dilluns, 29 de setembre del 2014

La música de la biosfera.

Rueda cósmica de la Fortuna.
La biosfera posee una inagotable prodigalidad creadora, libre de toda limitación. La evolución de los seres vivos bebe de la imprevisibilidad esencial y genera novedades absolutas.

Las propiedades de los seres vivos reposan sobre la conservación molecular, pero evolucionan gracias a la superación de las imperfecciones que van surgiendo en su relación con el medio ambiente.

El origen de la evolución radica en los microorganismos. Ellos la abren de una manera fortuita, sin ninguna relación con el funcionamiento final de los seres vivos. Recogen accidentes singulares (un movimiento, un gesto), los inscriben en la estructura del ADN, y una vez allí los replican y traducen. Así los accidentes extraídos del reino del puro azar, entran en el de la necesidad: de lo imprevisible a la certidumbre más implacable. La selección saca del ruido todas las músicas de la biosfera.

Los productos son del azar, pero el dominio en el que la evolución trabaja es el de las exigencias rigurosas, donde lo azaroso queda desterrado. En la escala macroscópica, la del organismo, las orientaciones generales de la evolución se despliegan ordenadamente.

Cuando un organismo queda ya establecido, aceptará mutaciones si refuerzan la orientación ya adoptada, o bien si la enriquecen con nuevas posibilidades. El código genético será quien defina las condiciones iniciales esenciales de la admisión. El genoma de una especie constituye un inmenso depósito de variabilidad fortuita frente a las propiedades celosamente conservadoras del mecanismo replicativo. El plan de evolución, por eso, sólo ha integrado una ínfima fracción de las probabilidades que le ofrecía la naturaleza.

Damos una vuelta de tuerca y nos vamos al lenguaje simbólico que nos abre el camino a otra evolución, creadora de un nuevo reino, el de la cultura, de las ideas, del conocimiento. Ha sido posible gracias al desarrollo del cerebro del hombre por una presión de selección orientada, continua y sostenida durante más de dos millones de años. Es una presión de selección específica, pues no se observa nada parecido en ningún otro linaje.

La supervivencia de la inteligencia hizo crear una presión de selección evolutiva poderosa y orientada. Para ello fue menester la evolución del sistema nervioso central hacia una inteligencia de cierto tipo, y unas modificaciones neuromotrices específicas. Una de las funciones del cerebro programado fue la de acoger el lenguaje. El niño la desarrolla entonces como un juego, sin seguir ninguna regla.

Azar y necesidad siempre entrelazados; éste es nuestro sino. Por un lado el clinamen o libertad, la desviación que permite moverse en otras direcciones cuando el mecanicismo impera. Y por otro lado la invariancia que desarrolla los proyectos del organismo inscritos en el genoma. Los núcleos de invariancia serán los que mantengan el azar en el desarrollo evolutivo.

Los griegos expresaron ya esta ligazón en su noción de la rueda cósmica de la fortuna: la necesidad ciega que padece la ausencia de una causa eficiente definida. El reino de la contingencia sin causa que atañe a lo más particular, pero que no se puede desvincular de esa rueda del cosmos que gira sin cesar.

dimarts, 23 de setembre del 2014

El guardián de la vida.


Microorganismos.
El filósofo del aliento vital guarda la vida. Es un espectador que simpatiza con el avance universal de la misma. Observa cómo del mundo invisible surgen estructuras y funciones que lo ensamblan todo.

Los microorganismos originan el flujo de la materia, de la energía y de la información. Los cambios de la materia se deben a la formación o ruptura de los enlaces químicos entre los átomos. Así cuando se produce energía se forman enlaces, y cuando se rompen se consume la energía. Los átomos necesitan enlazar para compartir, perder o ganar electrones de valencia en su orbital más externo.

Los átomos enlazados constituyen las moléculas, que si contienen varios tipos de átomos de materia viva, se denominan compuestos bioquímicos. Cuando colisionan átomos y moléculas se producen reacciones químicas. La velocidad de las mismas dependerá de la barrera de energía de activación de cada reactivo.

Los organismos vivos están compuestos por células que pueden ser procariotas o eucariotas. Las primeras son las bacterias, sin núcleo ni membranas. Las segundas son las del resto de los seres vivos, más complicadas, y con órganos membranosos. Separan las diferentes actividades químicas y proporcionan sistemas de transporte para las sustancias.

