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| Vagabundo. |
Hay diferentes tipos de vagabundeo, pero una única línea que los define: la de la libre elección. Puede parecer paradójico afirmarlo, pues se podría decir que si bien hay vagabundos voluntarios, los hay, sin duda, también involuntarios. Sucede que esta forzosidad circunstancial es aparente, pues, parte de una voluntad decidida a llevar hasta el extremo las circunstancias que definen a un individuo.
No se trata de juzgar al individuo en cuestión, ni mucho menos de tacharlo como culpable de su situación. Es, simplemente, un individuo que, consciente o inconscientemente, fuerza las circunstancias de su vida. Éstas, consecuentemente, acaban rebotándose, y le devuelven la jugada. La devolución consiste en ponerlo fuera de sí, o dicho literalmente, de patitas en la calle.
Dentro de la voluntariedad, existe el que es voluntarioso y el que no. El vagabundo voluntarioso es aquél cínico que persiste en su situación como modo de un decir verdadero. Expresa que él es así de una manera auténtica, sin hipocresías. Hace público su ser y no se guarda ni un resquicio de intimidad. Defeca, orina, se alimenta y duerme en la calle. Reside en un escenario perpetuo. Es un actor verdadero, sin aplausos. Lo único que obtiene son vejaciones, humillaciones, soledad y dependencia vulnerable de los demás. No obstante, persiste en su ser. Porque no se ha forjado con ningún ideal noble. Toma de la vida lo que hay, sin más.
El vagabundo que no es voluntarioso se engaña a sí mismo afirmando que su situación es momentánea. Es producto de un desahucio, un despido, una fractura familiar, una recaída en la droga o en el juego. Lo que no quiere saber, es que eso que considera momentáneo, en el fondo es esencial a sí mismo. He recaído porque yo soy el juego, yo soy la fractura, yo soy la droga. Soy el ser al que nadie ni nada puede poner límites. La hybris desmesurada incapaz de construir un cosmos regulado de convivencia.
El vagabundo es, pues, el que orbita fuera de la sociedad. Sin embargo, su decir verdadero es el núcleo de la misma. Es un decir que la sociedad vela con opiniones y convenciones. Quien vagabundea demuestra la resistencia a las mismas. Busca sistemáticamente el deshonor, como la práctica de algunos hindúes, o la humillación del cristianismo primitivo. Desvela como el filósofo hace con el Ser, pero más que el filósofo, porque el vagabundo utiliza su propia carne. Se descarna para señalar la falsedad de los que creen saber y organizan su vida en torno a meras opiniones. El vagabundo es el auténtico héroe del coraje de la verdad.

Tal vez tengas razón, demasiado cruel para ser una verdad generalizada. Ciertamente el humano se adapta a todo y el mendigo por insensible que nos parezca todo comentario, nos enseña sus cicatrices como un mártir de guerra en una sociedad que ni se adapta a ella, ni lo quiere.
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