diumenge, 5 d’abril del 2015

La razón de las cosas.


Caracola.
Las cosas nos dan su razón y el hombre forja el propio modo de ser en torno a ellas. La cortesía del filósofo reside entonces en ofrecer claridad racional al respecto. Para ello, el sophós utiliza conceptos, los cuales no pretenden sustituir a las impresiones vivientes de la realidad; sino que acceden a perceptuar la profundidad, el orden, y la conexión de las realidades.

Tanto el sujeto como el objeto poseen sus respectivas perspectivas. Ambos son espejos que desde un lugar determinado reflejan la realidad. Cada vida (planta, animal o piedra) es un punto de vista sobre el universo.

El sujeto es sub-jectum, yacente, que está por debajo de otra realidad. Se configura gracias a la razón que las cosas le ofrecen.

Los objetos son individuaciones de la materia indeterminada. Dicha indeterminación tiene por ello vocación de forma. Cada materia está determinada por un tipo de forma. En aquélla encontramos la semejanza de una intención y de una acción.

A pesar de lo humano que le concedamos, la materia nos manifiesta todo lo inhumano necesario para desconcertarnos. Nos intriga su formación. Hace que arrastremos la mirada a una especie de vértigo regulado. Estamos ante una cosa que me inmoviliza y que me interroga. Lo que crea en nosotros carece de nombre.

¿Qué signos constituyen el hacer de un objeto? La cosa muestra una dependencia, una especie de orden de todas sus partes y aspectos. Con tan sólo una mirada se prevé una sucesión de formas. Dicha sucesión es una acción no humana: cuando no se puede hacer más que una cosa y de una sola manera como si se hiciera por sí misma.

La acción humana, en cambio, juega con una posibilidad de libertades. Para cincelar un objeto análogo el hombre busca una sustancia que posea condiciones suficientes pero no necesarias para modelar la forma del objeto. Los actos del sujeto, además, varían según la materia empleada con el fin de conseguir la misma figura deseada. ”Cuento con varios caminos para llegar de mi idea a su efigie mediante la materia”. El hombre no hace el objeto, sino que sustituye ciertos atributos por otros, cierta relación por cierta diversidad de poderes y de propiedades.

En el objeto no se capta la utilidad; la cosa no procede de una necesidad, sino de una actividad orgánica profunda. No tiene libertades, sólo sabe de su elección, con la cual se confunde su existencia misma. Su obra es una fantasía que se repite indefinidamente. La idea de lo útil carece de sentido fuera del hombre.

La obra humana desearía la certeza en la ejecución, la necesidad de origen interior, y la relación recíproca de la figura con la materia en la cosa. Pero no se adecua. Sólo nos queda verbalizar la naturaleza de la visión del objeto.



1 comentari:

  1. Oye que si, que me he enterado, que un objeto o cosa, no es tal cosa, si la cosa o el objeto no la moldea el hombre, sin saber para que demonios creo tal cosa. No es que esté de guasa, simplemente que al leerte me sorprendo tanto de tu jerga, que debo sonreír para evitar comprenderte, -digo entenderte- Otra vez que paso...

    ResponElimina