Las bacterias filamentosas se desplazan dando volteretas. Nadan en un medio acuoso acercándose a los nutrientes, o bien alejándose de los compuestos tóxicos. Las carreras se hacen más largas si detectan el objetivo, y más cortas si las direcciones son incorrectas o indiferentes.

Pueden sobrevivir cientos de años bajo formas de reposo denominadas endoesporas. Resisten condiciones extremas de calor, deshidratación, productos químicos tóxicos y radiaciones. Originan nuevas células vegetativas cuando las condiciones vuelven a ser favorables. Y sus funciones pueden ser altamente especializadas: algunas bacterias poseen estructuras rellenas de gas que hacen flotar a las células hasta el medio acuático más favorable para su crecimiento. Otras alojan pigmentos necesarios para realizar la fotosíntesis. Y otras poseen estructuras constituidas por hierro que les permiten orientarse en los campos magnéticos.

En el metabolismo de los microorganismos los materiales del medio ambiente se transforman en el producto final. Primero deben superar la barrera de la membrana plasmática. Las reacciones catabólicas descompondrán los sustratos que acaban de introducirse en doce metabolitos precursores (serían los ladrillos para construir una célula completa). Dichas reacciones también producen la fuerza conductora del metabolismo, que conducirá a los ladrillos a penetrar en las cadenas de montaje bioquímicas denominadas rutas biosintéticas; darán lugar a las macromoléculas.

Estas reacciones biosintéticas se las denomina anabólicas, que significa que sintetizan o construyen. La polimerización es la unión de los ladrillos para producir las macromoléculas. Luego éstas se ensamblan para dar lugar a las estructuras biológicas: paredes celulares, flagelos, ribosomas… 

La vida se ha originado al fin con un aliento sorprendente. Lo orgánico ha surgido de lo inorgánico. Los millones de bichitos invisibles que nos cercan y que cercamos generan vida por doquier. Una magia envuelve el universo entero. ¡Qué maravilla!

divendres, 19 de setembre del 2014

Amo, luego existo.


Volcán en erupción.
Los filósofos, a pesar de refugiarse en la areté del pensamiento ideal y sublime, también caen en las garras del amor, y si cabe, con peores consecuencias. El amor para el filósofo es trágico, porque debe conservar su autonomía vital de pensamiento y no destruirla dejándose llevar por la seguridad de un afecto compartido. Hanna Arendt, la gran filósofa, explica que en su primer matrimonio se sentía disuelta, había perdido la unidad de su persona, a pesar de haberse casado con un hombre bueno que la apreciaba. Alcanzará la dicha en su segundo matrimonio, cuando su nueva pareja respete y ayude a fortalecer el mundo de pensamiento de Hanna.

El filósofo asocia el amor al conocimiento. La más bella historia de esta unión es la de Abelardo y Eloísa. Son de principios del s.XII. Ambos filósofos brillantes, al igual que Heidegger y Hanna Arendt, Sartre y Simone de Beauvoir; sus amores, inmersos en un mundo de complejidades.

Eloísa con sus ansias de saber alcanza una formación insólita entre las mujeres de entonces. Abelardo, profesor de filosofía y canónigo, repara en su sabiduría, que la había hecho celebérrima. Consigue instalarse en la casa del tío de ella, también canónigo, y ofrecerse para profundizar en la esmerada educación de la joven. La relación amorosa no tarda en surgir: “ninguna gama o grado del amor se nos pasó por alto”. La pasión se conjuga con el intelecto. Al poco tiempo se descubre la relación y Eloísa queda embarazada.

Por ser él un clérigo acuerdan un matrimonio secreto que no satisface al tío. Abelardo y Eloísa ponen por encima la carrera de canónigo y la reputación de profesor de claustro de Abelardo. Al no hacer público el matrimonio y desmentirlo, el tío y sus allegados se sienten estafados y creyendo que Abelardo repudia a Eloísa lo castigan severamente con la castración. A raíz del lamentable suceso, Abelardo entra como fraile en un monasterio, y Eloísa se hace monja en un convento.

El intercambio epistolar entre ellos delata la experiencia brutal amorosa de Eloísa: “Dios sabe que no busqué en ti nada más que a ti mismo. Te quería simplemente a ti, no a tus cosas. No esperaba los beneficios del matrimonio, ni dote alguna. El nombre de esposa parece ser más santo y vinculante, pero para mí la palabra más dulce es la de amiga y, si no te molesta, la de concubina o meretriz”.

