dimecres, 30 de juliol del 2014

Alicia se escapa del espejo.

Alícia en el país de las maravillas.
Alicia se vuelve mayor de lo que era y, por ello, más pequeña de lo que es ahora. Alicia deviene a la vez más grande y más pequeña. Alicia esquiva el presente.

Si Alicia esquiva el presente, tampoco tiene pasado ni futuro. Alicia crece y empequeñece, tira en los dos sentidos al mismo tiempo.

Alicia pierde su identidad y se sumerge en el devenir. Los acontecimientos gozan de irrealidad. La incertidumbre es la estructura objetiva del acontecimiento mismo.

El devenir, se puede decir que el filósofo, siempre ha contemplado estas dos cuestiones: devenir y ser. El cambiar, el moverse, y el mantenerse o permanecer.

Buscar el principio de la realidad que explique el cambio y la multiplicidad de las cosas, a ello se dedicaron los griegos. Unos lo hallaron fuera, y otros en el propio devenir. Heráclito consideró que era el puro fluir sometido a la ley de la medida.

Unos filósofos entendieron el devenir en el sentido cualitativo (como cambio de cualidades); otros, en el sentido cuantitativo (como el desplazamiento de átomos invariables sobre el fondo de no-ser).

En Hegel el devenir es la desaparición del ser en la nada, y de la nada en el ser. Diferencia de contrarios que se disuelve. Para Deleuze, en cambio, no hay disolución: la diferencia prevalece y sube a la superficie.

En la superficie los aconteceres se mezclan. El árbol ya no es verde, sino que verdea. Los seres y los conceptos se distribuyen de otra manera. Los estados de las cosas son sustancia, y lo ideal un mero efecto.

El devenir-ilimitado ya no es un fondo que gruñe. Es un discurso enloquecido que no deja de deslizarse. En la anchura se deslizan movimientos laterales. Costeando la superficie se pasa de los cuerpos a lo incorporal. 

La piel, la frontera, aquí radica lo más profundo. La geografía nos enseña que la tierra es fértil en una delgada capa. La frontera se pasa por la virtud de un anillo.

Alicia continúa del revés y del derecho. Los datos figurativos se desploman. En el contorno se da la exploración amebiana de la figura. Cuando el contorno cambia, la figura se deforma en su devenir-animal.

Alicia se escapa del espejo como la sombra de un cuerpo. Es una zona de indiscernibilidad entre el hombre y el animal. Una línea de fuga. La figura se contrae o se dilata para pasar por el agujero o el espejo. Se vuelve membranosa.

Alicia se juega lo que es ante el pasar de las cosas que pasan. Porque no somos, no determinamos la verdad, sino que inventamos su sentido a través de lo que nos pasa. Pensamos acontecimientos, zanjamos cuestiones, disolvemos complicidades, pero no solucionamos problemas.

Alicia busca los límites de lo impensado. Alicia es un pensamiento nómada que nunca está en su sitio.

dimarts, 29 de juliol del 2014

La mujer molecular.


Moléculas.
La mujer molecular atraviesa al hombre con sus átomos de feminidad. Lo impregnan y lo atrapan en el devenir-mujer. Son partículas muy suaves pero indomables. La relación que surge es de movimiento y de reposo, de velocidad y de lentitud.

El amor se establece en una máquina de guerra dotada de poderes extraños y casi terroríficos. La sexualidad en la producción de mil sexos como devenires incontrolables. Un entorno de animalidad lo invade todo.

¿Qué se ve? Sólo los movimientos esenciales de la naturaleza. Fuera del umbral de la percepción el movimiento continúa. Se registra lo finito para desterritorializarlo. El hombre, la mujer, han de ser dueños de las velocidades para que pasen las intensidades.

Se dibuja un mapa que construye el inconsciente. Es abierto y susceptible de modificaciones. No hay recuerdo, porque la memoria reterritorializa el mapa. En él confluyen manadas: las multiplicidades que encierra el amado y la amada, cuando se penetran mutuamente creando bodas celestes.

En la caricia el amado deja la huella de su cuerpo. En el placer se vuelven a encontrar. Lo interior y lo exterior se han fundido en la inmanencia. En el rostro se labran las velocidades diferenciales. Surge el paisaje en donde se trazan líneas de fuga.

La mujer molecular sigue los surcos abiertos por el agua para ver dónde se transportan las semillas. Cartografía futuros parajes. Los flujos torrenciales crean un cosmos histórico.

La mujer micro en su indiscernibilidad llega a todas partes; la macro, prefijada de antemano, se queda estancada. Las ideas la encorsetan en un papel que arrastra a todos los figurantes. Se hace dependiente de falsas seguridades, a modo de opiáceos, que ofrecen sueños de vuelo a precio de oro.

