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| Moléculas. |
La mujer molecular atraviesa al hombre con sus átomos de feminidad. Lo impregnan y lo atrapan en el devenir-mujer. Son partículas muy suaves pero indomables. La relación que surge es de movimiento y de reposo, de velocidad y de lentitud.
El amor se establece en una máquina de guerra dotada de poderes extraños y casi terroríficos. La sexualidad en la producción de mil sexos como devenires incontrolables. Un entorno de animalidad lo invade todo.
¿Qué se ve? Sólo los movimientos esenciales de la naturaleza. Fuera del umbral de la percepción el movimiento continúa. Se registra lo finito para desterritorializarlo. El hombre, la mujer, han de ser dueños de las velocidades para que pasen las intensidades.
Se dibuja un mapa que construye el inconsciente. Es abierto y susceptible de modificaciones. No hay recuerdo, porque la memoria reterritorializa el mapa. En él confluyen manadas: las multiplicidades que encierra el amado y la amada, cuando se penetran mutuamente creando bodas celestes.
En la caricia el amado deja la huella de su cuerpo. En el placer se vuelven a encontrar. Lo interior y lo exterior se han fundido en la inmanencia. En el rostro se labran las velocidades diferenciales. Surge el paisaje en donde se trazan líneas de fuga.
La mujer molecular sigue los surcos abiertos por el agua para ver dónde se transportan las semillas. Cartografía futuros parajes. Los flujos torrenciales crean un cosmos histórico.
La mujer micro en su indiscernibilidad llega a todas partes; la macro, prefijada de antemano, se queda estancada. Las ideas la encorsetan en un papel que arrastra a todos los figurantes. Se hace dependiente de falsas seguridades, a modo de opiáceos, que ofrecen sueños de vuelo a precio de oro.
La molecularidad tiene efecto viral: se deviene mujer, se deviene niño, se deviene animal, se deviene indiscernible. Nos volvemos menguantes, nos volvemos el brujo Juan de Castaneda: fibras a una velocidad de vértigo.
¿Qué alcanzamos? La circulación de los elementos que van a crear formas nuevas en un acto de resistencia contra la muerte. Actos de creación que recortarán las cosas de otra manera. Nos impondrán nuevas percepciones.
Novedad, velocidad de vértigo, resulta extraña su apreciación para un hombre o una mujer de otra época, en que la lentitud y la reiteración eran norma o requisito para la trascendencia, el único fin. Ahora se ha variado de fin y de medio: la inmanencia y la rapidez, porque ya no se sustantiviza. En la individualización se halla el concepto y se ha de correr mucho para no perderse ningún detalle.
Nos salimos de razones para ver lo real tal cual es. Sin ideas preconcebidas se puede actuar de otra manera, sin causar dolor a la naturaleza y al hombre. Mujer de átomos que traspasa barreras dejando su esencia en lo que es. Mujer molecular que invade el cosmos, porque el cosmos está en ella.

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