“No podrías ocuparte con igual cuidado de una esposa y de la filosofía. Quien debe absorberse en meditaciones teológicas o filosóficas, ¿puede soportar los gritos de los bebés, las canciones de cuna de las nodrizas, el ajetreo de una domesticidad masculina y femenina? Esta no es la condición de los intelectuales, y quienes deben preocuparse por el dinero y las cuestiones materiales no pueden entregarse a su ocupación de teólogos o de filósofos”.

Así de radical fue Eloísa por un ideal de vida: la consagración a la dimensión espiritual. Conservar esta pequeña llama, que no se apague, es el leitmotiv de todo filósofo y su lucha en la vida cotidiana. De ahí que el amante de la sabiduría camine siempre sobre un volcán a punto de estallar.



dimecres, 17 de setembre del 2014

El anillo mágico.


Anillo mágico.
Cuando en la novela de Harry Potter, Voldemort duplica varias veces su alma para resguardarla en objetos sensibles, no hace otra cosa que seguir la estructura de la forma simbólica. En ella un contenido espiritual de significado es vinculado a un signo sensible y le es atribuido interiormente. Así se va hilvanando el hombre en el lenguaje y trazando círculos, anillos, con los que penetra cada impresión. Vive en medio de la ensoñación, no se enfrenta a la realidad de modo inmediato.

En el flujo continuo de imágenes, mediante conceptos, el hombre destaca determinadas formaciones de contornos y propiedades fijas. Los elementos sensibles se dejan disponer de maneras distintas según el punto de vista. Si es lógico sigue una concatenación causa-efecto y la cadencia se ilumina entera de manera clara y distinta. Pero si es mítico, la iluminación es puntual con lugares intensamente iluminados y otros sumidos en la oscuridad. Porque la forma mítica es un devenir espacial, en el que los acontecimientos dependen de constelaciones, de fuerzas misteriosas que aparecen en el contacto y se resuelven en las distintas regiones del espacio.

El hombre delimita el espacio con las propias barreras que se impone a sí mismo. La separación espacial genera la distinción cualitativa. La entrada y salida de las diferentes esferas o lugares están ligadas a ritos, ya que cualquier intuición de lo exterior permanece infiltrada de determinaciones internas. Se delimita para individualizar: imponer un nombre, señalar algo concreto. En el mito es el lenguaje el que articula el mundo. Ante una determinada circunscripción espacial, se retrocede a la oscuridad, pues el sitio ya está iluminado, ocupado por una individualidad o espíritu. El juego de luz y oscuridad es el primer impulso de la capacidad de pensar del hombre. La intuición del fenómeno de la irrupción de la luz fundamentará el espacio y el tiempo mítico.

También la ley pars pro toto, la parte por el todo: una estrella por toda la constelación, un ahora mágico por todo el pasado y el futuro. El mito empieza cuando a la intuición de las partes delimitadas del universo se les dota un devenir en el tiempo. Es cuando lo divino desenvuelve en el tiempo su existencia y su naturaleza: los dioses narran su historia. Aquí, en la explicación del origen, se revela el verdadero ser mitológico. Con la forma del tiempo se hace patente la profundidad del mundo. Lo que cuenta es la procedencia y no el contenido de lo dado: cuando se retrotrae el contenido hasta las profundidades del pasado. La memoria es la que ilumina la conciencia; las cosas quedan explicadas cuando se las conecta con algún suceso irrepetible del pasado, descubriendo su génesis mitológica.

La parte por el todo, el ahora que entraña el pasado y está preñado de futuro: interpenetración cualitativa de todos los momentos temporales que representa la adivinación. La magia quiere acercarse a la totalidad del acaecer para colmar la conciencia con la intuición de esa totalidad. El fin es liberarse de la sujeción inmediata a la impresión. Todos queremos un anillo mágico.

dijous, 11 de setembre del 2014

La sonrisa del gato.


El gato de Alicia.
La risa, el gesto propiamente humano que nos diferencia, que hace que no seamos ni dioses hieráticos ni tampoco animales. Sólo el hombre puede captar lo cómico, el delirio, la locura finalizada en una sonora carcajada. La risa es social y vincula a un grupo. Es acogedora, es satisfactoria, y también transgresora. Permite un cierto desorden que libera, una subversión que regenera. Produce que la sociedad no sea un sistema cerrado de posibilidades, sino una estructura de campos en perspectiva. Lo risible se sitúa en el nivel de los juegos, los sueños, las representaciones teatrales y los equívocos. Es un nivel metacomunicativo de creación. Una estrategia frente al fracaso del pensamiento serio. Nos muestra una comprensión más completa del mundo: todas las caras de la realidad. El que se ríe es capaz de contemplar las cosas con perspectiva.