La molecularidad tiene efecto viral: se deviene mujer, se deviene niño, se deviene animal, se deviene indiscernible. Nos volvemos menguantes, nos volvemos el brujo Juan de Castaneda: fibras a una velocidad de vértigo.

¿Qué alcanzamos? La circulación de los elementos que van a crear formas nuevas en un acto de resistencia contra la muerte. Actos de creación que recortarán las cosas de otra manera. Nos impondrán nuevas percepciones.

Novedad, velocidad de vértigo, resulta extraña su apreciación para un hombre o una mujer de otra época, en que la lentitud y la reiteración eran norma o requisito para la trascendencia, el único fin. Ahora se ha variado de fin y de medio: la inmanencia y la rapidez, porque ya no se sustantiviza. En la individualización se halla el concepto y se ha de correr mucho para no perderse ningún detalle.

Nos salimos de razones para ver lo real tal cual es. Sin ideas preconcebidas se puede actuar de otra manera, sin causar dolor a la naturaleza y al hombre. Mujer de átomos que traspasa barreras dejando su esencia en lo que es. Mujer molecular que invade el cosmos, porque el cosmos está en ella.

diumenge, 20 de juliol del 2014

Zaratustra.

Nietzsche.
Zaratustra inventa cada gesto. Zaratustra es un hombre libre. Es el flujo que franquea los obstáculos y los códigos. Es la locura que abre, la líbido viscosa que no se deja codificar. Producción literaria, experiencia trascendental de la pérdida del ego.

Zaratustra habita la montaña. Está desenganchado, liberado su inconsciente que vuela a velocidad de vértigo. Es un ángel que recorre todos los personajes de la vida. Dijo adiós al triángulo edipizante del psicoanálisis.

Zaratustra decide no bajar nunca más de la montaña. No quiere que le encasqueten imágenes desplazadas de lo reprimido. Quiere una revolución permanente, una reconstrucción delirante de la realidad, donde el deseo sea producción y no expresión.

Zaratustra es la producción deseante sobre un cuerpo sin órganos. Nadie lo repliega para hacerlo callar y ahogarlo. Produce un derrame perpetuo de fuerzas actuantes. Es un viaje intensísimo.

Zaratustra es huérfano. No tiene papá ni mamá. Es lo real imposible, la patria desconocida: allí donde ya no se pertenece a ningún tiempo, a ningún medio, a ninguna escuela. Zaratustra reside más allá de toda ley.

Zaratustra es una estrella que deja brillar intensidades puras, por donde pasa el sujeto nómada.

Zaratustra no es Ulyses y no tiene que regresar a Itaca, porque es anterior al mito, a la representación. Ninguna idea lo ha anclado todavía.

Antes de que el concepto abstraiga las diferencias, antes de que el sujeto y el predicado se reúnan en una representación, antes de que el niño diga “tengo papá y mamá”, el inconsciente trabaja con objetos parciales y teje relaciones que se escapan al psicoanálisis. Son fragmentos, lados disimétricos, direcciones rotas, cajas cerradas, vasos no comunicantes, compartimentos, pedazos de puzzle que pertenecen a puzzles diferentes. Son las construcciones pasivas del inconsciente que se sitúan en el espesor de un murmullo anónimo. Son los enunciados que pueblan el espacio de rareza. La posibilidad de vida que se origina en el delirio.

El inconsciente trascendental se sitúa en la edad de los residuos, de los fragmentos que no esperan a ser completados. Es el soporte de las relaciones y de los agentes de producción y de antiproducción. Es una máquina que se desgasta y que siempre se está reparando. Es la experiencia no-familiar del niño que se le escapa al psicoanálisis.

¿Qué nos dice Zaratustra? Que el hombre es más libre de lo que la psicología nos quiere hacer creer. Que el hombre es anterior a cualquier idea que nos amarre, y en tanto es así puede desprenderse y volar como los ángeles.

diumenge, 13 de juliol del 2014

Girar el espejo.


Girar.
El camino ya no conduce a ningún lugar. Las esencias y los accidentes permanecen disecados como las mariposas clavadas sobre el fieltro. Lo trascendental no se calca sobre lo empírico, pues deja de aparecer lo anónimo.

Nos hallamos en una esfera nueva, ante un cuestionamiento diferente que da salida a un colapso. Las ideas son ahora golpes de dados del azar, cristales variables de espaciotiempo congelados, porque las esencias se han vuelto indistinguibles de los accidentes.

La esencia de Sócrates no es una abstracción de su ser hombre-griego-filósofo, sino que es un encuentro con Alcíbiades, un paseo por Atenas, un banquete con sus amigos… Es una práxis, una envoltura de todos los accidentes del mundo bajo su punto de vista.

