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| Nietzsche. |
Zaratustra habita la montaña. Está desenganchado, liberado su inconsciente que vuela a velocidad de vértigo. Es un ángel que recorre todos los personajes de la vida. Dijo adiós al triángulo edipizante del psicoanálisis.
Zaratustra decide no bajar nunca más de la montaña. No quiere que le encasqueten imágenes desplazadas de lo reprimido. Quiere una revolución permanente, una reconstrucción delirante de la realidad, donde el deseo sea producción y no expresión.
Zaratustra es la producción deseante sobre un cuerpo sin órganos. Nadie lo repliega para hacerlo callar y ahogarlo. Produce un derrame perpetuo de fuerzas actuantes. Es un viaje intensísimo.
Zaratustra es huérfano. No tiene papá ni mamá. Es lo real imposible, la patria desconocida: allí donde ya no se pertenece a ningún tiempo, a ningún medio, a ninguna escuela. Zaratustra reside más allá de toda ley.
Zaratustra es una estrella que deja brillar intensidades puras, por donde pasa el sujeto nómada.
Zaratustra no es Ulyses y no tiene que regresar a Itaca, porque es anterior al mito, a la representación. Ninguna idea lo ha anclado todavía.
Antes de que el concepto abstraiga las diferencias, antes de que el sujeto y el predicado se reúnan en una representación, antes de que el niño diga “tengo papá y mamá”, el inconsciente trabaja con objetos parciales y teje relaciones que se escapan al psicoanálisis. Son fragmentos, lados disimétricos, direcciones rotas, cajas cerradas, vasos no comunicantes, compartimentos, pedazos de puzzle que pertenecen a puzzles diferentes. Son las construcciones pasivas del inconsciente que se sitúan en el espesor de un murmullo anónimo. Son los enunciados que pueblan el espacio de rareza. La posibilidad de vida que se origina en el delirio.
El inconsciente trascendental se sitúa en la edad de los residuos, de los fragmentos que no esperan a ser completados. Es el soporte de las relaciones y de los agentes de producción y de antiproducción. Es una máquina que se desgasta y que siempre se está reparando. Es la experiencia no-familiar del niño que se le escapa al psicoanálisis.
¿Qué nos dice Zaratustra? Que el hombre es más libre de lo que la psicología nos quiere hacer creer. Que el hombre es anterior a cualquier idea que nos amarre, y en tanto es así puede desprenderse y volar como los ángeles.

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