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| Leibniz. |
Nos vamos al Barroco, nos vamos a Leibniz, a la infinitud y al pliegue. La concepción barroca del universo reside en la afectación de una curvatura. El universo es curvo y produce que las cosas se plieguen. Aquello que envuelve a lo que está plegado será el punto de vista. La inflexión del universo remite al punto de vista, que será otra de las grandes creaciones del Barroco: el perspectivismo.
El punto de vista es el que ordena las series infinitesimales. El infinito en el Barroco es muy importante y Leibniz fue el inventor del cálculo infinitesimal. Lo que envuelve a lo envuelto, el punto de vista, es el sujeto. Y lo envuelto es la curvatura variable, el mundo. El sujeto envuelve el mundo. ¡Qué enunciado más precioso!
Seguimos, el punto de vista no constituye al sujeto, sino que es su modalidad. Su constitución es el ser envolvente. Lo envuelto, el mundo, es el predicado del sujeto. El alma envuelve los estados del mundo como predicados del sujeto. El alma se lee a sí misma. El sujeto es individual, no puede ser colectivo, porque no llegaría a un punto de vista. Cada sujeto es espejo del mundo bajo su punto de vista. El mundo existe como pliegue, encerrado en cada alma o sujeto. El sujeto será la pantalla sobre la que pasa una película.
Dentro de la serie infinita del mundo, cada sujeto responde a una variación. Cada uno lee una región del mundo clara y distintamente. La capacidad de lectura es finita: envolvemos el mundo enteramente, pero sólo podemos leer una porción del mismo.
Otra concepción importante del Barroco es el manierismo. El ser se caracteriza por sus maneras, la sustancia tiene maneras de ser. El predicado, lo que envuelve el sujeto, nos explica aconteceres, relaciones del sujeto con la existencia y el tiempo. Nudos gordianos, torsiones. Y las relaciones de una singularidad con otra combinarán a modo de una teoría de los juegos.
He aquí el gran concepto leibniziano de la composibilidad: de todos los mundos posibles, de todas las combinaciones existenciales, Dios ha dado paso a la vida a la mejor de ellas. El mejor mundo posible es el que cubre con mayor ahínco el espacio de la creación. Es el que gana más amplitud en el juego. El que rellena con más figuras el cartón disponible. De aquí se deriva la misión del hombre: aumentar la región iluminada que nos corresponde, ganar en profundidad. Cada alma porta un acta sellada, su destino. ¡Despliégalo!
El condenado, el diablo no redimido, es el que permanece en su estrechez de miras. El que vomita el mundo fuera de sí, quedándose en la franja del odio: el odio a todo, a todos, a Dios. Se regocija en el placer de la expulsión: estoy jodido pero lo siento con satisfacción, por fin soy yo a secas. El alma retrocede en la oscuridad y da la espalda a la luz. Molesta que la naturaleza, el todo, Dios, se pasee por los objetos convirtiéndolos en acontecimientos. Molesta la vida.

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