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| Girar. |
El camino ya no conduce a ningún lugar. Las esencias y los accidentes permanecen disecados como las mariposas clavadas sobre el fieltro. Lo trascendental no se calca sobre lo empírico, pues deja de aparecer lo anónimo.
Nos hallamos en una esfera nueva, ante un cuestionamiento diferente que da salida a un colapso. Las ideas son ahora golpes de dados del azar, cristales variables de espaciotiempo congelados, porque las esencias se han vuelto indistinguibles de los accidentes.
La esencia de Sócrates no es una abstracción de su ser hombre-griego-filósofo, sino que es un encuentro con Alcíbiades, un paseo por Atenas, un banquete con sus amigos… Es una práxis, una envoltura de todos los accidentes del mundo bajo su punto de vista.
Los individuos poseen los mismos predicados pero con conexiones distintas, puntos de vista diferentes. Cada cuerpo contiene un mundo actualizado en su alma. Actualizar es la capacidad de ser afectado, de imprimir en la sensibilidad la huella de la experiencia.
El paso del individuo a la sociedad, para percibir los otros puntos de vista, pasa por la organización del deseo que recorre todo cuerpo sin órganos. El deseo, la energía libre, cuando aún no está ligada a objetos o individuos definidos. La ligazón, la alianza, se realiza mediante la inscripción. Un conjuro que codifica los flujos del deseo para que no circulen fuera del territorio sellado.
El capitalismo descodifica los flujos del deseo, pues destruye las relaciones de alianza de grupo y territorio. Se cuantifica los flujos para establecer cuándo y dónde han de manar. La finalidad es el beneficio de la mercancía y la moneda, de tal manera que el sujeto se separa del campo social y se constituye como función derivada de esta cuantificación abstracta. Existe una sobrecarga individual.
Los puntos de fuga de esta situación serían restituir las síntesis pasivas del inconsciente a su verdadero funcionamiento: lo impersonal. El inconsciente no presiona la conciencia, sino que ésta es la que impide que huya aquél. La búsqueda de la génesis del individuo da sus frutos en los términos, las relaciones y las circunstancias. Las circunstancias no se sobreañaden a los géneros, sino que forman la esencia misma de los individuos. Los géneros son accidentales y secundarios.
La finalidad del lenguaje humano es, por ello, relacional y no referencial. El habla no informa, sino que comunica. El hombre hace servir el lenguaje para colocarse en una determinada relación con el otro. La información es secundaria con respecto a la transmisión de consignas que expresan acontecimientos incorporales.
Las diferencias que constituyen lo individual suben a la superficie. Hemos girado el espejo; el muro ha sido perforado, y ya nadie se golpeará contra él.

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