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| Variabilidad humana. |
Después de ver la fijeza de la cosa, nos encontramos con su opuesto: la variabilidad del sujeto. El sujeto, el yo, constituye un círculo de autorrelación que se da en una experiencia originaria. Desde que nacemos sabemos de nosotros mismos y tenemos una continuidad en el saber de sí. Ello supone una unidad de actos y de pensamientos, además de un saber que nos acompaña.
El hombre es un ser extraído desde el fondo de sí mismo e instalado en un terreno en el que puede conformar libremente su existencia. A partir del saber de sí se pone en marcha el proceso de autocontinuación y de autodescripción. El sujeto se pregunta cuál es su estatus entre todo lo que es. La autodescripción le dará fuerza motivadora para actuar de un modo diferente a los modos alternativos con los que siempre se ve confrontado.
Es un saber que opera a nivel de cimientos. En el día a día se entretejen los intereses del mantenimiento como persona. Estos intereses se producen en la interpretación de las relaciones de amistad y de amor. Así se configura la identidad del yo, a quien se le exige una autonomía con respecto al mundo y a los otros.
El pensamiento y el agradecimiento surgirán en la relación del sujeto con el mundo en el que se encuentra en tanto sabe de sí. La subjetividad se autointerpreta mediante pensamientos con significado vital, que se van variando cuando los conflictos fundamentales de la vida son resueltos.
Las autointerpretaciones son ficciones, máscaras del sujeto que le constituyen como persona (el significado original de persona es máscara). Lo ficticio es una dimensión autónoma de la vida, es una no-identidad con la propia naturaleza. Representa salirse del círculo funcional del bios para realizar la singularidad en roles. La persona tiene su ser en una apariencia que trata de alcanzar.
En el arte la apariencia se pone como apariencia: substrae la construcción del mundo al control de la realidad. Proyecta mundos posibles, entre los que el real es uno más que se vuelve asimismo extraño. El arte enseña a ver lo evidente como extraño, muestra lo que las personas son. Hölderlin lo expresa así: “Poéticamente habita el hombre la tierra”.
La relación del hombre con el mundo está mediada simbólicamente. Vivimos en un mundo interpretado y lo seguimos interpretando continuamente. Esto nos permite disponer de libertad frente a las cosas, las cuales son lo que son sin nosotros. El mundo subjetivo simbólico de las artes imaginativas encubre y manifiesta la realidad. La realidad para nosotros siempre se halla bajo una luz cromática que la ilumina desde una u otra perspectiva, o bien se halla en la oscuridad permaneciendo oculta.
Ser persona es no ser irrevocablemente lo que es.

Vale, para ti la perra gorda y para mi los diez céntimos. ¡Que si me estrujan no sacan ni gota!
ResponElimina-Y digo yo, que aunque poco ilustrado entender entiendo.
De este relato paso, que al paso que leo, voy tan paso al paso, que si me paso, me pierdo