dimarts, 2 de febrer del 2016

El amor en tiempos nacionalistas.


Cupidos.
La educación sentimental de mi época pasaba todavía por las miradas lejanas de deseo y la dificultad de todo acercamiento. Dicha dificultad provocaba la aparición de los flechazos y de las idealizaciones galopantes que sumían la vida cotidiana en una vaporosa nube de color de rosa. El ser amado era elevado a los altares, alabando sus perfecciones hasta la saciedad, con las amistades que nunca se cansaban de escuchar, pues también ellas estaban sumidas en los mismos delirios. Frases como “hoy lo he visto por la calle”, “me ha mirado”, “¿le gustaré?”, eran la coletilla habitual entre las amigas de la época. El “aquí te pillo y aquí te mato” todavía no se llevaba y las odiseas sentimentales de cada cual duraban siglos hasta conseguir llegar a puerto.

En el nacionalismo estas odiseas aún se complicaban más porque tenías que expresar tus sentimientos más íntimos en una lengua que no era la tuya. Ello daba pie a unos diálogos imaginarios interminables en los que la conciencia jugaba a dos bandas: por un lado, el papel del ser amado con todo lo que te había dicho o te habría podido decir; por otro lado, tu propia representación, jugando a ser mujer fatal o niña buena.

Después de pasar las veladas nocturnas con estas escenificaciones teatrales que conducían a las frases más enrevesadas, llegaba la hora de la realidad, el encuentro con el amado, y resultaba ser decepcionante. Me sumía en el silencio pensando que todo lo que dijera estaría mal dicho o que no lo expresaría bien, con la consiguiente pregunta de la pareja: “És que no em dius res?” Y yo me marchaba de nuevo a mi casa, cabizbaja, sintiéndome la persona más idiota y sosa de este mundo. De nada servían mis montajes escénicos.

Con el paso del tiempo y la madurez conseguí tener un novio tardío con el cual empezar a expresarme tal cual como era yo. Me sirvió de lanzadera, pero como toda lanzadera, acaba quemada y destruida. El novio en cuestión se reía de mi lenguaje peculiar y su familia, afiliada a Convergència i Unió, me veía como un bicho raro con dos patas y dos antenas. Ni qué decir tiene que me llevaron a los lugares más nacionalistas y patrióticos que cabe. Me hicieron subir montañas y bajar a valles repletos de esteladas. Comulgar con todas las tradiciones, esplais y encuentros diversos con los catalanistas de más peso. Agradezco su intento de conversión fehaciente, pero, desgraciadamente, yo ya tenía otra religión, que era la del pensamiento crítico. Y por esta vía se destruyó mi noviazgo. Las últimas palabras que me retransmitió mi exnovio de su familia fueron éstas: “Això et passa per relacionar-te amb espanyolistes!!”.

3 comentaris:

  1. Según mi propio criterio lo noto corto, recibiendo la impresión de quedar algo más en el tintero...Desde luego si el propósito era dejarnos en ascuas, lo has logrado. Esperaremos impaciente la continuación de aquellos días, en donde la percepción de las vivencias del personaje nos anime a seguir leyendo. Por lo demás y como siempre muy bien narrado; conciso y concreto.

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  2. Gracias de nuevo Rafael!! Pero, gracias a Dios, no he tenido más novios nacionalistas para seguir narrando, jajaja

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  3. Siendo así no perdiste nada. Como bien dices y así lo entiendo, la universidad te formó en el pensamiento critico, es hora de abrirte paso y publicar tus convencimientos, más pronto que tarde encontraras interlocutores de tu valía. Escribes muy bien y sabes exponer tus pensamientos...Un abrazo

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