Los individuos poseen los mismos predicados pero con conexiones distintas, puntos de vista diferentes. Cada cuerpo contiene un mundo actualizado en su alma. Actualizar es la capacidad de ser afectado, de imprimir en la sensibilidad la huella de la experiencia.

El paso del individuo a la sociedad, para percibir los otros puntos de vista, pasa por la organización del deseo que recorre todo cuerpo sin órganos. El deseo, la energía libre, cuando aún no está ligada a objetos o individuos definidos. La ligazón, la alianza, se realiza mediante la inscripción. Un conjuro que codifica los flujos del deseo para que no circulen fuera del territorio sellado.

El capitalismo descodifica los flujos del deseo, pues destruye las relaciones de alianza de grupo y territorio. Se cuantifica los flujos para establecer cuándo y dónde han de manar. La finalidad es el beneficio de la mercancía y la moneda, de tal manera que el sujeto se separa del campo social y se constituye como función derivada de esta cuantificación abstracta. Existe una sobrecarga individual.

Los puntos de fuga de esta situación serían restituir las síntesis pasivas del inconsciente a su verdadero funcionamiento: lo impersonal. El inconsciente no presiona la conciencia, sino que ésta es la que impide que huya aquél. La búsqueda de la génesis del individuo da sus frutos en los términos, las relaciones y las circunstancias. Las circunstancias no se sobreañaden a los géneros, sino que forman la esencia misma de los individuos. Los géneros son accidentales y secundarios.

La finalidad del lenguaje humano es, por ello, relacional y no referencial. El habla no informa, sino que comunica. El hombre hace servir el lenguaje para colocarse en una determinada relación con el otro. La información es secundaria con respecto a la transmisión de consignas que expresan acontecimientos incorporales.

Las diferencias que constituyen lo individual suben a la superficie. Hemos girado el espejo; el muro ha sido perforado, y ya nadie se golpeará contra él.

dimarts, 8 de juliol del 2014

Quercus.


Quercus.
En un lugar originario donde el lenguaje todavía es inexistente, la voz gutural humana resuena en las cavernas.

En un mundo de impresiones sin conexión ninguna, exterioridad pura expuesta al azar, el hombre se mueve en un cambio perpetuo, sin identidad ni ley.

El conjunto de lo que aparece, lo dado, es el flujo de lo sensible, el ser igual a la apariencia. Los sujetos todavía no están configurados. Aún no han surgido los hábitos que produzcan la contracción que nosotros somos. Todavía no nos sostenemos en la experiencia, pues somos agua, tierra, luz y aire contraídos.

Es el hombre previo a la síntesis activa de la conciencia, es la pasividad del inconsciente. No existe el presente, sino presentes variables. Los cuerpos son intensivos, recorridos por ondas que trazan umbrales. La sensación es la vibración de un cuerpo sin órganos.

Quercus, el árbol más antiguo, el que aparece antes que el hombre, el que habla al hombre que escucha sin lenguaje. El hombre observa cómo el viento mece las hojas, las ramas, y los troncos se doblan para susurrarle aliento.

La impresión se produce entonces, el hombre espera un fenómeno, que de A surja B. Y el lugar se define porque allí ha quedado impresa la acción de la experiencia. La impronta se inscribe en la sensibilidad. Aparece una huella y una premonición, lo que ha sido y lo que se va a repetir.

La repetición produce una diferencia en el espíritu que la contempla. La diferencia procurará el advenimiento de la subjetividad. El hombre queda sujetado. Cuando surja la conciencia con sus representaciones quedará en la sombra el subsuelo de contracciones, retenciones y esperas que hacen al sujeto.

El hombre se pone en práctica, la percepción aflorará seleccionando imágenes para retenerlas y proyectarlas. Las condensará formando el pliegue que es él mismo, y que supone la parálisis del tránsito ilimitado de lo sensible.

El hombre toma conciencia de sí cuando paraliza el mundo y se separa de él. Ya no es flujo, ahora es un pequeño dios, un quercus.

dilluns, 7 de juliol del 2014

Las sirenas bucean en lo más profundo.


Sirena.
Mujeres aladas, mujeres con cola de pez, mujeres que dominan los elementos. Mujeres que causan pavor por su belleza maldita y sus poderes ocultos. Las sirenas, el arquetipo de mujer ancestral que recorre la mitología de todas las épocas, incluso la actual, en donde se afirma haberlas visto en lugares precisos.

Las sirenas son hijas de la dulzura de las musas, son imágenes de la seducción. No inspiran como las musas pero ofrecen un amor temerario e imposible que liga a los navegantes que circundan su límite. Encadenan a los hombres en el amor. Tienen extraños poderes y anhelos sin freno.

