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| Hipatia de Alejandría. |
Tras ver la divina película de Amenábar sobre la filósofa, uno se cuestiona: ¿y por qué no se casó con el pretendiente bien situado políticamente para así salvar su vida? Lo mismo que uno se pregunta sobre Sócrates: ¿por qué no salvó la vida aceptando la salida que le ofrecían sus amistades? ¿Acaso para un filósofo hay algo más importante que la vida? La respuesta es evidente: sí lo hay.
El filósofo, el vidente, el poeta y el profeta, ocuparon en sus orígenes un campo común. Era todo aquello que quedaba fuera del mundo sensible cotidiano. Una realidad outside, inalcanzable a través del tiempo, y equiparada al ámbito divino. Estos cuatro personajes reproducirán en su alma el orden divino del mundo y serán la puerta de acceso al mismo. Es una esfera invisible y muy codiciada para el resto de los mortales.
El profeta se halla inspirado por Apolo, el poeta por las Musas, y el filósofo por la diosa Razón. Son formas de locura divina que otorgan un poder especial. Todos arrebatados por la pasión son conducidos hacia el interior de la región situada por encima de los cielos visibles. La pasión del filósofo es la búsqueda de la verdad, que implica la crítica racional. Es el más devastador. Los otros, en cambio, son conservadores de un mundo mítico arcaico.
El filósofo descubre el pensamiento que gobierna todas las cosas, y lo descubre tanto en sí mismo como en la Naturaleza. Confía en la identidad de su razón con una parte de la conciencia cósmica para tener la visión de la naturaleza real de las cosas. La fuerza del pensamiento discierne esta realidad oculta a los sentidos. La razón intuitiva “nous” reemplaza así a la facultad superior que actuaba en los sueños y visiones proféticas.
Lo sobrenatural en el filósofo se convierte en lo metafísico. Será el orden inteligible del mundo, y no la mezcla de visiones y sonidos que se presentan ante nuestros sentidos en un flujo constante. La percepción de este orden no proviene de la experiencia. La inteligencia del filósofo surge del poder de intuir y razonar. Aprehende premisas autoevidentes y argumenta a partir de ellas. Descubre las causas del acontecer. El poeta y el vidente se centran, en cambio, en el acontecer mismo: el primero del pasado, el segundo del destino inmediato.
El filósofo revela el ser, la sustancia original del mundo, que es intemporal e imperecedera. Así como el alma inmortal que es la racional, opuesta a los sentidos del cuerpo. Por este orden racional que conecta el mundo con el alma, tanto Hipatia como Sócrates se dejan asesinar. Tienen su alma tan enraizada en la diosa razón que no la pueden traicionar por salvar sus cuerpos sensibles. La realidad del ser resplandece tanto que no la pueden ocultar. Es el sol que se filtra por todas las rendijas. Ante sus semejantes no pueden renunciar y tapar el sol. Resulta ya imposible volver a la caverna.

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