dilluns, 12 de maig del 2014

La muñeca detrás del espejo.


Espejo antiguo.
En el espejo permanecen los trazos de la mirada extraviada de un ser, sin memoria ni recuerdo, que deambula en el limbo de los encuentros fugaces. Son amagos de presencias que se diluyen con el roce de los dedos. La muñeca parece alcanzarlas y sonríe, sin embargo, se trata del gesto inexpresivo de un ente sin vida.

Sobre la superficie blanquecina, enfundada en el dorado opaco del marco, bailan las motas de polvo transfiguradas, gracias a los haces de luz que atraviesan el cortinaje. Ella los observa en la impasibilidad del duermevela.

El espesor de la estancia sostiene el recio comedor junto a la vitrina, que exhibe las ofrendas encapsuladas. Son figuras aniñadas que han perdido a su dueña, pues se ha convertido en una más de ellas.

Cruzar dos mundos y quedarse en medio, sin conciencia. Percibir sensaciones, pero sin poseer la matriz que las acoja. No hay ubicación, el tiempo y el espacio se difuminan. La materialización resulta imposible sin coordenadas. El barco va a la deriva.

Navegando sin rumbo, solo queda embarrancar o la colisión contra un escollo insalvable. Imposible aferrarse a ningún recuerdo. ¿A dónde vas madre? Como un susurro apenas audible la vida pasa delante de ti y no deja huella. Tampoco consigues impregnar nada en ella.

Los seres que te cercan observan la repetición. Se ha borrado la diferencia que te distinguía. El alma ya no está en ti, flota, y no sabemos dónde hallarla. El mundo que sostenía tu presencia se ha derrumbado. La casa de muñecas nunca volverá a estar en pie.

El aire se cuela por la ventana abierta y juega con el dobladillo de la cortina. Es el velo de novia que llevas y te transporta a un altar mágico. Lo presiden las mimosas que revolotean cual mariposas del jardín. Se posan en tu cabello de un rubio frondoso y aletean para elevarte y conducirte lejos de aquí. No eres ya de este mundo.

El mundo que rozaste fue muy tenue y apenas ha quedado señal ninguna. La imagen de una escalera, de un cesto de la compra, del seiscientos anaranjado, la salida del colegio, un veraneo en la playa, y la hamaca de debajo de la morera. Poco más, otras figuras impidieron la realización plena, si es que la llevaras en potencia.

El legado de una vida quizá sea ir más allá de ella. El sentido que uno pueda tener de la misma es intransferible. Lo que valió para tu ser no puede servir para el mío. La apariencia será semejante, pero el fondo variará de color indudablemente. Son demasiadas las pinceladas que cubren: el bagaje, el estudio, la cultura, la experiencia, la diferencia de relación con los seres colindantes…

Sigues en el espejo, reflejando lo que observas. Cierro la ventana y apenas lo percibes. Solo restan los trazos de la mirada: agua líquida.

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