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| Cosmos. |
El ser-fuera-de-sí provoca la apariencia de la independencia de las cosas singulares. Produce el olvido del protofundamento de las mismas: el ser que las recorre y atraviesa a todas. El hombre ha sido el único capaz de romper este olvido gracias a su ser para sí (el poder que lo impulsa y lo constituye como persona).
El ser-para-sí es una de las maneras que el mundo deja ser al ente. Es la autoafirmación del yo que dice que no solamente está allí, que no solo se presenta, sino que además se relaciona consigo mismo, con los demás, con el mundo, con el tiempo. Es la autonomía de la libertad que se defiende frente al dominio ajeno a ella del instinto. Es el hombre que vive dándose forma a sí mismo, realizándose, llevando a cabo como tarea su propio ser (a través de la decisión y de la acción). Es mucho más que permanecer en sí, que sostenerse y no dejarse sumergir en el torrente del fluir.
Lo que se sostiene y permanece a través de los cambios es la sustancia, el ser-en-sí. Es el ser que alberga la cosa y que hace que sea. Se manifiesta fuera de sí, presentándose ante las demás. Pero sin esperar nada a cambio. Se abre como una flor para luego marchitarse. Se ofrece como un regalo, sin más. No hay conciencia, ni tampoco relación. Es solo un destello de algo más profundo. La punta del iceberg oculto que únicamente el hombre aventurero puede vislumbrar.
La caza de ese protofundamento ha venido dada por la filosofía. Y la filosofía, por Grecia. Un cúmulo de puertos marítimos en busca de relación con otras civilizaciones. Una mezcla de culturas que hace surgir el espíritu crítico suficiente para manifestarse la razón, el logos que abre lo oculto. Con la razón el hombre descubre la ligazón de las cosas, el sentido de las mismas. Al descubrir el sentido, el hombre genera entes de razón (la contextura racional interna a las cosas). Así el mundo físico se convierte en cosmos y el caos irracional deja de existir.
No obstante, la estructura inteligible del mundo supone un fundamento primitivo real dotado de inteligencia. El hombre puede abrirlo porque, como microcosmo, refleja el macrocosmo. Puede abarcarlo todo, pero al estar limitado en la espacialidad y la temporalidad corporales, el instrumento de su conquista ha de ser el pensamiento conceptual que parte de la intuición sensible.
Mediante este pensamiento conceptual alcanza las propiedades esenciales del ser o los trascendentales que caracterizan al ente: la unidad, la verdad, la bondad y la belleza. También alcanza las leyes del ser: principio de contradicción, de razón suficiente, de causalidad y de finalidad. La diferenciación del ente en las categorías: la dualidad substancia-accidente…

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