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| Adorno. |
Seguimos con la filosofía crítica después de Auschwitz y nos vamos a Adorno, perteneciente a la Escuela de Frankfurt. Fue junto a Horkheimer, Marcuse, Erich Fromm o Walter Benjamin, uno de los grandes atacantes del totalitarismo que aniquila al individuo.
Adorno adopta la dialéctica de Hegel, pero ignora su contenido sistemático. Se niega a que la filosofía aferre la totalidad de lo real. Considera que las teorías positivas acaban transformándose en ideologías. El objetivo de Adorno será desenmascarar los sistemas filosóficos que eternicen el estado presente de la realidad y bloqueen las acciones revolucionarias. La dialéctica es una lucha contra el dominio de lo idéntico. La razón no puede recoger lo real; se niega la identidad entre ser y pensamiento.
La realidad no es reductible a la totalización de un sistema filosófico. El objeto debe primar ante la impotencia del espíritu para organizar la realidad. Adorno dejará que la realidad hable: las diferencias, lo individual, lo cualitativo…
Criticará así a Kierkegaard porque considera que su camino hacia la intimidad y la subjetividad conduce a la abstracción y a la reificación. Kierkegaard huye de la historia real. También el absolutismo lógico de Husserl huye del tiempo histórico concreto y se entrega al idealismo.
Por la misma regla de tres, Adorno se opone a todo individualismo abstracto. A la noción de individuo que se aleje de su componente social, pero también a aquella concepción que lo haga disolver en lo social, pues desaparecería el carácter concreto del individuo.
Utilizará el método dialéctico, para no caer ni en el subjetivismo, ni en lo abstracto. Hará una crítica de las ideologías, pero desde una posición centrista entre Horkheimer y Marcuse. Considera que tanto la ontología como el positivismo son dogmáticos. Se cae en un subjetivismo idealista, ignorante de la realidad, de la apropiación del objeto por parte del sujeto.
Adorno propondrá la dialéctica negativa. El hombre, al tratar de dominar el medio, se reifica y se aliena. El progreso le ha conducido a la esclavitud en nombre de la tecnología o de una doctrina dogmática. Por eso hay que criticar a fondo toda filosofía y utopía. La verdadera utopía es una sociedad no represiva en la cual ya no es necesario disertar sobre la utopía.
Para la dialéctica negativa sólo cuenta el movimiento incesante del pensamiento al que no puede satisfacer ninguna alternativa. La tesis-antítesis-síntesis de Hegel queda abierta, no es un sistema clausurado. Por eso la representación de dicha dialéctica sólo es posible a través del arte, pues impide categorizar o decir nada propiamente sobre la realidad. La negatividad dialéctica rechaza toda identificación, toda predicación; sólo así se consigue la liberación.
No es de extrañar que Adorno fuera un gran musicólogo y se dedicara a la música, como una de las ramas más excelsas del arte y la estética. Otro gran pensador que impregnó su vida con las consecuencias de su pensar.

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