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| La compañía de aviones. |
La desaparición del avión de Malasia augura una nueva era de ciberterrorismo. La potencia informática ha llegado a un nivel tal que ya se juega a defenestrar aviones. Pero no sólo es un juego, la implicación es mayor; inmensa. Consiste en poner en jaque al sistema informático vigente: eludir radares, sistemas de controles, paralizar un avión entero para que no emita ninguna señal, desoxigenar a sus ocupantes; y todo ello a distancia, sin poner en riesgo la vida del terrorista, como antaño que acababa en suicidio.
Las compañías de vuelo aterrorizadas, los fabricantes de aviones descolocados, los sistemas de seguridad, la C.I.A, el F.B.I, la N.A.S.A, la O.T.A.N, en pie de guerra. En cualquier momento puede volver a ocurrir, quizá en el avión que vayamos a coger la semana que viene. El terrorismo consigue así su objetivo: crear el terror que invada el planeta, que paralice al mundo. Es un reclamo, una llamada desde Tánatos, la muerte.
La muerte limita, pone fin a algo, se supone que para preservar la vida en general. Si algo muere, el resto de la vida se conserva, se limita, para no perecer en una expansión ilimitada. El terrorista no quiere acabar con la vida del planeta, pretende conservar algo para que la extensión inabarcable no acabe con ello. Suele ser un modo de vida tradicional, como el terrorismo árabe, o una concepción nacionalista como la E.T.A o el I.R.A. También los atentados racistas son terroristas, con el fin de preservar la raza aria o autóctona de un país.
Los terroristas no quieren el progreso que acabe con lo originario de un lugar. No desean el universalismo, ni la modernidad, porque destruyen aquello enraizado, aposentado en la tierra durante siglos. Utilizan la muerte como medio, no como fin en sí mismo, para advertir de que lo originario sigue allí y que no debe ser pisoteado. Son las púas del erizo, el veneno de la araña, el aguijón del escorpión. Mecanismos mortales de defensa de especies pisoteadas.
¿Habría que preguntarse, entonces, qué hay de originario detrás del ciberterrorismo? ¿Qué es lo que pretenden conservar? Quizá no se quiera conservar nada, en este caso, sino alcanzar lo que se halla en la filosofía cibernética: un mundo virtual con un poderío inmenso más allá del mundo limitante. Un Mátrix en el que ya se esté dando una guerra de las galaxias por obtener el mejor posicionamiento cara al control de su dominio. Se trata de la conquista de un nuevo Oeste, en donde el mundo real se configura en medio para la lucha final.
Tanto el terrorismo clásico como el moderno comparten, en definitiva, el mismo papel: jugar a ser Dios y convertirse en jueces de la vida y de la muerte de los demás, con fines estratégicos. ¿Qué tal si dejamos de ser dioses y nos comportamos como lo que somos, hombres, que viven y dejan vivir?

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