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| Sin palabras. |
Hay diferentes clases de amor. Existe el amor por necesidad, el amor racional, el amor por convicción, el amor visceral, el amor fragmentado, el amor absoluto, el amor olvidado, el amor abstracto, el amor sólido, el amor pasajero, el amor estratosférico y el amor racional. Cada persona ama siguiendo un tipo de amor diferente. La elección depende de las características personales, del inconsciente del individuo, de cómo nos relacionamos los unos con los otros, de las necesidades sociales, de las aspiraciones y, sobre todo, de la familia; del exceso de familia.
El padre y la madre siguen imperando en la elección del amor. Sea por rebote o por darles gusto, consciente o inconscientemente, los padres marcan el amor de tu vida. Si eliges un amor terrenal, con los pies pisando fuerte, probablemente has tenido una relación parental bastante coherente. Si eliges un amor estratosférico, algo ha fallado en esa relación que hace que mires más allá de las nubes. Si eliges un amor pasajero, tu familia ha sido un bluf. Si es sólido, el hogar ha sido una roca. Si es abstracto, significa que los miembros familiares se han movido en un mundo de ideas. Si es olvidado, el mismo sentimiento de olvido produce tu familia.
Un amor absoluto, indica una tendencia familiar dictatorial. Uno fragmentado, que sólo han tenido en cuenta una faceta de tu persona. El amor visceral, es el de la supervivencia familiar. El de convicción, indica una familia demasiado política. El racional, el de sentido común catalán. Y, por último, el de necesidad, quizá, por ausencia familiar. Paradójicamente, el de necesidad puede parecer el más libre. No hay padre, no hay madre; por tanto, no hay marcaje. Pero es la ausencia la que deja huella y, como contrapartida, la persona busca un anclaje.
Es un amor fundamental, de presencia necesaria. No vale decir: estoy, pero no estoy. No vale decir: me gustas, pero no entiendo nada. No vale decir: comprendo tu actuar, pero no lo comparto. No vale decir: te sigo, pero no estoy contigo. Es el amor más exigente, pues no es virtual. Es el de cada día, el casero, el de bata y mocho. Se suele confundir con lo que denominan ahora “dependencia emocional”. Si exiges la presencia del otro, te llaman dependiente. La concepción individualista está tan sobrevalorada, que si cada miembro de la pareja no hace su vida aparte, es mal visto.
¿La pareja enamorada es dependiente? Totalmente, es más, con carácter exclusivo. Si no hay exclusividad, no hay amor; o éste se ha diluido de tal forma que ha transmutado en otra realidad. A veces, no sabemos ya qué realidad pisamos, pues se cruzan varias en un mismo instante: el amor, el desamor, la amistad, la compañía y la soledad.

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