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| Topografía del Hades. |
Una de las principales hazañas míticas es conseguir que los muertos no se pierdan. Para ello, se recurre a la fuente de la memoria y del olvido, y a las pruebas de la pureza del alma. Se les recuerda a los muertos la topografía del Hades, dibujándola en sus tumbas. Y se les coloca los diferentes objetos que necesitan para superar estas pruebas. Entre ellos “El libro de los muertos”.
Nos hallamos dentro de una esfera muy emotiva y de una voluntad poderosa. El mito es participativo, es acción pura. El creador de mitos primitivo se hallaba más cerca de la realidad de lo que lo está el filósofo que utiliza el mito como segundo recurso. El mito no es intelectual, la imagen no representa el objeto, sino que es el mismo objeto. La mente mítica no contempla, es participativa: capta el sentido dinámico de la vida. En cambio, el pensamiento intelectual, el estático: buscar esencias, esencializar algo es paralizar ese trozo o fragmento de vida. Es hallar lo permanente.
El mito evoca el momento en que fueron creados los objetos. Quiere, con ello, otorgar todos los derechos a determinado objeto o costumbre y fijarlo en la tradición. Como evoca el origen, las imágenes serán cambiantes y fantásticas para interpelar a la mente impresionable y creativa del hombre. En el origen se perciben las oposiciones de la naturaleza (luz-oscuridad, vida-muerte) y el mito es la línea que conduce hasta su resolución. Proporciona un modelo para superar la contradicción. Las aventuras que se narran son mediaciones imposibles entre las oposiciones.
Los mitos son espejos mágicos donde contemplamos el reflejo de los pueblos primitivos que nos precedieron: cómo resolvieron ellos las contradicciones en las que se vieron envueltos. Los mitos cimentaban las estructuras mentales sobre las que los antiguos construían su concepto sobre la vida y la muerte. Se trata de un lenguaje universal, pues los pueblos de todos los continentes tienden a desarrollar las mismas situaciones y a plantear los mismos conflictos.
En este caso se plantea el conflicto de la muerte y lo extraordinario que representa para la mentalidad antigua. El camino del difunto se pierde en un caos irresoluble, y sólo desde la vida se le puede proporcionar un hilo de Ariadna que le conduzca hasta la luz. Actualmente, se daría el camino inverso, como nuestra única preocupación consiste en resolver el dilema de la vida, pues el de la muerte ya ha salido de nuestra perspectiva emocional, pediríamos al más allá una buena topografía que nos condujera por este mundo.

Me gusta, te leo y discurro
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