De aquello de lo que se ríe uno manifiesta su personalidad. Sirve de pista en las relaciones y actitudes sociales. La risa la proporciona el cuerpo que es parte de la conciencia. La situación corporal experimentada forma el origen de la conciencia. El cuerpo es el primer espacio y lugar en el mundo y no puede estudiarse objetivamente desde fuera. El sujeto construye significados a través de sus actos corporales insertos en el mundo en que vive. El cuerpo aporta su pasado estratificado a cada nueva situación. La corporalidad es subjetiva. Mediante ella el sujeto expresa sus intenciones y su pasado. Según las situaciones el sujeto va reforzando las posturas corporales. La risa le servirá de puente memorístico: une, por ejemplo, el cuerpo de la anciana con el de la niña que fue.

¿Qué pasaría si la risa se desvaneciera como la del gato de Alicia? Seríamos robots sin alma, seres pensantes pero no metacomunicativos. Nos restaría singularidad. Generalizaríamos nuestra conducta hasta acabar en un sistema totalitario. No habría crítica, ni comedia que desmontara el sistema. Y nuestro cuerpo ya no sería el mismo, la memoria no podría unir estratos: la gestualidad cambiaría. Seríamos seres desconectados que no podrían saltar a otras épocas. Perderíamos conciencia.

La risa no nace de la estética, sino del perfeccionamiento. Genera la elasticidad y la flexibilidad necesaria para que la inteligencia pura pueda adaptarse. Surge de la profundidad del inconsciente, de lo invisible para todo el mundo. Calca lo mecánico sobre lo vivo, para criticar la rigidez que nos conduciría a una muerte segura.

La risa adivina bajo las armonías, bajo las formas gráciles, las profundas revueltas de la materia. Hace que la idea jamás invada la realidad. Impide la obstinación del espíritu: cuando la idealidad choca con lo real. Se da en la incompatibilidad entre la envoltura y lo envuelto. Por eso el monje ciego de “El nombre de la rosa”, obstinado con la idea del mundo como valle de lágrimas, envenena el libro de la risa, para que lo real no deshaga su idea.

La risa es la espuma del cava, la alegría, el tintineo de Campanilla, la vida.

dilluns, 8 de setembre del 2014

Y Alétheia se perdió.


Oveja perdida.
Estamos en el Reino del sentido siempre desplazado, de la metamorfosis continua de las multiplicidades, de las intensidades que pasan más allá de toda relación entre significado y significante. Las palabras y las cosas se separan en un sueño, donde la verdad ya no se restaura, donde lo oculto y lo olvidado tampoco se rescatan.

Navegamos en la diseminación: en una extensión plagada de semillas preñadas de sugerencias nunca cerradas ni agotadas. Las semillas remiten a algo distinto de sí y proceden de algo diferente: huellas de huellas sin origen, trazas de trazas sin meta. No hay sentidos originarios ni definitivos.

El juego de las diferencias imposibilita que un elemento remita sólo a sí mismo. Cada elemento se constituye a partir de la traza que han dejado otros. Es el tejido del texto que se produce en la transformación de otro texto. La diseminación discontinua en espacio y tiempo; la fuga de la lógica, la regulación, la normativa, la jerarquía. Es la apertura a sentidos imposibles, la inagotabilidad de las traducciones, la marcha de metáfora tras metáfora.

A este Reino se llega desheredando la tradición por desconfianza. Viendo que nada de ella puede atemperar la catástrofe humana después de un descorazonador s.XX: ningún sentido aportado por la tradición vale ya al estar siendo del hombre. La crítica se radicaliza entonces a extremos de plantear la posibilidad de lo imposible, pues la razón ha caído bajo sospecha. Se construyen mapas geográficos con múltiples entradas en todas sus dimensiones y líneas de escape.