Las sirenas ofrecen una feminidad indómita, que sublima a la mujer como hada. Son seres no civilizados, naturales, que amenazan el orden masculino. Como tal en el pensamiento griego reflejan la concepción de la doncella como portadora de la muerte. Son compañeras de la reina del Hades Perséfone y, por ello mismo, letales seductoras de hombres.

Se asientan en un preciso lugar y desde allí guardan a los difuntos (su imagen aparece en relieve en los cementerios), y median entre vivos y muertos gracias a sus cantos. Son el intersticio entre los dos mundos. Se desplazan entre la superficie de la tierra y el profundo Más Allá.

Lanzan sus lazos a modo de cantos mágicos, ofreciendo hospitalidad en la trampa de un placer exquisito. Tientan con la sabiduría, y la muerte de los apresados deviene en una letal inmovilidad. Su hechizo mágico se compone de melodía y relato sabio que conducen al deleite supremo. En sus palabras de tentación espejean la esperanza ilusoria de ser mortal y a la vez superviviente en la gloria imperecedera de la heroicidad.

Son deseo en estado puro, muerte en estado puro. Forman parte de la ruta aventurada de los héroes. Cuando se las vence se lanzan al agua y quedan convertidas en rocas. Se deslizan con facilidad, son escurridizas; de ahí la cola de pez.

Según Maurice Blanchot las sirenas conducen a un lugar en donde sólo resta desaparecer, porque la música en esa región de fuente y origen se hunde. Despiertan un placer extremo de caer, que el hombre no puede satisfacer en las condiciones naturales de la vida. Causan una desesperación muy cercana al rapto. Un movimiento hacia el canto y la expresión del mayor de los deseos. Las sirenas desaparecen en la verdad y la profundidad de su canto.

Comprometen a la navegación dichosa y desdichada que es el relato. El que habla sufre la muerte si el que escucha se le escapa. Es la poesía que debe de desaparecer para que cobre vida; la realidad que debe morir para que nazca la literatura. Dicen Adorno y Horkheimer que quien quiera subsistir al canto de las sirenas que haga oídos sordos a lo irrevocable. La sociedad se encarga de ello.

dijous, 3 de juliol del 2014

El jeroglífico.


Jeroglífico egipcio.
Cuenta Proust que hay que volverse egiptólogo para descifrar el mundo. Los signos son la materia del mundo que tratamos. Para realizar nuestro aprendizaje temporal en la vida debemos interpretar los signos que nos van apareciendo.

Los signos no se presentan de la misma forma, ni se dejan descifrar del mismo modo, tampoco establecen una relación idéntica con su sentido. Evolucionan, se fijan o ceden sitio a otros signos. Todo ello genera una pluralidad de mundos, en la que cada signo ocupa un lugar.

Si nos tropezamos con un signo nos hallamos ante la punta de un iceberg que esconde mundos desconocidos. Los mundos se desarrollan temporalmente, pero existe el original, el que carece de tiempo, y éste es la esencia: el mundo enrollado, no desenvuelto. El arte será el que recobre el tiempo enrollado en la esencia. Lo hace espiritualizando la materia para alcanzar la cualidad de la esencia. Une así el sentido espiritual con el signo inmaterial. La diferencia o esencia alcanzada por la obra de arte nos permite concebir el ser.

Las esencias son puntos de vista que expresan el mundo. Y sólo mediante el arte podemos ponernos en el punto de vista del otro. Sabemos cómo ve el otro ese universo que no es el mismo que el nuestro. Gracias al arte vemos multiplicarse el mundo.

La memoria involuntaria nos coloca en el camino del arte, pues sustrae a los objetos de las contingencias del tiempo. Combray en la “Recherche” de Proust es el tiempo en estado puro, una localización de la esencia del tiempo realizada a través del recuerdo involuntario (la famosa magdalena). La memoria involuntaria trae el tiempo primordial al desenvuelto.

La sensibilidad humana es la que aprehende los signos y la inteligencia es la que los interpreta. Así el hombre sensible libera las almas implicadas en las cosas. El poeta es el que pulsa la génesis del pensamiento. Al describir las impresiones materiales libera el espíritu, arranca al pensamiento de su estupor natural.

Y es que las esencias no viven en las regiones atemperadas de lo claro y lo distinto, del pensamiento lógico, sino en las zonas oscuras. Requieren de un acto violento, de un encuentro fortuito que nos fuerce el pensamiento. No se entrega voluntariamente, se arrebata.

Así nos hallamos ante el jeroglífico del mundo, que nos sumerge en el azar del encuentro y en la necesidad del pensamiento. Así avanzamos a través de los signos amorosos, materiales e inmateriales. Aprendemos en el camino hacia el futuro. Proust es futuro, no pasado, inteligencia y sensibilidad, no imaginación y memoria. Búsqueda de la verdad.