fértil y pare sin ayuda alguna. Es Hera cuando concibe y da a luz a Hefesto y a Ares. Es el parto en el suelo, el gesto de depositar en tierra al recién nacido. El hombre, nacido de la tierra, retorna a su madre al morir.
La sacralidad femenina y maternal se confunde con el enigma milagroso de la creación. La matriz de la mujer es la matriz de la tierra. Es el misterio de la vegetación, en el que se exige la muerte de la semilla para asegurarle un nuevo nacimiento aún más maravilloso, porque se traduce en una sorprendente multiplicación. Es una verdad que se ha mantenido incluso para el hombre contemporáneo.
Incluso la creatividad religiosa viene suscitada por el misterio del nacimiento, de la muerte y del renacer identificado en el ritmo de la vegetación. Son los dioses que mueren y resucitan. Se elabora también una religión cósmica basada en la renovación periódica del mundo. Los ritmos cósmicos son tomados de la vida vegetal. Su símbolo es el Árbol del mundo. Así la realidad absoluta, el rejuvenecimiento, la inmortalidad se presentan bajo la forma de un fruto o de una fuente que mana al pie de un árbol.
En el centro del mundo hay un Árbol cósmico que une las tres regiones cósmicas: raíces en el infierno, tronco en la tierra, y las ramas que tocan el cielo. El espacio también se determinó a raíz de esta concepción. Para el agricultor, el mundo verdadero es el espacio en que vive: la casa, la aldea, los campos de cultivo. Aparecerá el lugar consagrado, como centro del mundo, donde tendrán lugar los ritos y plegarias, y se erigirán altares y santuarios. Es el lugar donde se establece la comunicación con los seres sobrehumanos.
La vivienda poseerá, pues, un simbolismo cosmológico y se considerará una “imago mundi”. Se dividirá en estancias simbolizando las fuerzas antagónicas cósmicas, como lo masculino y lo femenino, cuyo combate aumenta el poder creador de la vida.
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