dijous, 1 de maig del 2014

Recrear el mundo.


Bergson.
El mundo se recrea sobre elementos imposibles. Cuando el continente se desarticula, se producen islas que se niegan a ser absorbidas de nuevo. También existe un movimiento de las profundidades que hace aflorar las islas, con un carácter diferente, originario. Pero ambos tipos de islas denotan lo mismo: la oposición mar-tierra. En las primeras islas el mar devora el continente; en las segundas, la tierra horada la superficie marina.

El género humano aparece cuando el combate mar-tierra ha acabado. El hombre recrea entonces el mundo a partir de la isla y sobre las aguas. Se retrotrae hasta el movimiento que conduce a la isla. Se vuelve extraño para reflejar lo primario. Recupera el comienzo para profundizarlo.

En el comienzo la diferencia interna de las cosas se patentiza para que cada una de ellas se distinga de las demás. La intuición humana gozará de la distribución de dichas diferencias. La literatura intentará comprender los contrasentidos que la conciencia le vaya presentando sobre las mismas. Y la filosofía forjará el concepto adecuado a cada objeto para que de su unión surja la diferencia interna.

Las diferencias se distribuirán por articulaciones de lo real. Y las líneas de hechos serán las direcciones que tomen las cosas. Las articulaciones separan y las líneas reúnen. Lo real es el compendio de ambas, y lo más importante será el sentido en que se recorren: divergente o convergente. Las cosas expresan tendencias, y éstas están más allá de su producto. Son el sujeto mismo, y la razón debe llegar hasta él, hasta el matiz y no la categoría. El matiz será la esencia.

Las esencias son captaciones de matices de frecuencias, como la duración que caracteriza una determinada tensión. La duración difiere de sí misma, porque une la sustancia con el sujeto. Substancia en tanto que es indivisible y sujeto en tanto tendencia. Duramos porque somos indivisibles y tendemos a acentuar nuestros caracteres.

La duración interior de la persona es la vida continua de una memoria que prolonga el pasado en el presente. En su continuo cambio cualitativo el presente encierra la imagen cada vez más ampliada del pasado. Pero no se queda sólo en dos tiempos, sino que abarca también el tercero: el porvenir. La memoria es una función del porvenir, porque gracias a ella la persona puede desviarse del pasado.

El recuerdo es contemporáneo de la percepción y se prolonga al momento siguiente. Éste aparece cuando el anterior todavía no se ha desvanecido. Es una contracción que define la duración, y se opone a la repetición. En la repetición sí que el modo presente aparece cuando el anterior se ha desvanecido. Designa la exterioridad, la materia. En cambio la contracción designa la diferencia interna, lo irrepetible. Se da en el espíritu.

La repetición deja al objeto subsistir, lo mantiene en su particularidad. La diferencia lo constituye. Materia y espíritu, repetición y diferencia, así recreamos el mundo, lo hacemos nuestro, humano, después de haber sido creado por los dioses.

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