dissabte, 5 d’octubre del 2013

Relato fantasioso.


Poliandria.
El problema sentimental que podría tener Hera, en tanto mujer casada, no es el encuentro con Adonis, el bello amante joven, que tantas vicisitudes ha ocasionado a las heroínas de novelas, como Madame Bovary o Anna Karenina. Hera, con su firmeza, podría con ello. Tampoco sería tan grave que Zeus, su marido, le diera el salto de vez en cuando. Ya está acostumbrada a ello, y lo vuelve a traer al redil siempre como un corderito.

El verdadero problema de Hera sería que el amor apareciera en su vida al estilo de Avon llama a tu puerta. ¿Qué haría con él? ¿Darle un portazo como Meryl Streep en “Los puentes de Madison”, o Ingrid Bergman en “Casablanca”? En los tiempos actuales ya no se hacen tantos sacrificios como antaño por mor a la causa. La mujer, hoy en día, ya no renuncia tan fácil o costosamente, según se vea, al amor. Hera lo ve claro, y como no es Afrodita, ni Atenea, ni tampoco una bruja poderosa, y ama también a Zeus, decide plantearle, ni más ni menos, tener dos maridos.

Ante la propuesta, Zeus echa chispas y lanza truenos, amenaza con abandonar a Hera en una isla desierta y largarse con Afrodita. La monserga, después, con un largo discurso sobre la superioridad de la monogamia y el bestialismo que supone lo polígamo. En definitiva, la fulmina. 

Hera, con su paciencia, espera a que pase la ira de Zeus. Le argumenta, entonces, la previsibilidad de Afrodita para afrontar una vida conjunta. Si se va con Afrodita ya sabe lo que le espera. Con Hera, en cambio, todo es complicación y nada está dado de antemano. La vida se convierte en aventura.

Más tarde le razona que la poliandria es una ayuda para la mujer. Tener dos maridos que la sirvan y le ayuden con la crianza de los hijos, es una gran ventaja para la supervivencia de la prole. Después de todo, ya hay antecedentes en pueblos del Nepal, donde impera el matriarcado. Etológicamente, también en los monos titís dos machos ayudan a la hembra con sus crías. En fin, que no es tan malo.

Zeus, perplejo, toma en consideración lo dicho por Hera. Sabe que con Afrodita se acabaría aburriendo, en cambio, con Hera, el morbo está asegurado. Así que accede a su petición, pero antes, se guarda las espaldas consultando con la Musa, quien le inspira que sea sólo él quien escoja al segundo marido.

De esta manera, Hera acaba con el gozo en un pozo. Zeus jamás escogió al amor, sino al pretendiente que menos le gustaba a ella, para acabar, así, con sus pretensiones poliándricas. Hera se despidió del amor finalmente, y siguió pensando que en toda circunstancia el destino de la mujer sigue siendo siempre trágico.



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