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| Cañamazo. |
En la filosofía moderna aparecen nuevas ideas que bordan una manera diferente de aprehender el mundo. Cada época tiene su propio cañamazo o estructura con la que captar la realidad concreta, y en la Modernidad el tejido se desarrolla en torno a las ideas de espacio, tiempo, ser y conciencia.
Como la luz se expande y produce el espacio, así el “dónde” se constituye en el gran piélago de la divinidad inmensamente presente en el mundo. La idea del espacio como receptáculo es totalmente novedosa y surge a partir del s.XVI y gracias al cristianismo: ese Dios que está en los cielos, presente en todos los espacios, en todas las cosas sin estar circunscrito a ninguna. Un inmenso océano que convierte al espacio en absoluto.
La divinidad cristiana despertó la concepción del espacio constante y del tiempo fluente como independiente de las cosas. El lugar y el tiempo ya no son accidentes de los cuerpos como aseguraban Aristóteles y la escolástica medieval; no penden de ellos. Espacio y tiempo son una entidad que no es sustancia ni accidente. Con Newton el espacio se vuelve absoluto, no tiene relación alguna con algo externo a sí mismo: es igual a sí y sin movimiento. El espacio relativo será la medida de este absoluto por medio de los cuerpos que se mueven en él.
No se trata de saber si las cosas están en un lugar, sino de saber qué punto ocupan en el espacio. Un cuerpo abandonado a sí mismo, en inercia, sigue las líneas del espacio en que está colocado; porque el espacio no sólo recibe a los cuerpos, sino que les imprime su propia estructura. Y aunque las fuerzas les dotasen de carácter dinámico, éste no influiría en la estructura del espacio. ¡Concepción opuesta de la actual de Einstein en que los cuerpos sí afectan al espacio: se curva con ellos!
Con el tiempo acontece lo mismo: el Dios eterno cristiano, presente en todos los tiempos de la creación, despliega la duración como tiempo indefinido, como el plazo en el que se desarrolla el ser de las cosas. El tiempo se convierte así en una línea temporal en la cual se van inscribiendo todos los acontecimientos que en el mundo acaecen. Estamos en el tiempo absoluto, que también con Einstein recibirá el varapalo de que sí es afectado por las propiedades de las cosas, de que no es independiente de ellas, así como tampoco lo es del espacio.
Si seguimos con la concepción cristiana, las cosas “son” creadas por Dios desde la nada. La cosa participa de la naturaleza del ser. El ser se presenta como un enorme piélago y las cosas como contracciones suyas. La Modernidad sustantiviza este ser.
Finalmente, hallamos la conciencia como imagen y semejanza del hombre con respecto a Dios, como el lugar natural donde se aprehende y se constituye el ser de cuanto es. El hombre se enfrenta con el resto de las cosas y en esa idea que tiene sobre las mismas con-sabe su propia realidad. Tiene ciencia y con-ciencia: la presencia inmediata de las cosas ante quien tiene un logos (razón).
La sustantivización de estos cuatro conceptos se sistematiza unitariamente en la Modernidad. Forma su cañamazo.

Lo dejo, tal vez mañana esté más lúcido. Lo que me pregunto es: Si Einstein está en desacuerdo, siendo el físico más en boga, por qué no escribir y describir sus teorías acertadas y aquellas pendientes. Mañana te seguiré leyendo con mucho cariño, amiga
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