La sospecha empieza cuando surge la angustia del individuo frente a un infinito abstracto que lo pretende subsumir. Es el grito de vida del hombre frente al sistema. A raíz de la Ilustración se crean sistemas racionales de huida hacia la colectividad, lo general, lo absoluto (Kant y Hegel), que hacen renunciar al hombre a la posibilidad de profundizar en su interior y en su soledad. Es el suicidio espiritual en el que se pretende escapar de la angustia del finito refugiándose en cualquier empresa colectiva, en una esfera de lo ético que ahoga al individuo.

El individuo para no renunciar a su propio fin inscrito en sí mismo ha de trascender dicha esfera. Se ha de colocar en una primacía irrenunciable, irrepetible, irremplazable. Ha de pensar la existencia concreta más acá del concepto. El concepto, la idea, deja de ser verdad; el valor ya no es absoluto. Entramos en la relativización y en los proyectos. El evolucionismo y el historicismo del s.XIX descubren que el tiempo es relativo (la ciencia con Einstein lo confirma).

La transformación del tiempo espacializado al de la conciencia como duración, hace aflorar a la intuición como medio de acceso al espíritu. El fin será la comprensión de la vida como verdadera realidad última y multiforme. Se rescata la vivencia, el sentimiento, la imaginación, la obra de arte, lo dionisíaco frente a lo apolíneo. La metáfora como la diferencia y la apertura máxima. El hombre: Ecce homo.

dijous, 4 de setembre del 2014

Perceptuar lo inmóvil.


Columnas de Simeón el Estilita.
Nuestro foco de atención siempre persigue lo móvil. Es una estrategia de adaptación ante lo cambiante. Es el modo de supervivencia. Sin embargo, existe una percepción que podría parecernos un lujo. Se trata de la contemplación de las partes inmóviles del medio para localizar el sitio de posibles futuros cambios o examinar el contexto en el que tienen lugar los acontecimientos. Es un lujo, en tanto los factores constantes se desvanecen de la conciencia. Ésta sólo presta atención a la inconstancia y le supone un reto escoger el marco visual de la situación que debe contemplarse.

La inmovilidad, la causa immobili, fue un concepto ya definido por Aristóteles. La sabiduría remite a la causa. Enseña las primeras causas y los principios. El fin o bien por el que debe hacerse cada cosa. Su conocimiento procura lo verdadero. Aristóteles considera que las cosas mueven al ser movidas, pero hay una substancia inmóvil que mueve al ser amada, y que es el origen de los cielos y de cuanto hay en ellos.

Todos desean el Bien y en el deseo surge el movimiento para alcanzarlo. Así cuanto más perfecto es el ente, más se acerca a la inmovilidad. ¿Cómo es la inmovilidad? Es una substancia simple y eterna, pura forma, pura inteligencia, que mueve por atracción. El hombre siente necesidad de la misma y para hallarla su camino le conduce nada menos que al desierto.

La hermenéutica del desierto describe las características de la atracción a lo indeterminado: lugar sin formas ni colores, siempre igual. Los desertizados experimentan la renuncia, el desapego, la ascesis más radical. La finalidad es conseguir la libertad, el Paraíso, la gnosis. La gnosis es la visión del principio constantemente vuelta hacia él. Es el conocimiento de la sustancia inteligente, la aprehensión de lo indeterminado. Se pretende la posibilidad de operar sobre el proceso cósmico mediante ritos o pensamientos.

Los primeros eremitas del s.IV lo hicieron a través de la Escritura. Se vaciaron de sí mismos y de cualquier distracción para llenarse sólo de la Palabra divina. Buscaban la libertad del hombre natural en el Paraíso. Vivir sin preocupaciones, con humildad y caridad, para no cargarse con lo superfluo que oprime y esclaviza. La inmovilidad es, pues, en el fondo una liberación: un volver a ser Adán y Eva en el Paraíso. Eso sí, sin serpiente. Los padres del desierto establecieron una demonología sobre el mismo. La lucha contra lo satánico en lo árido adquiere su mayor esplendor.

Precisamente, la falta de estímulos hace que el demonio pueda tentar más fácilmente al hombre. Y lo hace, porque quiere echarlo de sus dominios (con la aparición del cristianismo al diablo sólo le queda lo yermo): “¡Fuera de nuestros dominios! ¿Qué se te ha perdido en el desierto?” le gritaban los demonios a San Antonio; temían que llenase de ascetismo el último reducto que les quedaba. La lucha contra el santo fue de extrema violencia. No es casualidad que “El exorcista” se inicie también en el desierto: el demonio surge de allí y se encarniza contra el sacerdote.