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| Hannah Arendt. |
¡Poder! ¡Poder! ¡Poder! Fue la gran obsesión de esta mujer intelectual, judía-alemana, discípula y admiradora de Heidegger y Husserl, que vio cómo la ascensión nazi quebró el alma del mundo y la suya propia. ¿Por qué el poder se torna malévolo y acaba con la dignidad humana?
Hannah distingue dos tipos de poder: el instrumental o violento que, mediante la fuerza, dispone de los medios coaccionantes de la voluntad de los individuos. A diferencia del poder entendido como capacidad de ponerse de acuerdo sobre una acción en común. El poder es una potencia que se actualiza en acciones.
La acción tiene un modelo comunicativo, que es el acuerdo entre todos para llevar a cabo esa actuación. No se trata, como dirá Hannah, de instrumentalizar la voluntad ajena para los propios fines, sino de formar una voluntad común en una comunicación orientada al entendimiento.
El consenso democrático entre todos los individuos se ha de basar en la pretensión de validez racional. Sólo así la convicción es auténtica. El grupo busca el entendimiento como fin en sí mismo.
Una vez formado el poder en la acción comunicativa, este mismo poder es el que mantiene la práctica de comunicación. Las instituciones establecidas para este fin son las encargadas de proteger la libertad política. También este poder se halla en los actos revolucionarios y en la resistencia contra las fuerzas que amenazan la libertad.
Hannah profundiza en la forma de la intersubjetividad en que surge este poder. Para ella se trata de una antropología de la acción lingüística. En el habla se da la praxis que reproduce culturalmente la vida.
El mundo de la vida es el espacio en el que los sujetos se presentan, en el que salen al encuentro los unos a los otros. Todos son vistos y oídos. La interacción entre ellos coordina la diversidad de perspectivas de percepción y de acción. Cada uno ocupa una posición distinta en esta dimensión espacial. El espacio queda así determinado por la pluralidad humana.
La dimensión temporal, en cambio, viene marcada por el hecho de la natalidad humana. El nacimiento de cada individuo significa la posibilidad de un nuevo comienzo. Tomar la iniciativa de actuación y hacer algo no visto antes.
En el espacio social y en el tiempo histórico la identidad de los individuos y grupos tiene que estar asegurada por el mundo de la vida. Esta es su tarea. Los individuos no son intercambiables y se manifiestan en su subjetividad. Se reconocen mutuamente como responsables de sus actos, y capaces de entendimiento intersubjetivo.
La inmanencia de una pretensión racional en el habla es la que funda la igualdad radical entre los individuos. Los asuntos humanos y las tramas que desarrollan son la ocupación del mundo de la vida. Son las historias de la gente en su hacer y padecer.
Hannah, con esta praxis comunicativa busca las condiciones de una existencia digna del hombre. Este es el leitmotiv de su vida y pensamiento marcados por el estropicio del nazismo. Opone la intersubjetividad íntegra a la coacción violenta más deshumanizadora. El amor del prójimo a la banalidad del mal.

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