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| Abraham. |
Cuando hablamos del poder de lo real como lo último, lo posibilitante, lo impelente; en realidad, mencionamos a Dios como fundamento.
Al hombre le gustaría desentenderse de la ultimidad, pero no puede; porque el hombre es esencia abierta, abierta a su propio carácter de realidad. El hombre no es piedra, no cae sin comportarse respecto de la realidad de su caída.
El hombre está religado radicalmente a lo que es la fundamentalidad de su vida, a lo que es último, posibilitante e impelente. La apertura de su esencia le conduce a ello. Es una marcha desde la posibilidad del poder de lo real hasta su fundamento.
El fundamento, el fondo en el que se presenta la trascendencia varía de modo, porque las esencias cerradas se escinden metafísicamente de las esencias abiertas. El modo de presencia en el fondo de una persona, es también personal.
Aunque no se trata de una presencia inmediata, sino manifestativa: es revelatio. Se manifiesta en noticia. El hombre se encuentra lanzado hacia sin saber qué. Dios palpita en el fondo del hombre.
¿Qué clase de poder es lo último? Poder del tiempo, poder de separación de formas, poder de germinación de la realidad, poder de organización de la vida, poder del futuro, poder que lo lleva todo y abarca todos los tiempos, poder sobre la vida y la muerte, y poder que se llama destino.
Las formas que separa el poder proceden de cierta indiferenciación, como el agua, en la cual están como confundidas las cosas. De ahí que se divinicen las aguas, que aparezcan ríos sagrados.
Pero las formas no solo se separan, sino que también se engendran las unas de las otras. Es el poder de germinación. Y el de organización de los seres vivos en cierta genealogía, que simboliza el culto al árbol.
El poder del tiempo indefinido que en las sociedades sedentarias se manifiesta cíclico, y en las nómadas, bajo un cielo firme, el firmamento que cuaja en el pastoreo. El cielo de Abraham, su Dios.
Para el pastor la divinidad es algo que está en el cielo, dirige sus pasos por la estepa. Es un Dios amigo y protector de la tribu, la fuente de las posibilidades últimas y radicales de su vida y existencia.
Cuando las tribus van errantes los dioses los acompañan, cuando descansan, en esos lugares los dioses se manifiestan. Se convierten en santuarios. El monoteísmo comienza con la revelación a un pastor: Abraham. “Vete tú de aquí”-le dice Dios. Es un único Dios, solitario, no tiene panteón. Es suyo, de Abraham, y está solo. Constituye con él una alianza, y se genera un culto, una comida en común de los hombres con los dioses. Dios concederá a Abraham descendencia y tierra.

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