divendres, 13 de desembre del 2013

El brujo Gadamer.


Gadamer.
El brujo Gadamer rendía culto al dios Hermes. Era una divinidad astuta y a la que le encantaba jugar. Su juego se llama interpretación. Lo interpretaba todo: la historia, los textos, el pensamiento, el lenguaje. Hermes enseñaba a Gadamer a comprender interpretando. Le decía que hay que penetrar las expresiones simbólicas mediante la exégesis.

El brujo Gadamer tuvo que estudiar bastante para hacer un examen de las condiciones en las que tiene lugar la comprensión. Hermes lo aprobó y le confirió el título de hermeneuta. Gadamer, con su varita mágica, extendió universalmente la hermenéutica.

Gadamer considera que la hermenéutica abarca todo lo racional, pues la comprensión es necesaria tanto para conocer el mundo como para orientarse en él. Constituimos lingüísticamente nuestro mundo de la vida, porque es lo propiamente humano.

Comprendemos estructuras de sentido, que son los significados ya inscritos en la comunidad de cultura. Interpretamos aquello que contiene el distanciamiento necesario con respecto a la cotidianidad: una voz que emitió en su día y que ahora nos alcanza con su sentido (sea una voz de la historia, de un texto, de un dicho, de un pensamiento). Este alcanzar es desplegar su mundo ante el oyente o lector. Es un despliegue transformador, pues el hombre será alcanzado en sus múltiples dimensiones: cosmológicas, histórico-mundiales, antropológicas, éticas y de personalidad.

Para que esto suceda, primero hay que desmontar los prejuicios que impidan dejar ser a este mundo desplegado. Y como Hermes, jugar; pues el juego libera posibilidades nuevas que la seriedad mantenía prisioneras. Se abren metamorfosis.

La capacidad de dejarse atrapar por nuevas posibilidades, es la imaginación. Será la que forme en la persona el ser nuevo, proponiéndole figuraciones para su liberación.

Hans-Georg Gadamer, discípulo de Heidegger, aunque no siga como éste las investigaciones del sentido del ser, sino que se decanta por la exploración hermenéutica del ser histórico (tal como se manifiesta en la tradición del lenguaje). Elabora la hermenéutica filosófica encaminada a revelar el acontecer de la verdad y el método que debe seguirse para desvelar este acontecer.

En las ciencias del espíritu encuentra hilos para rechazar tanto el subjetivismo como el objetivismo racionalista y positivista. Otro hilo conductor que sigue es la idea de juego, en la que recoge motivos de Heidegger, Dilthey y la fenomenología.

Trata la realidad histórica y lingüística en que vive el hombre como ser que se halla en una tradición, y que se apropia de ella mediante un movimiento hermenéutico. Hermenéutica es un acontecer histórico y de la tradición (la tradición es el motivo para su superación histórica). Sólo porque hay una tradición histórica pueden abrirse caminos nuevos.

Gadamer define los lugares del acontecer hermenéutico: la apropiación y el rechazo, la confianza y la extrañeza, la pregunta y la respuesta, que constituyen el diálogo, el ser del hombre como ser dialogante. Su horizonte, la finitud.

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