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| Merlín y su amada. |
Hubo una batalla en el s.VI, en la frontera anglo-escocesa, que enfrentó a diversos pueblos bretones. Uno de los caballeros participantes enloqueció, y se retiró a los bosques, donde vivió a partir de entonces. Cuentan que desarrolló dotes proféticas que hicieron poner en ridículo a los druidas. Fue un gran conocedor de brujerías, construcciones maravillosas, y emplazamientos remotos con fines terapéuticos. Adquirió infinitos saberes materiales y espirituales. También oscuros poderes, practicando alquimia y ritos mágicos.
El origen de Merlín fue la locura. Desde antaño se consideraba que la locura era infligida por poderes sobrenaturales. Luego, fue denunciada como irracional y supuesto naufragio del alma. Se buscaron remedios, en especial los monjes medievales, que escribieron numerosos tratados herbolarios y manuales médicos. Acogieron a los poseídos de locura en los monasterios y los cuidaban. En la Ilustración, se identificó el delirio con la falta de educación. Se consideraba que los locos tienen proposiciones falsas que hay que corregir. Pero se seguía ignorando las conexiones entre el cuerpo y el alma.
Todas las sociedades quieren marcar lo diferente como lo desviado y peligroso. A los locos se los exponía en exhibición como si de un zoológico humano se tratara. Aunque también hubo una corriente histórica que identificó el genio con la locura. Véase el “Elogio de la locura” de Erasmo de Rotterdam, o el ideal del delirio del Romanticismo. También la vanguardia de “fin du siècle” consideró que la genialidad provenía de la locura. Hasta Freud llegó a decir que el arte es hijo de la neurosis. Es el trastorno creador.
Surgieron clínicas de nervios, sanatorios, y heroínas trastornadas que se pusieron de moda, como Ofelia o la maníaca de Jane Eyre. Aunque para la familia burguesa seguía siendo vergonzoso tener un loco en la familia. Se los encerraba en asilos. Antiguamente en sótanos o porquerizas. A partir del reinado de Luis XIV se empezaron a encerrar en hospitales a todos los individuos problemáticos como medida cautelar (indigentes, bandoleros, prostitutas, desquiciados). Correccionales y hospicios empezaron a proliferar por toda Europa. La institución redujo la locura a ausencia de humanidad. A los locos se les negaba la razón y los derechos legales.
La psiquiatría fue la práctica que se desarrolló para manejar a los enfermos internos. La experiencia y la innovación constituirán el tratamiento. La psique delirante se someterá mediante ingenio. Con amabilidad, suavidad, razón y trato humanitario se llega a restaurar el autocontrol. Atrás quedó la custodia, los fármacos y la sujeción física que imperaban hasta ahora. La labor de la psiquiatría será reanimar la razón o conciencia. Con Freud quedó claro que el ser humano no es dueño de su propia casa. Ya no se trata de falta de educación como sostenía la Ilustración.
El avance del psicoanálisis y el descubrimiento de las infecciones bacterianas en la patología del cerebro fueron claves. La penicilina se introdujo en el 1940. En 1949, el litio (primer fármaco psicotrópico). Luego, compuestos antipsicóticos y antidepresivos, que permitieron a muchos pacientes abandonar el hospital psiquiátrico. El Valium, en la década de los 60 o el Prozac, en los 80. Nace la terapia cognitiva y la psicología clínica (sesiones grupales, terapia familiar, adopción de roles, modificación del comportamiento…etc).
La pregunta que el viento se llevó sería entonces: ¿Y si todos nos volvemos normales, dónde quedarán esas facultades maravillosas de Merlín? Mi brujo amado, por favor, no te vayas.

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