dilluns, 17 de març del 2014

El mito de la caverna.


La caverna.
El demiurgo es el hacedor del mundo, el que constituye el todo sensible a partir del molde de las ideas. Es el Artífice, el artesano que deposita el alma de lo circundante. También quien congenia los espíritus con los astros celestes. Lilith, la primera mujer, conoce al demiurgo y conducirá a su amante ante él para conseguir la inmortalidad. El hacedor ubicará entonces la lente perfecta del óptico en el destino de la estrella adecuada. Sin embargo, el ángel caído del lago tiene al monje amarrado a una roca. Convertido ya en oscuridad, sólo puede vislumbrar las sombras de la caverna.

La parábola de la caverna platónica comienza así. Define la situación de una serie de hombres encadenados ante el presente, sin otra visión de sí mismos y de los demás que las sombras proyectadas por un fuego invisible. Ante tal perspectiva, sólo cuentan con el criterio de la cotidianidad. No son capaces de ver en su extrañeza.

De repente, a uno de ellos se le desencadena y se le ofrece la posibilidad de ver las cosas reales que proyectan aquellas sombras. Pero el liberado no puede aún comprender el cambio operado. Se aferra a las sombras, pues requiere su tiempo la puesta en relieve de las referencias de lo verdadero. Lo verdadero es cambiante según la situación del hombre.

El desvinculado, al sustraerle las cadenas, se vuelve inseguro. Todavía no es libre. Se adquiere la libertad en el vincularse que proyecta, cuando se mira a la luz. Primero en el fuego, luego en la verdadera luz externa del sol. El hombre ha de sufrir un doloroso ascenso, arrancado de la seguridad de la cueva (el útero materno), para sustentarse por fin en la superficie. Gracias a la luz reconocerá lo que es. Eso que es, el ente, nos adviene e interpreta el ser. Entender el ser significa proyectar la estructura esencial de lo ente.

Cuando el hombre descubre lo real, decide bajar de nuevo a la caverna y comunicarlo a sus compañeros. Ha dejado de ser un simple hombre y se ha convertido en filósofo, pues porta en su interior la necesidad de entender lo que las cosas son. El filósofo se halla ya en la caverna; sólo le resta la aniquilación. Los demás no admiten más que las sombras e interpretan la desvinculación del filósofo como un acto violento que debe ser respondido con la muerte. Hay muchas maneras de matar a un filósofo, pero la principal es volverlo a sumergir en la oscuridad de la cotidianidad.

Lilith sabía que le esperaba la muerte. Su propio amante la mataría si le soltaba las cadenas. Veía en sus ojos reflejado al ángel oscuro. No obstante, ella era claridad y no podía dejar de hacer su cometido. Mientras lo desencadenaba, sintió cómo la hoz segaba su vida velozmente. Así, de esta forma, comenzó la leyenda de la sombra: con la aniquilación del amor, de su propio amor. No supo esperar el tiempo necesario para ver la luz.

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