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| Levitación. |
Hablemos del presente sin evadirnos, sin escurrirnos hacia el pasado o hacia el futuro. La realidad de facto ahora, no la que fue o la que acabará siendo. Porque la realidad-enfrente es más difícil de abordar que la situada a los lados, porque está sucediendo en ese mismo instante y no se puede frenar para pensar sobre ella. El pensamiento ha de ir veloz y parejo a la actuación. Agarras algo con la mano y al mismo tiempo viertes tu pensamiento sobre ello: sobre la acción acometida, sobre el objeto sujeto por el sujeto, y sobre el sujeto mismo que desempeña tal acto. Suele suceder entonces que el sujeto queda paralizado en el mismo acontecer, reflexionando sobre el momento y aparentando ser torpe cara los demás que coactúan con él. Es la torpeza del pensante que invade su presente, haciendo más interesante el pasado o el futuro. Los que conviven con él lo ven como un ser en suspensión, suspendido en el vacío, pues la acción que lo rodeaba se ha desvanecido. Sin embargo, el que levita visiona y puede atraer entonces la acción más favorable a sus circunstancias y las de los demás, desechando las superficiales o nocivas. Suspensión y presente constituyen una combinación interesante, dada a unos pocos, pues la mayoría sólo puede suspenderse apoyándose en el pasado, estirándolo de tal modo que le sirva de colchón para dormitar lo activo y soñar. El hombre actual sueña, pero no medita. Sueña con un pasado mejor y lo proyecta como un puente hacia el futuro. Pero se salta el rio del presente, por eso sueña. En cambio, el que medita se moja en el rio. Se empapa bien de las aguas para meditar sobre su origen, sabiendo que luego predecirá el curso de las mismas y ganará el futuro. El soñador es un perdedor, carece de futuro, porque hace de su pasado el presente, y niega a éste como tal. Meditar sobre el presente, he aquí la clave. Se medita políticamente, socialmente, familiarmente, individualmente y hasta atómicamente. Se hace ciencia: política, social, antropológica, física… Se conoce así al hombre, se le deviene históricamente hacia el origen, y se le concluye en el futuro sabiendo que cometerá los mismos errores de siempre. Provocará las mismas guerras una y otra vez, la historia jamás le servirá de preceptora, porque a diferencia del animal, el hombre la olvida, la quiere borrar de sus genes, para no cargar con el peso excesivo de la conciencia. El hombre está destinado a ser conciencia, y por ello mismo lucha contra su destino. Lucha desesperadamente y se torna diablo para negar los hechos que le abren la luz, y sumirse de nuevo en la oscuridad. No acepta el regalo de la vida, ya que le obliga a ser agradecido, a cuidarse y cuidar de los otros. A realizar un esfuerzo físico-espiritual que le rescate de sí mismo entregándose a los demás. El pobre diablo busca el camino fácil, la huida burlesca a través de la carne, y se ahoga en ella; al carecer de espíritu, no halla la válvula de oxígeno. El oxígeno está afuera, en la luz, y hay que escalar para salir de la oscuridad. Arañar costras, rasgar velos, desenmascarar lo que no es auténtico. Ésta es la labor del presente. Presentémonos.

Estoy de acuerdo con la exposición a cerca "Del presente", sin embargo en mi opinión de que el hombre actual sueña pero no medita, me parece si no exagerado, si demasiado generalizado...Aquel sueña con un pasado mejor proyectándolo hacia el futuro, no lo entiendo. En todo caso sería su desconformidad con su actual presente, deseando y soñando un futuro mejor. En cualquier caso me gusta
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